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Nuevo Orden Mundial
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(Foto: Cibeles AI)

Nuevo Orden Mundial

martes 13 de enero de 2026, 08:01h
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En 2008 fueron las hipotecas. Pero fueron consecuencia, no causa. No nos engañemos: la causa fue el afloramiento de dinero “B” con vistas al euro. Ahora son muchos enriquecidos entonces e incapaces de pensar en negocios útiles, dedicados a la especulación tan frecuente y festejada en el reino de España. Así nunca habrá viviendas. Vuelve la construcción de viviendas, pero no fluye el crédito y aumenta el paro con subvención soportada por todos, provocado por quienes se han tragado literalmente unos cien mil millones de euros. Lo mismo detraído a las pensiones. Inaudito: los pensionistas financiando gratuitamente a los que cobran por recibir dinero prestado. La crisis, fabricada para el enriquecimiento de unos cuantos, crea paro y bancos muy grandes a costa de reducir su número y aportar más paro. Para que miles de viviendas queden vacías y vendidas por segunda vez con un ridículo descuento no mayor del diez por ciento, como si fuera “una gran oportunidad”, magnífico negocio para fondos buitres, únicos que pagan por ella mucho menos, para elevar su precio por encima del anterior.

Increíble manipulación económica, porque los bancos “debían ser más competitivos”, decía Rajoy y es el único acuerdo alcanzado por las familias peperas, a la greña en todo excepto en su protección de la especulación. “Hacía falta un sistema financiero fuerte” que ha desembocado en un sistema económico débil. Se les ha dado un arma terrible, porque ahora son “demasiado grandes para dejarlos caer”. Ahora el banco más pequeño supone el 10% de la economía del país. Si la quiebra de una entidad de cuarenta mil millones era la ruina para miles de familias, la de un banco de billones será la ruina del Estado. Eso es lo que buscaban las fusiones. Los bancos se han asegurado ingresos millonarios sin trabajar siquiera, es decir, sin utilizar su negocio natural que es trabajar el crédito, y al mismo tiempo el rescate a costa de la ruina de todos. Ahora, cuando un banco tenga problemas de tesorería tiene asegurado el rescate. Así que vivirá mientras gestionen y cuando no sepan gestionar, también. Para que sus accionistas sigan engordando sus cuentas aunque la ciudadanía vea enflaquecer las suyas.

Nos tendieron la trampa y una gran mayoría azuzado por el gobierno del PP con el inestimable apoyo del PSOE cayó en ella. Se defendió “el tamaño”, sin reconocer que el mayor tamaño de unos supondría, como ha supuesto, el menor de toda la población. “Crecer para ser más competitivos”, decían, falsedad promovida por los podridos partidos alternativamente dominantes y reiterada para hacerla parecer verdad; pero los bancos nunca han sido tan poco competitivos, porque ahora no necesitan competir. Ahora tienen asegurado el beneficio y la supervivencia. Más empleo significa más riqueza circulante, más impuestos generados, más consumo, con lo que todos seríamos más fuertes. La concentración ha puesto la economía en manos de cuatro ambiciosos seres, a quienes nada importa la ruina del Estado y de sus ciudadanos, aunque puedan acogerse a las migajas, “honrados padres y madres de familia” pendientes de sus ganancias y ausentes de necesidades ajenas, pescadores en río revuelto. El crecimiento artificial y forzado de la ciudad capitalina, supone, sin discusión, el vaciado de cientos de pequeñas poblaciones. Del mismo modo el crecimiento de seis entidades bancarias ha supuesto la desaparición de alrededor de doscientas, estas de trato familiar. Recuérdese: hace todavía pocos años, bancos y cajas ofrecían un pequeño interés por el circulante guardado, no apto para ganar dinero, pero sí para perder algo menos en la devaluación continua. Ahora no sólo no hay beneficio para los ahorradores, salvo en muy elevadas cantidades, vetadas a la inmensa mayoría. Pues además, cada apunte en una cuenta y el sólo hecho de mantenerla abierta supone un costo nada bajo para el cuentacorrentista. Ya no les hace falta “vender dinero” (dar préstamos), lo ganan sin moverse, cualquier cuenta pierde al año mínimo ciento veinte euros, si no tiene movimiento. Si tiene recibos domiciliados o algún otro movimiento, más vale agarrarse fuerte. Esto es el “Nuevo Orden Mundial; ello amansará los ríos, porque “no se puede permitir que nadie aproveche las oportunidades creadas para la élite”.

Rafael Sanmartín

Estudió Filosofía y Marketing y es especialista en Historia. Ha trabajado en prensa, radio y TV. Obtuvo el premio 'Temas' de relato corto por El Puente (1988), así como el '28-F' (2001), por La serie La Andalucía de la Transición, emitida por Canal Sur Televisión. De su producción literaria cabe destacar: El País que Nunca Existió (1977), El Color del Cristal, novela (2001), La Importancia de un Hombre Normal, que narra la biografía de Blas Infante, (2003), Historia de Andalucía Para Jóvenes (2005), Grandes Infamias (2006) y De Aquellos Polvos... La Autonomía y sus orígenes históricos (2011) Para el autor "la Historia es el espejo donde podemos vernos y conocernos, aunque, como está escrita por los vencedores, debe analizarse con espíritu crítico para poder interpretarla".