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El valor de lo público

martes 31 de marzo de 2020, 18:48h

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En estos tiempos de pandemia estamos comprobando el valor de lo público, de los sistemas y estructuras que entre todos nos hemos dado y que nos hacen más fuertes como sociedad. Aunque pueda parecer que es un invento moderno, asociado a lo que conocemos como estado del bienestar, los sistemas comunitarios tienen una larga tradición desde que los incipientes burgos de la Edad Media se fueron implantando. Tenemos ejemplos en las cañadas reales, los bosques comunales, los tercios, cillas, neveros, fuentes, abrevaderos, lavaderos…etc. En definitiva fueron y son un mecanismo de autodefensa frente a la fragilidad del ser humano.

Ahora mismo estamos comprobando el valor de nuestra sanidad pública, ejemplo mundial de buen hacer y envidia de muchos países, que ha hecho posible la atención de calidad a toda la sociedad o ser líderes mundiales en donaciones y trasplantes, y que ahora nos está permitiendo afrontar la presente crisis sanitaria con más garantías y capacidad de respuesta.

Pero yo me quiero fijar en este artículo en el espacio público. En estos días que nos encontramos confinados en nuestras casas, en los momentos que salimos a comprar alimentos podemos comprobar las calles prácticamente vacías, desérticas, en las que cuando a veces nos cruzamos con otra persona cambiamos de acera y nos miramos con recelo; no circulan vehículos, no vemos niños corriendo o jugando, no se escuchan voces, gritos, ruido de motores, ni siquiera el trino de los pájaros. Las calles y plazas tienen un aspecto fantasmal que solo habíamos visto en las películas de ficción.

Ahora que estamos recluidos bajo un mismo techo, que pasamos todo el día junto a nuestros familiares, en muchos casos en espacios reducidos que no fueron pensados para este enclaustramiento forzoso, ahora es cuando mejor podríamos valorar un paseo por una calle, descansar en una plaza y charlar con los vecinos, sentir la lluvia en la cara, el frio en las manos, el aire libre inundando nuestros pulmones. En estos momentos podemos comprender con mayor nitidez cómo los espacios públicos son elementos fundamentales en nuestras vidas, que tienen una especial importancia como elementos de relación, de intercambio, que son mucho más que el vacío que hay entre las edificaciones.

Cuando superemos esta pesadilla, cuando de nuevo nos encontremos con amigos, vecinos y familiares, les invito a que disfruten del espacio público. Y al mismo tiempo les animo a que exijan a los poderes públicos que cuiden de este bien común, que se esfuercen en su cuidado, en su limpieza, en aumentar su calidad y cualificación con la implantación de papeleras, bancos, juegos infantiles, vegetación, zonas de sombra…

Si asimilamos la ciudad a un organismo vivo, las calles, plazas, parques y jardines, son las arterias por las que circula la vida, los lugares en los que interactuamos con los demás, en los que nos reconocemos como sociedad. Hoy más que nunca debemos tomar conciencia de la importancia que tiene reivindicar y exigir el espacio público como un bien común imprescindible, como un valor que a todos nos pertenece y que debemos preservar, mantener y mejorar como legado para nuestros hijos.

Eusebio Villanueva

Arquitecto, y concejal del PSOE en el Ayuntamiento de Almería