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Un antiguo conocido a venido a verme

Un antiguo conocido a venido a verme
Por Angel Rodríguez Fernández
domingo 31 de mayo de 2026, 16:12h
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El herpes zóster ha venido a pasar unos días en mi cintura, como un pequeño torturador fascista que disfruta dándome descargas eléctricas sin sentido. Una gestapillo de andar por casa. Y he pensado, ya que la era digital aún no me ha bloquedo por completo, aunque avanza a pasos agigantados, que el sanchismo es como este herpes. Estaba latente en la idiosincrasia patria y ha decidido visitarnos, en una España en crisis, en una Europa en crisis, donde populismo e ideologías ultras colman las apetencias de casquería política del personal.

No comprendíamos gran parte de sus electores por qué concedió la amnistía a esos delincuentes racistas del procés; ahora lo comprendo perfectamente. No hay proyecto, ni siquiera hay presupuestos; hay solamente una obsesión compulsiva del líder por seguir, que duerme plácidamente en un colchón de pelotas, cómplices y delincuentes.

Soto Ivars, un fascista irredento naturalmente, espera con curiosidad que se desvele quiénes de la sincronizada son tontos y quiénes están pagados, diferenciando entre los disciplinados colaboradores a los que se han creído hasta la última mentira y a los que desde el principio cobraron sus intervenciones mostrando un cinismo galopante.

He aprovechado para volver a ver “Traidores”, documental del director vasco Jon Viar, muy aconsejable y, lejos de ser una piedra, se ve con atención y curiosidad; a mis compañeros profesores de Historia se lo recomiendo preferentemente. Jon Viar mezcla imágenes de su adolescencia grabadas con una videocámara de aficionado con entrevistas de antiguos miembros de ETA que muy pronto comprendieron la entidad mafiosa y criminal de la banda: su padre, Iñaki Viar; Teo Uriarte; Ander Landaburu; Mikel Azurmendi —estremecedor cuando cuenta que, en plena apoteosis de sangre y fuego etarra, tenía que discutir con sus alumnos, como profesor de Ética, si el asesinato era o no éticamente reprobable—; Jon Juaristi...

De este último unos versos sobre por qué la sociedad vasca tardó tanto en poner pie en pared a los crímenes fascistas de ETA:

«¿Te preguntas, viajero, por qué hemos muerto jóvenes,/ y por qué hemos matado tan estúpidamente?/ Nuestros padres mintieron: eso es todo».

En cierto modo ETA fue otro herpes zóster sobre las lumbares de España, más agresivo, asesino, y por entonces lo padecimos sin antiviral alguno. Todos estos y muchos más que plantaron cara a la barbarie fueron invisibles primero, luego fascistas y criminales, y muchos de ellos “ejecutados”, y me quiero acordar de José Luis López de Lacalle, al que asesinó ETA.

Dos herpes zóster totalmente distintos: el primero, centenares de muertes y una democracia a punto de quebrar; este, una panda de golfetes al mando del PSOE, con una gestapillo en ciernes, todo dicho con cautela y presunción. Aunque este más moderno descansa, o soporta, o se asocia con antiguas y ahora latentes formas del nacionalismo asesino.

Pero contra esto no vale todo, ni el que pueda hacer que haga. Valen el Estado de derecho y los contrapoderes, y me alegra como ciudadano que funcionen. Europa, la justicia, la oposición y los medios de comunicación independientes son la frontera entre un Estado fallido y la actual democracia que reina en nuestro país.

Un país que no comprenden los intransigentes de uno y otro lado. Un país que se tiene que alegrar de contar entre sus juglares a cantantes como Joan Manuel Serrat, que ha visto cómo una calle con su nombre caía del callejero de la localidad madrileña de Algete; el motivo, la falta de arraigo. Serrat nos trajo de vuelta a Machado, a León Felipe, a Miguel Hernández; conjugó las distintas almas del pueblo catalán, demostrando que ni mucho menos son incompatibles, sino que son complementarias, y que sin una la otra cojea y sin la otra la primera moriría de soledad.

Autor de maravillosos discos en castellano, nombro dos de los muchos con los que he disfrutado: “En tránsito” y “Utopía”. Pero para mí su disco más sensible, y válgame la redundancia, es “Material sensible”, con canciones escritas y cantadas en catalán (“Barcelona i jo” o “La lluna”). Una delicia que nos permite pensar que el ser humano, a veces y solo a veces, deja de darse mordiscos para abrazarse.