Qué suerte la nuestra. Resulta que tenemos más en común con los inuit que con el resto de los mortales. Mientras medio mundo mira a Groenlandia con esa mezcla de envidia y frío, preguntándose por qué Donald Trump insiste tanto en meter ese bloque de hielo en su carrito de la compra de Amazon, aquí en Almería nos recorre un escalofrío de familiaridad. Y no es por el viento de Levante.
¿Qué tienen en común un pescador de Cuevas del Almanzora y un cazador de focas de Thule? Pues que ambos saben que, cuando un avión de Estados Unidos tiene un mal día, el regalito del cielo no suele ser maná, sino plutonio.
Este 17 de enero de 2026 se cumplen exactamente 60 años de aquel "encuentro cercano" en el cielo de Palomares. En 1966, un bombardero B-52 y un avión nodriza KC-135 decidieron que el cielo almeriense era el lugar ideal para un abrazo mortal. El resultado: cuatro bombas termonucleares cayendo sobre nuestras matas de tomates.
Dos años después, en 1968, los estadounidenses repitieron la jugada en la base de Thule, en la provincia danesa de Groenlandia. Otro B-52, otro accidente, más plutonio sobre el hielo. Somos, por derecho propio, los "hermanos de sangre" (radiactiva) del Ártico.
Ahora que Trump ha vuelto a la carga con la idea de que Groenlandia es "estratégica" y que la quiere "de una u otra forma" —frase que suena más a amenaza de exnovio despechado que a diplomacia de Estado—, deberíamos estar atentos.
Si el magnate neoyorquino valora tanto los terrenos donde ha dejado su impronta nuclear, ¿cuánto tardará en fijarse en Almería? Al fin y al cabo, aquí ya tiene parte del trabajo hecho. Tenemos el sol, tenemos el mar y tenemos unos 50.000 metros cúbicos de tierra contaminada en 44 parcelas que el Estado español sigue reclamando que se lleven a Nevada. Quizás Trump piense que, si compra la provincia entera, se ahorra los gastos de envío de la limpieza.
Pero no seamos egoístas, que en Andalucía compartimos las bendiciones del Tío Sam. Ahí tenemos la Base Naval de Rota, en la provincia de Cádiz (nuestro Guantánamo, como cantaba Carlos Cano en aquella habanera). Trump ya ha dejado caer que la OTAN debe ponerse las pilas y que lo de "alquilar" bases no le termina de convencer. "Se defiende la propiedad, no un arrendamiento", ha dicho el presidente para justificar su interés por Groenlandia.
Viendo el panorama, no sería descartable que cualquier mañana nos levantemos con un tuit (o un post en Truth Social) anunciando que ha hecho una oferta por el Estrecho de Gibraltar (sus amigo Mohamed VI que ya se ha quedado con el Sáhara Occidental, se apropia de Ceuta, Melilla, y las aguas de Canarias... y las pone a disposición de EEUU, y nosotros a verlas venir). Total, puestos a coleccionar puntos estratégicos, Andalucía es mucho más cómoda para jugar al golf que el permafrost danés.
Es fascinante la capacidad de Estados Unidos para considerar algo "vital para su seguridad nacional" solo cuando ya lo ha ensuciado un poco. En Palomares, 60 años después, seguimos esperando que alguien termine de recoger los trozos del "sueño americano" que se desparramaron por el campo.
Mientras tanto, en Groenlandia, los locales le dicen a Trump que "no es no". Nosotros, más modestos, solo pedimos que si se quedan con algo, sea con la factura de la limpieza que lleva seis décadas cogiendo polvo (radiactivo) en los despachos de Washington.