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Por Rafael M. Martos
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martes 17 de marzo de 2026, 06:00h
Actualizado el: 17 de marzo de 2026, 06:29h
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La política, ese noble arte de decir una cosa y la contraria en el mismo párrafo sin que se te mueva un solo pelo del engominado, ha alcanzado esta semana en el Parlamento de Andalucía cotas que ni el mismísimo Manuel Fraga en las playas de Palomares habría soñado. Resulta que el parlamentario almeriense del PSOE, José Luis Sánchez Teruel, ha decidido que el mejor activo turístico de la provincia de Almería y del resto del Estado no son nuestras playas, ni el Cabo de Gata, ni siquiera ese sol que nos castiga con cariño. No. Según Sánchez Teruel, nuestro mejor eslogan es el "No a la guerra".

Parece que el legendario Spain is different de los años sesenta ha mutado en algo mucho más espiritual y comprometido. Ya no vendemos sol y sangría; ahora vendemos pacifismo de salón. Sostiene el parlamentario que la actitud de Pedro Sánchez frente a conflictos internacionales —mencionando el ataque unilateral de Trump a Irán con sus peregrinas excusas— actúa como un imán para los turistas. Según esta tesis, el visitante no viene buscando el frescor del Mediterráneo, sino que aterriza en el aeropuerto de Almería movido por una profunda admiración hacia la política exterior de España. Imaginen: hordas de británicos y alemanes cancelando sus vuelos a la Costa Azul porque prefieren ver de cerca la tierra que parió el "Manual de Resistencia".

Sin embargo, en este guion de realismo mágico parlamentario, José Luis Sánchez Teruel nos regaló un giro de guion digno de Christopher Nolan. En la misma Comisión de Turismo, mientras elevaba el "No a la guerra" al Olimpo del marketing internacional, le exigía con vehemencia al Consejero de Turismo de la Junta de Andalucía, Arturo Bernal Bergua, un "plan alternativo" ante la crisis turística que —adivinen— la propia guerra está provocando.

Es fascinante. Por la mañana, el pacifismo de Pedro Sánchez es la mejor campaña de promoción que el Estado ha tenido jamás, una especie de bálsamo de Fierabrás que atrae visitantes por la pura ética del líder. Por la tarde, la situación bélica es tan crítica que Andalucía debe sacar los ahorros debajo del colchón para salvar los muebles del sector. Estamos, por tanto, ante el "Slogan de Schrödinger": la guerra es, simultáneamente, nuestro mejor reclamo publicitario y nuestra mayor ruina económica.

Uno se pregunta si José Luis Sánchez Teruel, con esa veteranía que le precede en los escaños, se cree de verdad que un turista en Düsseldorf elige Aguadulce porque el Presidente del Gobierno del Estado ha dado un discurso en la ONU. Quizás el parlamentario confunde la diplomacia con el turoperador TUI. Mientras tanto, en Almería seguimos esperando que ese "atractivo ético" se traduzca en algo tan mundano y poco espiritual como que el AVE llegue antes de que el sol se convierta en una gigante roja o que las conexiones aéreas de la provincia dejen de ser un deporte de riesgo para el bolsillo.

Resulta que el Spain is different sigue más vivo que nunca, solo que ahora la diferencia no está en el paisaje, sino en la capacidad de nuestros representantes para sostener una vela a Dios y otra al diablo. Si el "No a la guerra" es lo que llena los hoteles, quizás el próximo paso de la Junta de Andalucía sea sustituir las fotos de la Alcazaba por carteles de Pedro Sánchez con una paloma de la paz. Total, por pedir planes alternativos que no falte.

Rafael M. Martos

Editor de Noticias de Almería y Coordinador de la Delegación en Almeria de 7TV Andalucía

Periodista. Autor de "No les va a gustar", "Palomares en los papeles secretos EEUU", "Bandera de la infamia", "Más allá del cementerio azul", "Covid19: Diario del confinamiento" y "Por Andalucía Libre: La postverdad construida sobre la lucha por la autonomía andaluza". Y también de las novelas "Todo por la patria", "Una bala en el faro" y "El río que mueve Andorra"