Es la muletilla, una de las principales muletillas, la otra es “comunismo”, de PP y Vox, la más manoseada por sus principales dirigentes visibles y en la sombra: Ayuso, Feijoo, Abascal muy especialmente. Es como engañar a los niños con el coco, pero una mayoría debe ser más que niños porque lo siguen creyendo y lo utilizan con absoluta convicción. Si es que se puede considerar convicción a lo solamente repetido igual que lo repetiría un papagayo o ave similar.
No se enteran, no quieren, se debe estar más feliz en la ignorancia voluntaria, porque leer o incluso escuchar cuanto no sea expresamente esa, vamos a seguir llamándola convicción, se les representa como un sacrificio extremo. Pues la muletilla “comunismo” les es útil para desautorizar, demonizar, desprestigiar (o intentarlo), todo cuanto no les gusta, no conocen o no comprenden. El comunismo ya no existe, a ver si queda claro y el marxismo cada vez más ignorado, como tampoco existe ETA, y con todo el descaro y falta de rigor, siguen llamando “etarras” a quienes colaboraron en su desaparición e hicieron justamente lo que se les exigía: pasarse a la legalidad, funcionar desde el Parlamento. Pero es más fácil engañar y asustar a la ignorancia que a los niños, por eso estos aprendices del “Coco” ya han superado a su maestro, desde el manoseo por parte de la derecha y extrema derecha.
La consecuencia es peor, porque con su afán de ganarse a un grupo con el enredo, están favoreciendo a quienes en apariencia pretenden combatir. Puigdemont hizo el paripé, pero nunca tuvo intención real de independizarse. Y esto, denunciado en su momento por quien escribe, lo demostraron con el teatrillo de declarar la independencia más breve de la historia: no llegó a un minuto y lo siguen demostrando cuando buscan más dinero a cambio de invisibles amagos. Una cosa positiva para ellos: consiguen para su Comunidad, envidiable decisión.
Pero Rajoy, fanático como quien más, quiso crear mártires y los jueces le ayudaron a forzar el 155 y le dieron una interpretación “original” y exclusiva. Le hicieron decir lo que no dice. Pero no era suficiente y los jueces buscaron, rebuscaron de nuevo y retorcieron la Ley hasta convertir un gasto de una Administración en “malversación”. Tan disparatado que Europa no podía admitirlo y desautorizó una vez más a la ¿Justicia? Española. El gasto de una administración en funciones propias de su gobierno, además de no precisar autorización de la Administración central, no puede ser malversación porque nadie se quedó dinero. Podrá ser un gasto inútil, como mucho si se quiere considerar así, pero es completamente legal y bastante frecuente en otras comunidades a las que no se les tiene en cuenta. Pero el truco también es utilizado por los amigos de la confusión y los jueces de derechas, quienes, ya metidos a políticos, se permiten discutir y hasta desautorizar y negarse a cumplir las leyes emitidas por quien tiene potestad para emitirlas, a pesar de los continuos enfrentamientos con la Justicia europea.
Todo esto, como las denuncias sin pruebas, tampoco condenadas por muchos jueces, no sirve para aclarar la vida política. Ni para establecer una discusión sana, constructiva, que ayude a clarificarla y a la mejor comprensión por la mayoría. Pero, claro, algunos intentan mantener al pueblo en permanente minoría de edad, porque eso les beneficia. Y cuanto más dictatorial y más se acerque al fascismo, más le beneficia. Por eso cobra tanta importancia la necesaria, urgente y radical reforma de la Justicia. Difícil coyuntura porque se oponen esos mismos jueces que temen perder su prerrogativa y su capacidad para intervenir en política y hasta podrían llegar a imputar a quien lo intente. Parecen pedir con urgencia una solución a la islandesa.