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Las primarias las carga el Diablo

martes 19 de junio de 2018, 20:31h

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Que la militancia de un partido debe hacer algo más que pagar las cuotas está claro. Que debe poder participar en el debate ideológico, es algo de lo que no cabe duda. Que debe decidir sobre quienes dirigen la organización, y quienes son los más adecuados para ocupar cargos públicos, resulta a estas alturas incuestionable. La pregunta es cómo hacerlo sin cargarse el partido, si además, no hacerlo puede abocar también a la autodestrucción.

Va esta reflexión inicial para hilar lo sucedido en el PSOE de Almería capital, y lo que está ocurriendo en el PP a nivel estatal.

En Almería existe una división prehistórica en la familia socialista, y con distintos nombres ha ido manteniéndose hasta hoy, parece que seguirá. A esta división las primarias le está sentando como gasolina al fuego.

El PSOE de Almería no sale unas primarias cuando ya está en otras, y sistemáticamente se enfrentan los mismos, pero en tan corto intervalo de tiempo, que lejos de permitir sosegar los ánimos, enfriarlos, y permitir el acercamiento, lo que genera es un sentimiento irreductible de revancha.

Así lo hemos visto aquí. Fernando Martínez le sacó 20 votos a Juan Carlos Pérez Navas, y a lo que se dedicó la Agrupación Local fue a hacer afiliaciones para aumentar esa diferencia con la perspectiva de las primarias para municipales, y así ha sido, como si se tratara de un segunda vuelta de las primarias a la Secretaría General. Y éstas buscaron ser un castigo a Pérez Navas por ser el tercero en discordia entre “susanistas” y “pedristas”.

Añadamos la polémica sobre esas afiliaciones y el olor que desprende el proceso, y obtenemos una pésima imagen del PSOE.

Pero aún hay más, si ahora hemos visto revancha, ésta volverá a reproducirse en las primarias para la lista al Congreso, la del Senado, las autonómicas, las europeas, y luego de nuevo las de internas, a la Secretaría general local, provincial, autonómica, estatal… y vuelta a empezar… De este modo es más que lógico pensar que la herida no se va a cerrar.

Desde el PP han abominado de este sistema, pero al final han tenido que asumirlo… a su manera, pero lo ha hecho, no solo por el modo en que Mariano Rajoy se ha quitado de en medio, sino porque es evidente que la afiliación debe participar en las grandes decisiones de un partido. La cuestión es cómo.

Desde el PP han abominado de este sistema, pero al final han tenido que asumirlo… a su manera, pero lo ha hecho, no solo por el modo en que Mariano Rajoy se ha quitado de en medio, sino porque es evidente que la afiliación debe participar en las grandes decisiones de un partido. La cuestión es cómo.

Es curioso escuchar a los líderes del PP de Almería, ninguno se moja, como si estuvieran esperando instrucciones ¿de quién? ¿de Rafael Hernando? ¿de Juanma Moreno? O quizá es que cada cual se lo está pensando a quién votar, y habrá que estar atentos a ver si hay unanimidad en la provincia, o diversidad de preferencias.

El PP ya está viviendo su propia jaula de grillos, esa de la que abominaba. Por un lado, un joven sin más experiencia que estar donde le han puesto a dedo, pero contento y feliz porque da bien en la televisión; por otro un señor mayor de altísimo nivel intelectual pero que desde luego no da una imagen de renovación tras una vida entera en la política; luego un par de casi desconocidos, y por último, dos mujeres que no pueden ni verse, y que se presentan, básicamente, para que no sea la otra la presidenta.

Sin duda es un resumen muy somero, y sí, malintencionado, pero precisamente esa imagen es de la que el PP siempre ha querido huir. Pero sin duda están a tiempo de no caer en los mismos errores que lo viene haciendo el PSOE, y solo de ellos depende que a los candidatos se les perciba como un joven suficientemente preparado y garantía de renovación generacional, al tiempo que alguien sin pasado que echarle a la cara, o un señor con suficiente ascendencia ética como para mantener las aguas mansas, y dos mujeres que han demostrado capacidad de liderazgo, una ordenando el partido en los peores momentos, y la otra dirigiendo el gobierno cuando su presidente estaba en otras cosas.