Los vecinos de las doscientas viviendas de Roquetas de Mar, a veces parece más bien de Amat, están hartos de la inseguridad en la que viven, de los ruidos que a lo largo de la noche pueblan el barrio. Están cansados, don Gabriel, de sus promesas, de que la policía no se baje del coche cuando se atreven a entrar en el barrio. Entrar, lo que se dice entrar, entran en las doscientas, pero en coche, claro que lo de apearse del mismo, eso es otro cantar, y no del Mío Cid. Y los vecinos desde sus ventanas, con miedo a salir a las calles, encerrados como denuncian, ven pasar las horas, los días y las promesas de los políticos de uno y otro partido.
Hay diferencia, es evidente, y hay que estar de acuerdo en ello, pero si hablan con los vecinos, te dirán que viendo lo que están viviendo en Ceuta, no es mucha la diferencia que vienen soportando en las doscientas de Roquetas. Los ceutíes se siente abandonados, y esa es la sensación que viven los de esta barriada. Busque don Gabriel las excusas que quiera, es a lo que nos tienen acostumbrados los políticos. Solo tenemos que escuchar las mentiras de Pedro Sánchez en estos días en las distintas entrevistas en los medios bien regados con las subvenciones de su gobierno con el dinero de nosotros, y parece que todos los políticos, sean del partido que sean, ante los problemas de los vecinos, siguen el mismo ejemplo. Buscar responsables fuera de su entorno, de su partido, buscar en el de enfrente el culpable al desaguisado que ustedes han creado en los barrios de nuestros pueblos y ciudades.
En cuanto a lo manifestado por algún representante de la benemérita ante la situación que se vive en las doscientas, es de aurora boreal. El problema es social te dice, y tanto que lo es, pero cuando ese problema social crea problemas en la convivencia de los ciudadanos, cuando ese problema social se ha dejado años y años sin ponerle una solución, y no lo han hecho desde los respectivos despachos políticos se convierte al final, como ocurre aquí, en una lacra que impide el desarrollo de la vida de los vecinos. Hoy ya no es solo un inconveniente social, lo dicen los que se sienten encerrados en sus casas tras las cristaleras como si estuvieran en una cárcel, sin poder salir a las calles, sin poder dejar que sus hijos salgan a jugar, a divertirse, a pasear con los amigos. Y ahí deben entrar también las fuerzas de seguridad, esas que pagan los vecinos para sentirse seguros en las calles de sus barrios.
Los vecinos hablan de manifestación, lo único que les falta es que se dediquen a hacer patrullas vecinales y llevar a cabo lo que no son capaces de hacer ni el alcalde Amat, ni la policía local de Roquetas, ni la Guardia Civil del pueblo. ¿En qué manos están los vecinos de las doscientas? Eso, ¿en qué manos están?