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Candidez venezolana
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Candidez venezolana

Por Rafael M. Martos
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martes 06 de enero de 2026, 06:00h
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El pasado sábado 3 de enero, la Puerta de Purchena no solo era el epicentro del trasiego habitual de un fin de semana previo a la Noche de Reyes en la capital; se convirtió, por unas horas, en el escenario de una catarsis. Varias decenas de venezolanos residentes en Almería se concentraron para celebrar lo que, sobre el papel, parece el guion de una película de serie B de los años ochenta: la captura del "villano" Nicolás Maduro por parte de las fuerzas de choque de los Estados Unidos para ser juzgado en Nueva York.

Resulta comprensible el alivio de quien ve caer al verdugo que ha desangrado a su tierra bajo un régimen de terror iniciado por Hugo Chávez y perfeccionado por el propio Maduro. Sin embargo, entre el júbilo y la realidad se interpone una capa de ingenuidad que, analizada con la frialdad del dato, asusta más que el propio vacío de poder. Lo ocurrido no es un triunfo de la justicia, sino un secuestro internacional ejecutado por el Estado que ha decidido, de nuevo, que el patio del colegio es suyo.

Es necesario ser rigurosos: la detención de un jefe de Estado —por muy dictador, sátrapa y ladrón de elecciones que sea— solo tiene encaje legal bajo el mandato de organismos como la Corte Penal Internacional. Ya existen precedentes con órdenes contra Vladímir Putin o Benjamín Netanyahu, sujetos que ven limitada su movilidad a países que no reconocen la jurisdicción del tribunal. Pero lo de Donald Trump ha sido una maniobra radicalmente ilegal que sienta un precedente aterrador. ¿Qué diría esa misma comunidad internacional que hoy calla si Putin decidiera "capturar" a Zelenski bajo sus propios criterios de justicia? El método importa, porque cuando el sheriff se salta la ley para atrapar al forajido, la ley deja de existir para todos.

Pero lo más fascinante de este episodio es la fe ciega en las intenciones de Trump. Pensar que al inquilino de la Casa Blanca le preocupa la libertad de Venezuela es de un candor casi infantil. A Trump solo le importa Trump. A Trump ni tan siquiera le importan los EE.UU. Su hoja de ruta no pasa por restaurar la democracia, sino por gestionar una colonia energética. Lo primero que ha mencionado tras el "arresto" no ha sido la libertad de los presos políticos, sino el control estadounidense sobre el petróleo venezolano. Trump no se esconde, y por eso tan alucinante que algunos no le vean.

La jugada maestra del cinismo llega con la posible transición. Resulta que el magnate está dispuesto a entenderse con Delcy Rodríguez, vicepresidenta de Maduro y cómplice necesaria de cada uno de los delitos que se le imputan al dictador. ¿Por qué ella y no la opción democrática? Porque Trump le tiene jurada la cuenta a María Corina Machado. En su particular cosmovisión, ella le "robó" el Nobel de la Paz al erigirse como la auténtica líder de la resistencia. Para Trump, María Corina no tiene "apoyo popular", una afirmación que se estrella contra cualquier hemeroteca fotográfica de los últimos años, pero que le sirve de excusa para no ceder el poder a quien no puede controlar.

La paradoja para los venezolanos que gritaban entusiasmados en el centro de Almería es sangrante. Han jaleado al mismo hombre que, en su reciente discurso en Mar-a-Lago, metió en el mismo saco a todos los venezolanos residentes en Estados Unidos, vinculándolos directamente con la delincuencia callejera, las enfermedades mentales y el crimen organizado. Para Trump, el venezolano no es una víctima a rescatar, sino un elemento sospechoso al que hay que expulsar de los EE.UU. y qué mejor que una Venezuela que ahora los acoja, y además, ya puestos, trague con acoger a todos los demás americanos del centro y el sur que a él le de la gana.

Si a este Estado le importaran los derechos humanos, no mantendría su idilio estratégico con la dictadura de Marruecos o con el régimen de Arabia Saudí. Lo de Venezuela es un experimento de la nueva Doctrina Monroe. La traducción real de "América para los americanos" nunca fue la protección del continente, sino la propiedad absoluta de los estadounidenses sobre el suelo ajeno. Venezuela es hoy el laboratorio; mañana podría ser Groenlandia, territorio que Trump ya ha codiciado abiertamente.

No nos engañemos. La democracia no va camino de Caracas; lo que va de camino es un consejo de administración que busca aumentar la cuenta corriente de la familia Trump y sus acólitos. Es triste ver cómo un pueblo que ha sufrido tanto se entrega a los brazos de un matón que los desprecia en sus discursos oficiales. El régimen de Maduro era una satrapía insoportable, pero sustituirla por un protectorado extractivo bajo el mando de un "sheriff" que desprecia la legalidad internacional no es un avance, es simplemente un cambio de dueño.

Rafael M. Martos

Editor de Noticias de Almería y Coordinador de la Delegación en Almeria de 7TV Andalucía

Periodista. Autor de "No les va a gustar", "Palomares en los papeles secretos EEUU", "Bandera de la infamia", "Más allá del cementerio azul", "Covid19: Diario del confinamiento" y "Por Andalucía Libre: La postverdad construida sobre la lucha por la autonomía andaluza". Y también de las novelas "Todo por la patria", "Una bala en el faro" y "El río que mueve Andorra"