Pedro Sánchez acaba de dar otro paso para poner en gravísimo riesgo la seguridad nacional. A Sánchez le da igual lo que piensen en EE. UU., la OTAN, Europa y resto de países que se rigen por el Estado de derecho. Pedro Sánchez solo está por mantenerse en el poder, y sabe que cualquier maniobra que le alinease con Israel, EE. UU. o la OTAN sería poner en riesgo el miserable apoyo de los proetarras, independentistas y la extrema izquierda amiga de Irán, Palestina, el burka y las flotillas chiripitifláuticas.
Sánchez está aún salivando con el baboso ditirambo de Susan Sarandon, pero la amenaza del terrorismo talibán no se soluciona con el reparto de goyas y una gala petarda trufada de melones que exhiben sandías, banderas palestinas y otros aditamentos que evidencian la borregada cultureta del cine español, salvo contadísimas excepciones.
Desaprovechar la oportunidad para eliminar la hidra del terrorismo internacional (el Eje del Mal) es de una gravísima irresponsabilidad histórica. Y esto sí es estar en lado más necio y cobarde de la historia.
Tenemos un gobierno socialcomunista que nos dirige al rincón de la ruina nacional y la irrelevancia internacional. Además, está mostrando una gran debilidad en momentos en los que la coyuntura y la oportunidad son opciones para mover las piezas de un tablero en el que siempre hay un juego amenazante. Me refiero a los países de nuestro entorno geográfico que, como ya ha ocurrido, aprovechan los momentos de evidente debilidad para agitar el avispero. Así ocurrió con la Marcha Verde: EE. UU., la CIA y Francia aprovecharon los estertores de la dictadura franquista para impulsar la ocupación saharaui por parte de Marruecos. En estos momentos, con EE. UU., la OTAN, y casi toda la Union Europea en contra, España permanece inerme ante las apetencias del vecino por el histórico e irrenunciable control de Ceuta, Melila y Canarias. Y si se decidiesen… ¿quién nos va a apoyar y defender?
En su rueda de prensa -sin rueda ni prensa- Sánchez me recordó antiguos discursos de Franco. Alude a las bondades de la autarquía: tenemos los medios, los recursos, la gente y el gobierno capaces de resistir y plantar cara ante los embates del imperialismo yanki. Igualmente, tal como decía el dictador: somos la “reserva espiritual de Europa”, ahora Sánchez modifica el discurso: somos la reserva “moral” de Occidente, y estamos en el lado correcto de la historia. Además, desempolva el “No a la guerra” esperando convencer/asustar a la población menos avisada y más concernida por el discurso woke, buenista y pánfilo; pero, en realidad, es una estrategia para arañar votos de la izquierda más reaccionaria, aquella que no mide las consecuencias de las medidas populistas que se sirven en discursos propios de aspirantes a Miss Universo: parar las guerras, erradicar el hambre, curar las enfermedades y que la paz, la amistad y la riqueza sea para todos y en todo el mundo.
Echo en falta la necesaria unión de la centroderecha. Son momentos cruciales, y sería deseable ver a Feijóo, Abascal y quien se quiera sumar enviando un comunicado, compromiso, promesa, etc. En definitiva, que cuando cambie el gobierno se restituyan las relaciones con EE. UU., Isrrael, Europa y, por supuesto, con la sociedad española. Esta iniciativa podría modular las reacciones ante las absurdas provocaciones del Gobierno de España. Sin embargo, pensando al estilo Sánchez, creo que llevar a la ruina al empresariado vasco y la burguesía industrial catalana ejercería una enorme presión sobre Junts y PNV. Quizá, este fuese el esperado detonante para una moción de censura que acabase con este dislate.
Supongo que el Ejecutivo sanchista habrá calculado los riesgos de su insensata postura, pero no alcanzaría a entender que este peligroso movimiento se justifique por el mero hecho de mantenerse en el poder con el apoyo de la descerebrada mesnada. Quizá, en un protervo cálculo de riesgo, a Sánchez le podría -supuestamente- venir bien una situación tendente a la confrontación o beligerancia internacional; sobre todo, ante un próximo escenario de elecciones generales, que quedarían supeditadas a la resolución del conflicto y a la recuperación de la “nueva normalidad”. ¿les suena eso de la nueva normalidad? Pues eso.