En diversas ocasiones, las organizaciones que formamos parte de la coalición Por Andalucía, hemos defendido que el Parque Natural de Cabo de Gata-Níjar, así como otros espacios de nuestra provincia necesitan la imposición de una tasa turística. No por afán recaudatorio ni por penalizar a quienes nos visitan, sino por una razón de justicia y de responsabilidad: un espacio natural de valor excepcional no puede seguir soportando millones de visitantes sin disponer de recursos suficientes para conservarlo.
Hoy ese debate vuelve a la actualidad después de que VOX haya impuesto al nuevo Gobierno andaluz la renuncia a cualquier iniciativa relacionada con la tasa turística como parte de su acuerdo de gobierno con el Partido Popular. Una decisión que, desde mi punto de vista, responde más a un planteamiento ideológico que a un análisis serio de las necesidades reales de Andalucía y, especialmente, de espacios tan frágiles como el Parque Natural de Cabo de Gata-Níjar.
Resulta llamativo que quienes defienden continuamente el principio de "quien usa un servicio debe pagarlo" rechacen precisamente que los visitantes contribuyan, aunque sea con una cantidad simbólica, al mantenimiento del lugar que disfrutan. Porque de eso trata una tasa turística bien diseñada: de generar recursos finalistas para proteger el patrimonio natural, mejorar los servicios públicos y compensar el enorme esfuerzo que realizan los municipios turísticos durante la temporada alta.
Cada verano, el Parque Natural multiplica su población. Miles de vehículos utilizan sus carreteras, aumentan las necesidades de limpieza, vigilancia, rescate, transporte público, mantenimiento de senderos, conservación ambiental y gestión de residuos. Sin embargo, los ayuntamientos siguen financiando buena parte de estos servicios con los impuestos de sus propios vecindarios.
Una situación que no es sostenible
La realidad es que el éxito turístico tiene un coste. Y ese coste no debería recaer exclusivamente sobre quienes viven todo el año en el territorio.
Sorprende además que VOX presente cualquier tasa turística como un ataque al turismo cuando la experiencia internacional demuestra exactamente lo contrario. Ciudades y destinos turísticos de primer nivel aplican este tipo de gravámenes desde hace años sin que ello haya reducido su atractivo. Los visitantes comprenden perfectamente que una pequeña aportación sirve para mantener en buen estado aquello que precisamente han venido a disfrutar.
En un espacio protegido como Cabo de Gata-Níjar esta lógica resulta todavía más evidente. No estamos hablando de financiar grandes infraestructuras ni de aumentar la presión fiscal general. Hablamos de destinar unos pocos euros por pernoctación exclusivamente a la conservación del parque, a mejorar la movilidad sostenible, reforzar la limpieza, ampliar el transporte público, proteger la biodiversidad y ofrecer mejores servicios tanto a residentes como a visitantes.
Paradójicamente, quienes más se benefician de la imagen del parque son también quienes deberían ser los primeros interesados en garantizar su conservación a largo plazo. Sin naturaleza bien conservada no existe turismo de calidad.
La negativa de VOX transmite además un mensaje preocupante: parece considerar cualquier instrumento económico orientado a proteger el medio ambiente como una carga ideológica. Pero la conservación del patrimonio natural no debería entenderse desde posiciones partidistas. Es, sencillamente, una inversión en el futuro.
El verdadero riesgo para el turismo no es una tasa de dos o tres euros por noche. El verdadero riesgo es la saturación, la degradación del paisaje, la falta de mantenimiento de los espacios naturales, la escasez de recursos para gestionar los meses de máxima afluencia o la pérdida de calidad ambiental que precisamente hace único al Parque Natural de Cabo de Gata-Níjar.
Durante años hemos escuchado que el turismo debe ser sostenible. Ha llegado el momento de demostrar que esas palabras significan algo más que un eslogan. Porque proteger Cabo de Gata-Níjar cuesta dinero. Y si queremos que siga siendo uno de los espacios naturales más valiosos del Mediterráneo, quienes tenemos la suerte de disfrutarlo —vivamos aquí o vengamos de visita— debemos asumir una pequeña parte de esa responsabilidad.
Negarse siquiera a debatir esa posibilidad, como ha hecho VOX, no protege al turismo. Lo que hace es dejar sin respuesta uno de los grandes desafíos que afrontan los destinos turísticos del siglo XXI: cómo compatibilizar el éxito turístico con la conservación del territorio que lo hace posible.