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¿Merecen lo que cobran?

domingo 07 de octubre de 2018, 18:24h

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Recuerdo que hace ya bastantes años, hablando con un político sobre su sueldo, me dijo textualmente “yo no estoy aquí para perder dinero”, y claro, no se refería a la “política”, se refería al cargo que tenía en ese momento y por el que iba a cobrar más que por el anterior.

¿Cree que el presidente del Gobierno central o la presidenta de la Junta de Andalucía cobran mucho? ¿y qué opina del caso de los ministros, consejeros, diputados, senadores, parlamentarios, concejales, alcaldes…?

Ya conocemos los sueldos de todos, y es que, aunque parezca inaudito, a estas alturas de la película democrática, hasta ahora no hemos tenido la oportunidad de ver los datos en su conjunto y poder establecer comparaciones. No solo eso, la capacidad de las administraciones para complicar el acceso a esa información es digna de mejor causa. Sí, llevan muchos años siendo datos obligatoriamente públicos, pero el que más y el que menos hace lo imposible para disimularlos en una maraña de papeles para hacer perder la paciencia de cualquiera.

Ahora la pregunta es si cobran mucho o no. Y la respuesta, indiscutiblemente, ha de ser a la gallega: “pues depende”.

Les propongo que antes de opinar, revisen el currículo académico y profesional de político en cuestión, y se hagan la siguiente pregunta: ¿Cuánto le pagaría en el sector privado por sus servicios?

Esa es la clave. ¿Cuánto cree que podría pagarse de nómina a un recién licenciado en Derecho, sin experiencia, en cualquier bufete? ¿Y a un médico en similares circunstancias? ¿Y a un ingeniero agrícola? Sí, seguro que habrá quien destaque la responsabilidad, pero es que nadie dejaría la dirección de un despacho de abogados al pasante, ni pondría como jefe de Cirugía a un novato. Pero en política es distinto, tanto, que un alcalde tiene mucha más responsabilidad que un diputado o un senador, y suele cobrar menos.

No solo eso, es que hay montones de alcaldes y concejales que no cobran nada o casi nada, y lo son en pueblos pequeños, donde están más solos que la una, donde después de su trabajo diario en el sector privado, el que les da de comer, le echan horas y horas al ayuntamiento, donde son ellos los que tienen que concertar por teléfono reuniones a las que acudirán ausentándose de su puesto laboral, los que tienen que estar para cualquier problema día y noche, tienen no solo que firmar, también rellenar documentación, ir con su coche a todo… mientras otros tienen secretarias, secretarios, equipos de gobierno, asesores, ordenanzas, asistentes, coches oficiales… y su nómina es mayor.

¿Cuánto cree que pagarían a alguien que no ha sido capaz de acabar una carrera, y que por tanto, si no es un joven empresario autónomo, puede aspirar a poco más que trabajar de camarero, de albañil, de agente comercial…? ¿Cuantos jóvenes de 25 o 30 años ganan en el sector privado lo que un político de esa misma edad?

Y sigamos con las preguntas para valorar si ganan mucho o poco nuestros políticos. ¿Cómo es que no dejan la vida pública para ganar más en el sector privado? Pues sencillamente, porque en el sector privado la inmensa mayoría de ellos no sobreviviría.

Así es compresible la lucha encarnizada por estar y mantenerse en la política, en el cargo que sea mientras esté remunerado ¡dónde se van a ver en otra así!

De hecho, no se lo pierdan, algunos, alegan que son funcionarios y que por tanto, están en lo público por "vocación", ya que cualquier momento pueden renunciar, porque nunca les faltará trabajo, pueden volver a su puesto en la administración cuando quieran. Ya, pero se les pasa decir que también como concejales, alcaldes, senadores, diputados, consejeros... ganan más. No, no es que les mueva el dinero, no, pero hay que reconocer que esa "vocación" por un empleo en el que no tienen que fichar y ganan a veces el doble o el triple, queda en entredicho.

Pero fíjense lo tímidas que se han sido las críticas desde la oposición, y es que aunque los datos conocidos afectan a todos los ayuntamientos y diputaciones de España, nadie ha querido hacer mucho ruido con el tema. Y es que la oposición también está habitualmente sobrevalorada en la misma medida que los gobernantes, tal y como hace ya unos años me comentó una edil de la oposición en la capital, que reconocía ganar más en este puesto con un sueldo del 75%, que en su trabajo anterior.

Ni remotamente los salarios hechos públicos son los más elevados en la administración, ya que suelen ser más moderados aquellos que están expuestos a la luz pública. Por ejemplo, un secretario de Estado –número dos de un ministerio- percibe al mes mucho más que un ministro, y evidentemente tiene menos responsabilidad, pero es que hay directivos de empresas de la Junta de Andalucía que ganan más que la presidenta, pero es ella la que tiene que colgar en internet su declaración de IRPF.