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Ciudadanos: De solución a problema

jueves 27 de junio de 2019, 08:32h

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El tacticismo con el que Albert Rivera lleva dirigiendo Ciudadanos desde hace años parece –solo parece, que en política… en fin, ahí está el ejemplo vivo de Pedro Sánchez (PSOE), aunque también está el de Rosa Díez (UPyD)- que le está pasando la factura definitiva.

No es comprensible que un partido nacido contra el nacionalismo catalán, rechace presentar batalla para la presidencia de la Generalitat a pesar de ser quien ganó las elecciones autonómicas, ni que se niegue a encabezar una moción de censura… aunque pierda la votación en el Parlament. Se trataba de marcar las dos facciones, y también –lo que habría sido su mayor rédito- de evidenciar quién lidera en Cataluña la oposición.

Tras dejar empantanada aquella comunidad, Inés Arrimadas se va a Madrid, como antes han ido haciendo todos los líderes generados allí por esta formación empezando por el propio Rivera, desmantelando el partido en su propio feudo, dejando a los independentistas avanzar a sus anchas en el Parlament mientras en la calle, curiosamente, van retrocediendo… lentamente.

Un partido que era visto como punto de equilibrio a nivel estatal, que iba a servir para que PP y PSOE no tuvieran que pactar con los nacionalistas, resulta que se ha convertido en el mayor escollo para la gobernabilidad.

Si miramos en el caso del Gobierno central, es incomprensible que si el presidente llama a un líder de otro partido, éste se niegue incluso a asistir a una reunión. Es incomprensible que Rivera hable de que “con el PSOE de Sánchez” no pactará, cuando él mismo firmó un acuerdo con Sánchez, le votó a favor en una investidura, y luego se acabó absteniendo para que triunfara la moción de censura en la que, como era manifiesto, éste necesitaría de los nacionalistas y Podemos para gobernar.

Ahora ni tan siquiera se sienta a hablar con Sánchez. El motivo es que su estrategia es aparecer como la alternativa al PSOE, ocupar el espacio natural del PP, que estaría muy bien si hubiese logrado superar en votos y escaños a los de Pablo Casado, lo que no ha ocurrido hasta ahora, y eso que es el peor momento en la historia electoral del centro-derecha.

Por otro lado, es la china en el zapato de todas las negociaciones que suponen la alternativa a los gobiernos de izquierda, pero también a los gobiernos regeneradores.

Ya lo vimos en Andalucía, que los que venían a regenerar, le acabaron dando oxígeno a un moribundo y corrupto PSOE, y en Madrid, a quien han ido sosteniendo ha sido a un PP sobre el que la sombra de la corrupción cada vez es más alargada.

No se puede pisar un charco y presumir de que no te has mojado. Para construir esa alternativa a la izquierda a la que con tanto afán se ha dedicado Rivera tras constatar que el PSOE había recuperado su electorado más socialdemócrata, Ciudadanos no solo necesita al PP –a quien curiosamente quiere comerle terreno- también necesita a Vox.

La estrategia de una simplicidad insultante. Si necesitas a Vox, lo lógico es que hables con ellos e intentes llegar a acuerdos, y si es imposible, que lo digas, y si hay algún punto en común también. Lo que no es serio es que pretendas que otro partido te de sus votos a cambio de nada, ni pedírselos, solo porque sois el yerno y la nuera perfectos.

Lo normal es lo que hace el PP, a quien no le hace gracia Vox porque más allá de la cuestión ideológica –en algo coinciden, pero es mucho más lo que les separa-, los de Casado son conscientes de que no les interesa darles visibilidad porque eso puede jugar electoralmente en su contra, puede suponer un coste importante de votos… tanto aquellos que se pasen a Vox, como aquellos que les abandonen por esa aproximación. Pero saben que solo pueden crear alternativas a la izquierda así.

No, esas alternativas están siendo boicoteadas por Ciudadanos, que quiere mantener una imagen de virginidad inasumible en quien lleva tantos años en política.

Si no hay nada que negociar con Vox, pues se dice, y si eso supone que gobierne la izquierda, pues se explica la decisión. Lo ridículo es hacer que pacte el PP, para luego hacerlo con ellos, y no sentirse obligados por compromisos en los que no has participado, pero que son imprescindibles para que tú toques poder.

Ojo, y lo de Vox no es muy diferente. Están dispuestos a que gobierne la izquierda si ellos no tocan pelo… los que no querían cargos, los que decían que había que reducir los políticos y la administración, los que criticaban las subvenciones a los partidos… y míralos, han tardado menos que Podemos en adaptarse.