Hay que reconocer que a Pedro Sánchez le va saliendo bien la jugada con la crisis de Ceuta. La premisa fundamental era mantener al margen de toda sospecha a Marruecos, pero eso exigía fabricar un nuevo enemigo para exculpar a Marruecos de su más que evidente protagonismo y, con toda desfachatez y maldad, descargar sobre otros actores la culpabilidad de esta monumental felonía.
La racanería en la aportación de recursos para agilizar las deportaciones ha contrastado insultantemente con el despliegue cualitativo y cuantitativo para bienestar de los invasores. Se ha llegado a estimar como intencionadamente obstaculizador el lento proceso informático para filiaciones y el cruce de datos afectos a la seguridad. Se ha permitido todo tipo de atrocidades que atentan contra la seguridad personal, las propiedades, la salud, el entorno medioambiental y las instalaciones estratégicas. Y, como era evidente esperar, la tensión ha ido creciendo hasta alcanzar el punto de ignición que incendie las calles.
Marruecos ha puesto el combustible. Pedro Sánchez, el comburente. El Gobierno de España no ha hecho nada para sofocar el incendio; todo lo contrario, sopla sobre las llamas e invoca a los cuatro vientos para que Euro, Bóreas, Céfiro y Noto no cejen en el empeño de mantener Ceuta en combustión.
Era previsible que llegasen a este “animado” escenario los llamados agentes sociales de las oenegés más folloneras y oportunistas. Lejos de solucionar los problemas, estas organizaciones radicales se mueven a instancias del gobierno que las alienta y alimenta. Negu Gorriak (en español, duro invierno) llega desde Navarra para “defender con su propio cuerpo a los inmigrantes indefensos”. Además, aseguran que “vienen a Ceuta para luchar contra el racismo institucional”. Entre otros argumentos, la organización proetarra provee de material electrónico, comunicaciones y otros indeterminados que, dicen, “garanticen la protección y la seguridad” de los inmigrantes ilegales… los que invaden y hacen insoportable la vida en el territorio español.
Ya se han producido los primeros enfrentamientos: “¡Eso a Vivas!”. Y, por supuesto, las reacciones violentas responden a las irresponsables arengas de la derecha y la extrema derecha, etc. Los vecinos, impelidos por el discurso racista y xenófobo del PP y VOX, pasan a estas indeseables acciones, que para Pedro Sánchez suponen un valiosísimo recurso. Era lo que esperaba ansiosamente.
Han esperado y esperado hasta que el brote violento madurase. Además, incorporan el mefítico catalizador de las oenegés para incrementar la tensión conducente a la violenta provocación. Esto es lo que Sánchez esperaba: Cuanto peor, mejor. Tarde o temprano la prudencia se agota y la contención desborda. Llevar la situación a este límite es lo más ignominioso que se podría imaginar de un gobierno, tanto de sus integrantes como de los que lo apoyan conniventes y traidores.
Ahora vienen a reforzar el estigma del racismo, xenofobia y fascismo los nuevos agitadores de la calaña Barbie Gaza, Freedom Flotilla, Open Arms… y faltaba un toque Bildu etarra para que no se olviden los soportes y resortes “democráticos y progresistas” que sustentan a este gobierno.
No voy a entrar si esta invasión obedece a la guerra híbrida, térmica o enchufable. Es una invasión y una violación de la integridad territorial. Eso está más claro. Además, Marruecos ha utilizado a niños, niñas, mujeres, mujeres embarazadas y hombres de diferentes edades y condición física para producir la ruptura de la frontera y la irrupción violenta, masiva e invasora del territorio español. Toda la “munición” enviada por Marruecos se ha disparado para desestabilizar, arruinar y hacer enloquecer a la población española de Ceuta.
A nadie se le ocurriría pasar la mano por una ojiva o acariciar una granada de mano del enemigo. Pero sí estamos obligados a sentir la máxima conmiseración por otro tipo de “munición” con la que se nos ataca, nos cercan, nos sitian y nos bloquean: Personas. Sí, son personas, muchas personas. Son las suficientes para generar el caos con sus prácticas caóticas. Al ataque practicado con personas no se puede responder con la misma munición. Esto sólo lo hacen los países que menosprecian el valor y la dignidad de los súbditos sobre los que aplican su vileza e inhumana estrategia bélica híbrida o como se quiera decir. Siquiera quieren reconocer a sus propios muertos. ¿Qué podemos esperar más?
El Gobierno tuvo la oportunidad de parar y demostrar la fuerza y dignidad de España. Es la tercera vez que menciono la solución de las embarcaciones con pabellón español para contener y derivar la invasión. Esa era una solución que libraría de este infierno a los ceutís. Una solución que mostraría determinación ante Marruecos y la necesaria protección a los ciudadanos españoles. Sánchez no quiso ni el traslado a las embarcaciones “Piolines”, ni la adecuación urgente a una legislación que posibilite las inmediatas devoluciones, ni la declaración de estado de excepción… y sigue protegiendo, ante todo, a Marruecos. Sólo él sabe qué demonios quiere hacer… y por lo que vemos, nada bueno.