El Ayuntamiento de Almería anuncia el ambicioso proyecto de remodelación del parque Nicolás Salmerón. Esta iniciativa, que se pretende acometer en 2027, prevé una inversión de diez millones de euros, de los que la mitad los aportaría el Gobierno central con cargo al Programa 2% Cultural.
Independientemente de las vicisitudes que supondría la aportación del gobierno de Sánchez al ayuntamiento de Almería, lo cierto es que la reciente historia está jalonada de fracasos, dilaciones y frustraciones en este tipo de colaboraciones entre distintas administraciones. El paradigma de estos fracasos colaborativos está en el proyecto de soterramiento de las vías del tren de altas prestaciones: tres proyectos diferentes; ninguno prosperó y se optó por una solución inadecuada y controvertida en las participaciones de las administraciones intervinientes con la que hemos de contentarnos. Tampoco hay que olvidar el retraso de diez años en la autovía A-92… y un sinfín de incumplimientos, retrasos y frustraciones.
Volviendo a las inversiones que modernamente se denominan verdes, sostenibles, inclusivas, amables, afectivas, identitarias, reformistas… podemos recordar grandes hitos como el parque del Andarax, un trampantojo con sus plantas sin agua de riego y un lago que se convirtió, en horas, en un pestilente albañal. Otro tanto, en cuestión de abandono y ausencia de mantenimiento es lo que ocurre con el parque del Boticario. Con relación a otros parques y jardines de la ciudad y a consecuencia de los últimos temporales se ha podido evidenciar el error de la aceptación de las políticas woke medioambientales, climáticas y progresistas. La nueva moda de la poda natural ha incrementado el riesgo de caída de grandes árboles al presentar mayor resistencia al viento la abundancia de follaje en las copas. Y, ahora, la joya de la corona: el Paseo de Almería.
El Paseo parece haber salido del crisol de algún artista de alquimia de autor. Allá donde se mire, todo llama la atención. El suelo es un tetris con incierto resultado en cuanto a durabilidad, estabilidad, mantenimiento y seguridad para el usuario. Sobre los huertos urbanos o bancales sobredimensionados poco se puede decir; salvo que, reconocido el error de diseño, se procede a la reconfiguración con el consiguiente aditivo de tiempo, trabajo y dinero. Me pregunto si de parques, jardines, parterres, arriates, avenidas, paseos y bulevares existen experiencias previas sobre las que se fundamenten nuevos proyectos. Desde Ur de Caldea, Abu Simbel, Babilonia, la Acrópolis, Pompeya, Generalife, Medina Azahara, Alcazaba, Versalles, Central Park… digo yo que algo se habrá aprendido sobre dimensiones, proporciones, vegetación, fuentes, acequias y, sobre todo, una mínima sensibilidad sobre la estética, la funcionalidad, la simbología y el arte.
La penúltima del Paseo es la protesta de algunos colectivos por los “bancos” para descanso y solaz del viandante. Recuerdo el cachondeo originado por la cursilada que publicó la dirección del PITA: “Instalación de bancos neorrománticos sostenibles”. El presidente de la Junta de Andalucía, preso del síndrome de Stendhal, se dirigió al presidente del PITA como “Gregorio” (Alfredo Sánchez). Ahora, los presuntos bancos de Puerta de Purchena son unos dados, exaedros o cubos a base de listones de madera -iroko, supongo- que no tienen respaldo, asidero o añadido alguno para una mínima concesión ergonómica.
De todo lo anterior deduzco, infiero y temo por la anunciada rehabilitación del parque Nicolás Salmerón. No albergo esperanzas de que una rehabilitación, con mayor o menor acierto, logre la general aceptación que antaño tuvo la masiva y continuada afluencia de los almerienses cuando el puerto era el Puerto de Almeria y no en lo que se ha convertido hoy con la servidumbre generada por la Estación Marítima, la verja y la frontera con África.