Hace pocos años fue Grecia. Pelada por los incendios, todavía es pronto para haberse recuperado. Todavía su matrimonio con la mar no ha sido capaz de despejar sus cielos y reponer sus bosques, por tanto ni recibir la brisa. Luego “le tocó” a Italia para repetir el esquema. El año pasado Portugal, y en estos momentos está siendo “el turno” de España y Francia. (Dos por el precio de uno). ¿No es demasiado? Estos han sido las rachas de grandes incendios consecutivos o simultáneos, los otros, los de todos los años, han seguido su propio ritmo, simplemente se han unido para redondear la tragedia ¿Seguirá la cadencia? ¿A quién le toca? ¿Los Balcanes? ¿Rumanía? ¿Llegará hasta Ucrania? ¿Subirá hacia Polonia? ¿Hasta Escandinavia? ¿Volverá otra vez hacia el este paralelo al mar del Norte, hasta desembarcar en Normandía? ¿O allí embarcará hasta las islas británicas?
Esto es tremendismo, hay quien lo dice. Tremendismo, no. Es tremendo. Mejor incluso, Feijóo lo ha llamado “terrorífico”. Bien dicho, por fin una verdad en su boca. ¿Deberíamos llamar ya terroristas a los incendiarios? Es pronto, todavía no se conocen las causas, que, por cierto son muchas causas; bueno en realidad, muchos arranques, muchos puntos cero al mismo y casi al mismo tiempo. Demasiados incendios, sucesivos o simultáneos. Ahora, después de sus recortes, de despedir trabajadores, de oponerse a la creación de la UME dicen “todos a una, aquí estamos”. Pues que calcen botas, cojan una manguera y empiecen. Y cambien su voto y su actitud en la próxima ocasión. Que aprendan que es más importante ir por delante para poner remedio, que negarse a todo con tal de tener qué culpar al Gobierno.
Hace mucha calor, pero la calor, por sí sola, no prende fuegos. El sol necesita una causa, algún elemento: un cristal cóncavo para unir los rayos solares sobre un montón de paja o hierba reseca, una chispa de una soldadura o de una máquina imprudentemente metida en el bosque, una colilla no apagada, la irresponsabilidad en estos casos señala a quien dejó la botella o el trozo de cristal en el suelo, a quien metió la máquina, a quien tiró la colilla y así, la irresponsabilidad tiene detrás un/una irresponsable: el descuido es falta de atención, o de interés, que es peor, la colilla de un/una irresponsable, claramente culpable. O, en todos los casos, de un tonto. Un idiota. Pero ¿tantos tontos, idiotas, irresponsables, descuidados, desinteresados en conservar la naturaleza hay en Europa? ¿Y en Canadá? ¿Y en Australia? ¿Tanto tonto suelto hay en el mundo?
O es una consecuencia: a quienes mandan en los gobiernos y a los gobiernos también, les interesa poco que la gente piense, que discurra, que deduzca, porque cuanto mejor preparada esté, más exigente será con los unos y los otros. Por algo hay Ayusos, Mañuecos y Morenos que disminuyen el presupuesto de enseñanza, que mantienen a los niños estudiando en hornos dónde les será más difícil asimilar, mucho más, y Abascales para forzarlo y culpar, sin sonrojarse, al presupuesto supuestamente gastado en “una invasión migratoria”. Vergonzosa mentira: Son las comunidades, que tienen las competencias, la que han mermado el presupuesto. Pero todavía necesitan un par de vueltas de tuerca y también regatean presupuesto a abrir y mantener cortafuegos, al desbroce y limpieza de montes, a las plantillas y al material de lucha contra incendios, a los bomberos forestales, a la vigilancia. Porque un solo helicóptero o una avioneta cuestan más que mil cartuchos de caza. Pero son más necesarias que cien mil balas, más que los gastos de todas las escuelas taurinas. Pero el PP, con el inestimable empuje de Vox, quien tiene el cinismo de llamar “loby animalista” a quienes defendemos la naturaleza que es defender nuestra salud y nuestra vida, y el apoyo hipócrita de Junts, prefiere atender antes a estas preferencias personales que a aquellas necesidades perentorias e indiscutibles. Y si alguien lo duda, debe leer los 150 puntos.
El fuego no solamente es una pérdida de masa forestal, es culpable de un gasto extremadamente excesivo de agua, provoca una disminución drástica de oxígeno, seca y resquebraja el terreno, hace subir la temperatura, algo digno de ser combatido porque contribuye al calentamiento global, el humo asfixia y ciega, provoca enfermedad e incluso muertes, lleva partículas altamente contaminantes, metales venenosos. Y el viento mueve al humo en todas direcciones.
Irresponsables, descuidados, egoístas, tontos de remate, ayuntamientos negados a crear refugios climáticos, entre ellos el de Sevilla, pero tira el dinero en tranvías a ninguna parte y líneas de autobuses para provocar atascos, gobiernos autonómicos que tienen las competencias, partidos que defienden otras cosas a costa del presupuesto de enseñanza y contra incendios. Y posibles beneficiados, porque son demasiados incendios juntos para que todos puedan ser fortuitos. Se debería investigar más en cuestiones de tan alto interés general como el origen de todos los fuegos.