La práctica de ejercicio físico se ha demostrado no solo segura para niños y adolescentes diagnosticados con cáncer, sino que también puede ofrecer beneficios significativos durante y después de su tratamiento. Esta conclusión proviene de una revisión reciente liderada por la Universidad de Almería, publicada en el prestigioso ‘British Journal of Sports Medicine’, una de las principales revistas científicas en el ámbito de la medicina del deporte. Este estudio forma parte del proyecto ‘PEPON-muscle’, financiado por la Agencia Estatal de Investigación, cuyo título completo es ‘Grading the evidence on the effects of exercise interventions in children and adolescents during and beyond cancer treatment: An umbrella review of systematic reviews with meta-analyses’.
El trabajo fue llevado a cabo por el Grupo de investigación ‘SPORT Research Group’ (CTS-1024) de la UAL, con la colaboración de siete investigadores: Samuel Ruiz Campos, Joaquín Sánchez Gómez, David Ruiz González, Andrea Rodríguez Solana, Alberto Soriano Maldonado, Borja Martínez Téllez y Javier Salvador Morales Rojas. Además, participaron tres expertos externos: Ana León Rodríguez de la Universidad de Málaga, Juan Luis Sánchez Sánchez de Eli Lilly and Company y Pedro Valenzuela Tallón de la Universidad de Alcalá. El objetivo común del equipo fue sintetizar rigurosamente toda la evidencia disponible hasta el momento, enfocándose exclusivamente en revisiones sistemáticas con meta-análisis y utilizando herramientas metodológicas específicas para evaluar la calidad de dicha evidencia.
Resultados del estudio
Con este enfoque, los investigadores buscaron aclarar qué se sabe realmente sobre el impacto del ejercicio en esta población y con qué grado de confianza pueden hacerse tales afirmaciones. El análisis incluyó 19 revisiones sistemáticas con meta-análisis que abarcan un total de 53 estudios primarios y 2.361 participantes. Asimismo, el estudio incorpora una evaluación del grado de certeza de la evidencia mediante el sistema GRADE, lo cual permite no solo determinar si el ejercicio es efectivo, sino también interpretar sus efectos con un nivel adecuado de confianza.
Los resultados obtenidos indican que el ejercicio mejora aspectos como la capacidad cardiorrespiratoria, la fuerza muscular, la movilidad funcional y reduce la fatiga relacionada con el cáncer, así como algunos parámetros cognitivos. Sin embargo, no se encontraron efectos significativos sobre variables como depresión, densidad mineral ósea, calidad de vida o riesgo de recaída y mortalidad. Un hallazgo crucial es que muchos resultados se basan en evidencia considerada de baja calidad, lo que subraya la necesidad urgente de realizar estudios más robustos para confirmar estos efectos.
Implicaciones futuras
“En años recientes ha aumentado el interés por considerar el ejercicio físico como un tratamiento complementario al tratamiento médico en niños y adolescentes con cáncer”, comentaron los investigadores. Sin embargo, señalaron que los estudios previos presentaban limitaciones y ofrecían resultados variados. Además, enfatizaron que “hasta ahora no se había evaluado sistemáticamente el nivel de calidad o certeza de la evidencia”.
A corto plazo, “los resultados refuerzan la idea de que el ejercicio físico debe ser considerado un componente relevante dentro del enfoque integral del cáncer pediátrico, siempre adaptado y supervisado por profesionales cualificados”. A medio plazo, “este estudio podría servir como base para integrar programas de ejercicio dentro de los protocolos asistenciales”. También es fundamental identificar lagunas en la investigación actual para orientar futuras líneas de estudio que fortalezcan las recomendaciones clínicas en este importante ámbito.
La noticia en cifras
| Cifra |
Descripción |
| 19 |
Número de revisiones sistemáticas analizadas |
| 53 |
Número de estudios primarios incluidos |
| 2,361 |
Total de participantes en los estudios |