En la Cámara Alta, donde el eco de las palabras suele perderse en el terciopelo de las alfombras, el senador por la provincia de Almería, Miguel Ángel Castellón, decidió que ya era hora de que alguien encendiera la luz, aunque fuera de manera metafórica y a base de dialéctica afilada. En frente, la presidenta de Red Eléctrica, Beatriz Corredor, intentaba sostener un relato que, tras casi un año del gran "cero" del 28 de abril de 2025, tiene menos consistencia que un invernadero de plástico viejo tras un poniente fuerte.
La sesión alcanzó su cénit de tensión cuando el almeriense, con esa flema que solo da el representar a una tierra acostumbrada a que el Estado se olvide de ella en los mapas ferroviarios y, ahora, en los eléctricos, bautizó a la ex ministra socialista como "Señora Apagón". El enfado de la presidenta de la compañía semipública fue de tal magnitud que la sesión tuvo que ser suspendida durante unos minutos para que los ánimos bajaran de voltaje. Al regreso, Castellón pidió disculpas alegando un "lapsus", retirando la expresión del acta con la elegancia de quien ya ha soltado la verdad y sabe que no hay borrador capaz de limpiar el impacto. Porque, seamos serios, llamar a Beatriz Corredor por el nombre del desastre que preside no es un error terminológico; es, a lo sumo, un exceso de precisión.
Lo que vino después del "lapsus" fue un rosario de datos que dejan la gestión de la seguridad de suministro del Estado en una posición más que comprometida. Mientras Beatriz Corredor se enrocaba en el mantra de que los fallos eléctricos ocurren en "milisegundos" —esa unidad de tiempo tan socorrida para decir que nadie pudo hacer nada—, el senador Miguel Ángel Castellón puso sobre la mesa audios publicados y clarificadores.
Resulta que los técnicos de Red Eléctrica no vivieron un imprevisto fugaz en "milisegundos", sino una agonía de horas e incluso de días. Los audios, ocultos durante ocho meses al Senado y a la opinión pública, revelan oscilaciones repetidas, avisos de operadoras privadas y una inestabilidad sistémica provocada por un mix energético que parece diseñado por un idealista sin contacto con la física.
La falta de energía nuclear en el sistema y las entradas y salidas bruscas de la fotovoltaica convirtieron la red en una montaña rusa que los operarios, según las grabaciones, no sabían cómo frenar. "Nos estamos desconectando", reconocían internamente. Pero para la presidenta de la compañía, nada de eso tiene valor explicativo. Es fascinante cómo la política es capaz de convertir un desbordamiento operativo documentado en un simple evento fortuito e inevitable.
Incluso el informe de Entso-e, la organización que agrupa a los gestores de redes en Europa, apunta que el desastre se podría haber corregido con medidas de control de voltaje. Pero claro, reconocer que hubo margen de maniobra implicaría que alguien debería recoger sus cosas del despacho. En este Estado nuestro, donde la responsabilidad política es un concepto tan exótico como la lluvia en el desierto de Tabernas, Beatriz Corredor prefiere culpar a la velocidad de los electrones antes que admitir una gestión irresponsable.
El modelo energético actual ha decidido que la seguridad del suministro es una nota al pie de página frente al dogma. Y mientras en la provincia de Almería seguimos esperando que las infraestructuras estén a la altura de nuestro empuje económico, en los despachos de Madrid se dedican a ocultar audios y a ofenderse cuando un senador les recuerda, con un toque de sarcasmo almeriense, que si presides un apagón, lo más probable es que te acaben llamando por tu obra.