El ministro de Transformación Digital y Función Pública del Gobierno de España, Óscar López, ha decidido aportar su particular grano de arena al debate jurídico contemporáneo. Lo hizo en un marco incomparable: un acto organizado por el diario Público destinado a desagraviar y homenajear a Álvaro García Ortiz, ex Fiscal General del Estado. Allí, el ministro no se cortó un pelo y reiteró una de las canciones más tarareadas del repertorio gubernamental, afirmando que «hay jueces que prevarican». Para suavizar la bofetada al Poder Judicial del Estado, añadió al día siguiente con condescendencia y ante las preguntas de los periodistas que, al fin y al cabo, eso pasa «en todas las profesiones», que en todas las carreras hay «ovejas negras», equiparando la judicatura con la política o el periodismo.
Y hay que darle la razón. Es incomprensible el revuelo y las críticas que han sepultado al ministro por decir semejante obviedad. Claro que hay ovejas negras en todas partes. Claro que hay togados que bordean o saltan la legalidad, e incluso fiscales que cometen delitos. El mejor ejemplo lo tenía Óscar López a escasos metros de su micrófono: el propio Álvaro García Ortiz, ya formalmente condenado por el Tribunal Supremo por un delito de revelación de secretos tras filtrar datos reservados de un ciudadano particular. Una condena tan firme que el propio Tribunal Supremo acaba de emitir un informe oponiéndose de forma tajante a que el Gobierno de España le conceda el indulto, al no encontrar ni rastro de «justicia, equidad o utilidad pública» en la medida de gracia. Si el mismísimo ex Fiscal General del Estado ha sido condenado por delinquir en el ejercicio de su función, ¿cómo vamos a negarle al ministro que el jardín de la justicia tiene malas hierbas?
El problema no es el diagnóstico, sino la miopía selectiva del ministro a la hora de identificar a las ovejas. En un sistema de derecho ordinario, cuando un miembro del Ejecutivo detecta que un juez prevarica, lo lógico, lo higiénico y lo legal es acudir a los tribunales y denunciarlo. Sin embargo, en el argumentario oficial del Estado, las ovejas solo son negras si balan en contra de los intereses del partido del Gobierno.
Bajo la lógica del ministro Óscar López, adivinamos qué jueces están prevaricando realmente en el mapa judicial. Por ejemplo, en la trama de las mascarillas que se investiga en los juzgados de la provincia de Almería —un turbio asunto de comisiones en la compra de material sanitario durante la pandemia que mantiene bajo el foco e investigados al expresidente de la Diputación Provincial, y a dos exvicepresidentes—, cabría preguntarse qué opina el Ministerio. ¿Considera el ministro que el juez de instrucción de la provincia de Almería que investiga a estos cargos del Partido Popular está prevaricando? ¿Prevarica el fiscal que apoya la investigación contra la derecha local? Seguramente ahí la justicia le parezca una maquinaria limpia, ejemplar y libre de sospechas. Las ovejas negras solo pastan en otros prados.
Alguien podría considerar que ese juez almeriense, y ese fiscal, y esa UCO, en realidad están prevaricando, son partícipes de una trama contra el PP almeriense. Claro, el ministro tiene razón... hay quien prevarica... pero no sé yo si se refería a este caso...o en el caso Gürtel ¿Prevaricaron los jueces que condenaron al PP, y el fiscal que tiró hacia adelante con el tema? ¿O quizá lo hizo el juez Garzón dejando en su investigación de los GAL una X sin despejar?
Cuando miramos hacia Andalucía es imposible no recodar el fraude de los ERE. Aquella macrocausa acumuló condenas en cascada dictadas por jueces de todos los rangos imaginables: desde la instrucción inicial, pasando por la Audiencia Provincial de Sevilla, el Tribunal Superior de Justicia de Andalucía y ratificadas de forma contundente por el mismísimo Tribunal Supremo del Estado, tras escuchar las acusaciones de distintas instancias de la Fiscalía. Todos esos magistrados vieron delito. Sin embargo, el Tribunal Constitucional —con su actual e incontestable mayoría de progreso— decidió enmendarle la plana a toda la pirámide judicial y levantar las condenas a exdirigentes socialistas como Manuel Chaves o José Antonio Griñán.
Siguiendo estrictamente el hilo argumental que propuso Óscar López en el foro de Público, nos asalta una duda razonable: ¿quiénes eran ahí las ovejas negras? ¿Prevaricaron los decenas de jueces de instrucción, de apelación y del Supremo que vieron malversación y prevaricación en la Junta de Andalucía durante años? ¿O acaso la prevaricación floreció en los despachos del Tribunal Constitucional cuando decidieron firmar un borrón y cuenta nueva para salvar a los compañeros de siglas?
Si compramos la tesis del Gobierno, el fenómeno de la prevaricación es real, pero sufre de una curiosa distribución geográfica y política. Va a resultar que el ministro Óscar López tenía toda la razón del mundo y el sistema está infectado de ovejas negras. El único matiz que se le olvidó aclarar ante los micrófonos es que, curiosamente, para el Ejecutivo los únicos que prevarican son siempre los jueces que no se pliegan a sus necesidades, mientras que los que delinquen en su favor merecen homenajes, aplausos y, si el Supremo se descuida, un indulto de urgencia.