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Paralelismos, populismos y políticos (I)

viernes 08 de octubre de 2021, 12:50h

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Alejémonos del devenir diario y hagamos algunas aproximaciones al populismo en política y su hoja de ruta.

El marino, con el primer sorbo del café, comenta:

—Esto es un no parar, cada día nos levantamos con nuevas noticias. Unas veces propuestas ilusorias, vendidas como fundamentales, otras agrías polémicas o declaraciones de políticos que nos dejan helados o perplejos; aunque todas ellas, rápidamente, quedan sepultadas por el siguiente suceso.

En muchas ocasiones tenemos la sensación de que la hojarasca no nos deja ver el bosque y que todo ese torrente de sucesos forma parte de un plan preconcebido, en el que nada es casual. En otras parecen invitarnos a mirar al dedo en lugar de a la luna, pura estrategia de distracción; aunque todas ellas suelen tener un hilo conductor, un nexo, por muy dispares que parezcan, todas esas proposiciones encierran un halo de tendenciosidad.

Este panorama nos vislumbra una finalidad: producir cambios sociales estructurales. Cambios que, algunos pueden ser necesarios, otros pueden estar ocasionados por la evolución y transformación social que vivimos, pero muchos tienen como finalidad un intento de involución social y de cambiar las reglas políticas o introducir cambios ideológicos en nuestra sociedad.

Todo eso merece un análisis, para entender que pasa en una sociedad para que se abracen propuestas populistas que, en principio, pueden suenan a redentoras y que prometen la solución mágica a todos los problemas del país y de las clases más desfavorecidas.

Interviene nuestra joven profesora:

—Es evidente que la sociedad cambia, aunque este fenómeno no es local, es bastante global. Los medios de comunicación, las redes sociales o la aparición de la inteligencia artificial en nuestras vidas, están modificando nuestros comportamientos, y entre ellos está la visión de la política y de los políticos, y el carácter del voto. Esta es una sociedad más impresionable, más emocional que atiende más a mensajes sensitivos que a los racionales.

Con ello se abre una brecha para ciertas políticas «anímicas» y un campo de cultivo para que calen ciertas propuestas ideológicas que se alejan de la verdadera solución de los problemas que, por lo general, son complejos, endémicos o impopulares y además con soluciones a largo plazo.

Cuando estas situaciones imperan, hemos dado cabida al populismo.

—Esta es la escenografía —comenta el marino— que tenemos en nuestro país, y aunque los efectos se aprecian en muchos actos sería interesante repasar la «hoja de ruta» para entender lo que nos está ocurriendo e intentar predecir cuáles pueden ser las etapas siguientes.

Sigue la joven amiga:

—En medio de la crisis económica de las subprime, agravada en España con la burbuja del ladrillo y que nos llevó a unas tasas de paro inasumibles, con recortes sociales, de pensiones, de servicios públicos y se vislumbraba un panorama de futuro desolador. Todo ello nos condujo a una gran incertidumbre social, a un descontento generalizado y a la aparición de Unidas Podemos.

Ahí tenemos la semilla para que crezca el populismo. Según la idiosincrasia de cada país, de su salud democrática, el arraigo de sus instituciones y la solidez de sus políticos, el populismo puede ser un simple resfriado o convertirse en una enfermedad crónica. El descontento social, real o inducido, es el que desarrolla los mecanismos que nos conducen al populismo.

A partir de ahí, a lo largo de la historia y con indiferencia de los países, cuando asoma el populismo sigue «cinco etapas» hasta su total implantación. La mala noticia es que esas promesas nunca se cumplen y sólo deja un rastro de desolación y mayor pobreza.

En la «primera etapa» el populismo se centra en crear su propio «enemigo interno» y externo para hacerlo culpable de todos los males presentes y futuros. Esos enemigos serán los causantes de los males endémicos —reales o ficticios— del país, de este modo se les hace objeto de todas las iras y se convierten en el enemigo a erradicar.

En ese terreno abonado es cuando surgen los «líderes mesiánicos». Líderes que poseen todas las cualidades, todas las virtudes y prometen un mundo diferente; para ello se inicia un proceso de radicalización social, y en los últimos tiempos se aprecia, con claridad, que nos hemos llenado de enemigos internos.

Actualmente asistimos a una radicalización y bipolarización política asfixiante. No se combaten ideas y propuestas del adversario, se busca su descalificación con insultos y su destrucción. Tachar de nazi o fascista está, permanentemente, en la boca de algunos políticos.

Actos propios de un estado de Derecho, como pueden ser el acatamiento de las leyes y la Constitución, la defensa de la lengua común o portar la bandera española se han convertido en motivo de insulto, descalificación furibunda y demostraciones de odio.

El PSOE y Unidas Podemos, coreados y apoyados por separatistas y filoetarras, no tienen un adversario político en el otro espectro de la Parlamento, sino a un enemigo al que culpar de todos los males y odiar con todas sus fuerza.

La pandemia es un hecho, y cualquier formación que le hubiera tocado gobernar es esta época, hubiese sido objeto de todo tipo de lances; pero eso no justifica una la política mendaz, llena de eslóganes huecos y de promesas de futuro, que son de dudoso cumplimiento.

Estamos en la criminalización de los adversarios y convertirlos en los «enemigos internos»; a eso se han sumado ERC, JxCAT, CUP o Bildu, todos ellos ejemplos de democracia y de lealtad institucional.

En cuanto a los «enemigos externos», nunca nos han faltado, ni nos faltan. Tenemos a Estados Unidos, la gran banca, las eléctricas, los productores de la OPEP, las gasísticas, los poderes fácticos, el gran capital…, en definitiva, los «ricos», que siempre están al auxilio y excusa de cualquier proyecto de ley o gestión de un gobierno populista.

Concluye el marino:

—Si esto fuera un tour ciclista, la primera etapa la hemos coronado con éxito. Habrá que seguir avanzando para comprobar en qué nivel nos encontramos. Las próximas semanas prometen ser interesantes, aunque me entristezca comprobar esos hechos.

Se miran, se levantan y se marchas en un silencio más que elocuente.
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