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Casi 21 millones de anormales

viernes 15 de noviembre de 2019, 11:32h

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Si hay alguien derrotado en la batalla del lenguaje progresista –suponiendo que tal contienda exista- no es otra formación política que Vox, como quedó patente hace unos días, cuando en una tertulia que compartí en esRadio Almería con Rocío Oureiro, dirigente de esta formación política, rechazó que la calificase de ultraderecha.

Respondió preguntándome que con qué criterio les llamaba así, y se lo dije muy clarito: si el PP es la derecha, y ustedes están a su derecha, son la extrema derecha. Igual que Podemos, que si está la izquierda del PSOE es la extrema izquierda… hasta que haya alguien más allá.

Acto seguido afirmó que “ahora se llama ultraderecha a la gente normal” y tiró de argumentario para acusar “a la prensa” de esa definición, olvidando que tenía en frente a un periodista, y a su derecha a otro, ambos con opiniones distintas en unas cosas, similares, en otras e iguales en alguna más.

El caso es que lo que me llamó la atención fue eso de “la gente normal”, porque rápidamente eché cuentas y advertí que, claro, este país no funciona porque hay 20.725.788 personas anormales, quién sabe si para ellos, además, se nos puede llamar directamente subnormales.

Como puede observarse, el término “extrema derecha” es reconocido por Vox como una descalificación, que es precisamente lo que desde la progresía se entiende que es, un insulto. No he conocido nunca a un socialista que reniegue de serlo, ni de personajes controvertidos como Pablo Iglesias o Largo Caballero, a ningún comunista que se altere cuando se lo llaman, o que ponga en cuarentena a Carrillo, La Pasionaria, Lenín, el Ché o Marx, y sí he visto como la gente del Partido Popular se autodenomina de centro-derecha, o directamente de derechas, sin ningún complejo… en cambio, los de Vox, como pasó en esta tertulia, se enfadan si se les ubica en el arco ideológico a la derecha de la derecha.

Esto quiere decir que, o han asumido los criterios de lo que ellos descalifican como lenguaje progre, en el que ser de derechas es malo, y ser de extrema derecha, extremadamente malo, o es que no se dan cuentan de que lo normal, lo realmente normal, es no ser de Vox. Y es que en realidad lo normal, lo realmente normal, es que seamos distintos, diversos, en nuestras ideologías políticas, en nuestros sentimientos nacionales, en nuestros afectos físicos, en nuestras creencias religiosas, en el color de nuestros ojos, en nuestro pelo, en nuestra piel, en nuestro idioma, en las películas que nos gusta ver o en los libros que nos gusta leer.

Lo normal es ser diferentes.

Rafael M. Martos

Editor de Noticias de Almería

Periodista. Autor de "No les va a gustar", "Palomares en los papeles secretos EEUU", "Bandera de la infamia" y de "Más allá del cementerio azul".