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Todos a una para salvar la Sierra de Gádor

Por Moises Palmero Aranda
domingo 24 de enero de 2021, 13:02h

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Las primeras valoraciones, aún con el susto en el cuerpo, es que pudo ser peor: han ardido 400 hectáreas de monte bajo y pinares de repoblación y milagrosamente las zonas con mayor valor ecológico se han salvado. Quien no se consuela es porque no quiere.

El problema es que estas ha vienen a sumarse, por citar algunas, a las 1.600 que se quemaron en 2.019 en Alhama de Almería, a las 80 de 2016 en Enix, a las 15.000 que se perdieron en el mismo municipio en 1.991. Fuego sobre fuego. Estamos aniquilando la Sierra de Gádor lentamente y salvo las promesas de siempre, y los esfuerzos puntuales, no estamos haciendo nada para evitarlo. Solo lamentarnos y culpabilizarnos los unos a los otros.

No quiero entrar a valorar la riqueza ecológica, ni las consecuencias de los incendios, ni criticar lo que se hace y lo que no. Un día como hoy, cuando se celebra el Día Mundial de la Educación Ambiental, lo que me pide el cuerpo es lanzar una propuesta para reforestar toda la Sierra de Gádor. Sí, parece una locura, pero solo hace falta voluntad, aparcar los egos, las banderas e ir todos a una. Se puede hacer.

Les recuerdo dos proyectos. El primero la Gran Muralla Verde que se propuso llevar a cabo la Unión Africana para frenar el avance del Sahara. Más de 20 países se unieron para plantar una barrera vegetal de 8.000 km de largo y 15 km de ancho, 100 millones de ha para el 2030. El avance es lento y no llegarán a ese objetivo, pero solo Senegal ha plantado 12 millones de árboles en una década. De ese proyecto ha surgido otro aún más ambicioso si cabe. En 2019, Naciones Unidas, anunció el proyecto de la Gran Muralla Verde de las Ciudades para crear una infraestructura ecológica que cruce África y Asía a través de 500.000 nuevos bosques urbanos y 300.000 ha de espacios naturales restaurados. Dos proyectos magníficos para luchar contra el Cambio Global, el hambre y la pobreza, porque recuperar, conservar y proteger la naturaleza nos garantiza el alimento y el bienestar a nuestra especie.

Estamos en el mejor momento para intentar algo así en Almería. Aún podemos salvar ecosistemas únicos, la conciencia ambiental ha cambiado, estamos sintiendo el Cambio Climático y vivimos una de las crestas económicas de nuestra historia. Invertir en la recuperación de la Sierra de la Gádor es el mejor legado que podemos dejar. No intentarlo es perder.

En el Poniente de Almería en 2019 había censados 261.115 habitantes. Si cada uno plantase 4 árboles al año, habría más de un millón de árboles. Si descontamos las pérdidas de los que no crecen, de aquellos que no subirán a plantar, quizás podríamos dejar esa cifra en 250.000. Si repetimos el esfuerzo de forma periódica en una década la Sierra de Gádor podría tener otro aspecto.

Para llevarlo a cabo lo primero es aprender a mirar la Sierra como un ecosistema único, olvidándonos de fronteras administrativas. Luego hay que crear una mesa que esté formada por todos los municipios del Poniente, las administraciones competentes, la empresa privada, los grupos conservacionistas y, sobre todo, por científicos de todas las ramas. Una mesa, y esto es lo más difícil, a la que habrá que ir llorado, sin pin en la solapa y sin intereses de ningún tipo salvo el de la recuperación de la Sierra de Gádor. Esa mesa, a través de los expertos, planificará, estructurará la repoblación conjunta, determinando las especies adecuadas, las técnicas a utilizar en cada caso y circunstancias, haciendo una lista de los montes públicos de los que disponemos y organizando a la sociedad civil que quiere participar. Una mesa que aglutine los esfuerzos individuales y los recursos de los que disponemos en beneficio del objetivo final.

Este proyecto puede generar muchos puestos de trabajo, pero aun así debe ser un proyecto ciudadano, educativo, colaborativo porque es la única manera de que la ciudadanía se sienta útil, parte de la solución. La gente está deseosa de echar una mano, de sumar, pero hay que decirle dónde, qué y cómo plantar, y esas respuestas se las debemos dar de una forma planificada para garantizar el éxito que nos agradecerán las generaciones futuras.

Si esperamos los informes de valoración, a dirimir responsabilidades, o a que llegue el dinero de Europa el olor a ceniza, el recuerdo de la noche de difuntos que vivimos el viernes, se habrá desvanecido y nos olvidaremos hasta el nuevo incendio. Entonces volveremos a lamentarnos y a hacer promesas que nadie se preocupará en cumplir.

¿Demagogia, cuento de la lechera, simplificación del problema, el voluntariado quita puestos de trabajo? ¿De verdad vamos a seguir discutiendo chorradas sin intentarlo? Yo diría incluso que soy poco ambicioso.

Moises Palmero Aranda

Natural de El Ejido, Almería. Licenciado en Ciencias Ambientales por la Universidad de Almería. Desarrolla su trabajo en el mundo de la Educación Ambiental desde la Asociación El árbol de las piruletas, donde ha utilizado la literatura como una herramienta más de sensibilización. Es autor y narrador de cuentos infantiles, entre los que destaca El árbol de las Piruletas y Un delfín entre las estrellas (próxima publicación) Secretos en el Sendero, nueve relatos de misterio donde se mezcla literatura, senderismo y geocaching, es su primera publicación en solitario. 32 motivos para no dormir; Pasos en la oscuridad; Taller de cuentos; 12 caricias; 13 muertes sin piedad; Ángel de nieve; Ulises en la isla de Wight; Crímenes callejeros; El oasis de los miedos; Letras para el camino, El mar, la mar, Relatos Velezanos V son algunas antologías donde aparecen sus relatos. Colabora en Candil Radio con los programas “La mirada del delfín viajero” y “Letras de Esparto”. En radio UAL dirige y presenta el programa de entrevistas Radio Ecocampus. También ha hecho sus pinitos en el mundo del cortometraje con El hombre y la flor. Otra oportunidad y su guión “Residuos” fue el ganador del I Concurso de guiones para cortometrajes “Carboneras Literaria”. Socio fundador de la Asociación Literaria y Cultural Letras de Esparto.

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