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Un tsunami de recortes de plantilla golpeó a la industria tecnológica el año pasado: ¿qué ha pasado con las tecnológicas?
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Un tsunami de recortes de plantilla golpeó a la industria tecnológica el año pasado: ¿qué ha pasado con las tecnológicas?

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Elon Musk asumió la propiedad y dirección de Twitter con las ideas muy claras. Bajo el paraguas de devolver a la red social la libertad de expresión y la confianza en los usuarios se propuso arreglar la empresa a su manera, para lo cual puso encima de la mesa todo su músculo financiero y se ha hizo con el control de la compañía de los 140 caracteres por 44.000 millones de dólares.

Lo que sucedió en las pocas semanas desde la toma de control es bien conocido por todos: tras un primer y fulminante despido a los directivos de primer nivel y usando el pretexto de hacer la empresa sostenible económicamente, promovió una oleada de despidos masivos entre los empleados, emplazando a los que se quedaron a unos niveles de esfuerzo y compromiso nunca vistos en Twitter. El resultado: una cascada de renuncias generalizadas haciendo que la compañía pasara de tener una plantilla de unos 7.500 empleados a (se rumorea) menos de 1.000.

Esto podría ser una historia interesante y meramente anecdótica de la toma de control de una compañía, si no fuera porque muchas de las principales empresas tecnológicas de Silicon Valley estuvieron inmersas en los mismos procesos de recortes masivos de plantilla, sin haber pasado por un cambio de dueño: estamos hablando de compañías como Netflix, Meta/Facebook, Snap, Peloton, Coinbase, Lyft, RobinHood, Netflix y posiblemente Amazon.

¿Qué está pasando en las grandes empresas tecnológicas?

Muchas de las grandes empresas tecnológicas y de servicios digitales vivieron una etapa de crecimiento sostenido durante los años previos a la pandemia y en concreto un muy rápido, aunque corto, boom durante los confinamientos de hace dos años.

El número de usuarios se multiplicó generando ingresos y buenos resultados, pero incrementando el coste de operación para poder cubrir la demanda disparada y mantener unos niveles de servicio adecuados al número de usuarios (que en muchos casos no podían hacer otra cosa que consumir contenidos digitales). Los planes estratégicos contemplaron un modelo de crecimiento continuo de usuarios e ingresos y las empresas se alinearon incrementando las contrataciones.

Tras los confinamientos, una vez que las restricciones se relajaron, no se dio el crecimiento esperado, la demanda de servicios cayó, arrastrando a los ingresos, mientras que la masa salarial se mantuvo en máximos.

Todo ello generó en consecuencia malos resultados financieros que se sumaron a un modelo de subsistencia empresarial basado muchas veces en la entrada continua de inversión frente a la rentabilidad financiera. Esta inversión era cada vez más cara por la subida de tipos de interés de la Fed para intentar frenar una inflación disparada y a medida que se detiene, bajan los ingresos y aumentan los costes, la rueda se para.

¿Por qué los empleados son los más afectados?

En estas empresas tecnológicas los costes laborales son excepcionalmente altos. En muchos casos son empresas donde apenas hay activos físicos y son las personas y su conocimiento los elementos de mayor valor y mayor coste (para conseguir atraer y retener el talento).

La especialización técnica en este sector está muy valorada: la innovación o la implementación de una idea marca la ventaja competitiva frente al resto de compañías. Esto redunda en algunos casos en una “guerra de salarios” entre tecnológicas polarizadas en una región muy concreta de EEUU para captar los mejores perfiles entre los ingenieros y los directivos.

En este escenario de malos resultados y costes muy altos, las medidas más efectivas para reconducir la marcha de la empresa son atacar a los principales focos de gasto: en este caso recortar en empleados para disminuir el coste salarial. Como en cualquier proceso se prioriza y se identifican aquellas posiciones con el peor ratio aportación estratégica / coste laboral para que las medidas sean lo más efectivas posible, pero en cualquier caso los principales afectados son los empleados.

El tipo de empleador también influye

Por si el análisis empresarial no fuera suficiente, en el caso de que alguien piense que puede ser necesario aguantar y ser solidario con los empleados para mantener la paz social, no hay que olvidar que estamos hablando de empresas tecnológicas que, muchas veces, están gestionadas por los propios fundadores, con un perfil muy específico: profesionales jóvenes, atrevidos, emprendedores y que en muchos casos no buscan la riqueza económica (porque la han logrado con sus empresas, inversiones, al comprar criptomonedas… y siguen en posiciones de gestión).

Estas personas levantaron sus compañías con un grupo muy reducido de gente en el proyecto y en muchos casos no les preocupa adelgazar la estructura hasta volver a unos orígenes en los que se reconocen, a pesar de tener que estar un tiempo en el foco de atención.

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