El 4 de septiembre de 2026 pasará a los anales de la logística contemporánea por una hazaña difícil de igualar: la provincia de Almería ha despedido formalmente al Talgo VI, el histórico convoy que durante cinco décadas la conectó con Madrid, sin que exista una alternativa ferroviaria directa a la altura. Con un acto convocado por la Mesa del Ferrocarril de Almería en la estación de Huércal de Almería —conocida técnicamente como Huércal-Viator—, se ha consumado el retiro definitivo de un tren que comenzó a rodar cuando la televisión en color era aún una novedad. Hay que reconocer que exige una creatividad desbordante conmemorar medio siglo de servicio ferroviario mandando el vehículo al desguace y dejando a la ciudadanía a expensas del autobús.
El pretexto técnico aducido por Adif y Renfe se centra en las obras de adaptación de la infraestructura en Despeñaperros para la futura autopista ferroviaria. Mientras el ministro de Transportes y Movilidad Sostenible, Óscar Puente, pregona en redes sociales las cifras récord de pasajeros en la alta velocidad de todo el Estado, en esta esquina oriental de la Comunidad Autónoma de Andalucía el progreso se mide en transbordos por carretera. Como ha recordado el coordinador de la Mesa del Ferrocarril de Almería, José Carlos Tejada, la llegada del Talgo supuso en su día un salto cualitativo en confort, climatización y tiempos de viaje. Hoy, cincuenta años después, la modernización de la línea consiste en suprimir el convoy y enviar a los viajeros en autocar hasta Granada o encajarlos en combinaciones de fortuna.
Tiene un mérito indiscutible la planificación de las infraestructuras en el Estado: para evitar que el tren sufra retrasos cronificados, la solución más limpia y radical es, sencillamente, eliminar el tren. Así, mientras la capital provincial mantiene su estación histórica fuera de servicio por las prolongadas obras de integración y soterramiento, los almerienses han tenido que acudir a Huércal-Viator para dar el último adiós a las vías. Es la paradoja perfecta del Corredor Mediterráneo: las promesas del AVE en dirección a Murcia se acumulan en los despachos ministeriales mientras el servicio convencional se evapora. La vertebración de Andalucía con el resto del Estado parece concebida aquí como un ejercicio de resistencia física y paciencia franciscana.
Si las promesas institucionales tributaran en el presupuesto público, la provincia de Almería dispondría de una red ferroviaria hiperbólica. Sin embargo, la realidad deja una imagen incuestionable: andenes desiertos, billetes combinados con autocar y una provincia que contempla cómo el resto del Estado circula a 300 kilómetros por hora mientras aquí se despide con nostalgia al último testigo sobre raíles del siglo pasado.