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Colaborar no cuesta tanto

viernes 11 de octubre de 2019, 20:04h

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Como saben y no me cansaré de repetirlo, en Níjar hemos atendido en apenas dos semanas a más de 1400 familias con problemas serios, de los de verdad, de esos que pueden marcar tu futuro inmediato, a raíz de las lluvias torrenciales del pasado viernes 13 de septiembre. Podría volver a explicarles, pero no lo haré tranquilos por ello, en qué consiste esa avenida de 1000 años que sufrimos en pleno corazón productivo de la comarca en la que más hectáreas de producto ecológico hay en Almería. Todo eso es real, y junto a ello, es cierto, tenemos redes de abastecimiento que literalmente han sido barridas por las aguas y, de paso, toda una serie de servicios públicos que han sufrido enormes daños. Vamos que donde no falla internet, tenemos puntos negros de aguas residuales que sencillamente, con nuestros medios y los que nos han prestado, aún no hemos dado abasto para volver a la normalidad.

Ahora bien. Tenemos dos caminos a seguir. Uno de ellos es ponernos a lanzar dardos envenenados contra las administraciones por el uso que se hace de los fondos de emergencia, y así nos quitamos la presión social de encima, o apretar los dientes y mirar cada mañana a nuestro entorno más cercano para motivarte aún más en encontrar las soluciones precisas.

Les aseguro que viendo algunos comportamientos la tentación de tirar por la calle de en medio, y más ahora que estamos de elecciones, es sensiblemente importante, pero el problema es la distancia. Y me explico.

Yo vivo en mi pueblo, cada mañana bajo al mismo bar, veo a mis vecinos, me paro con ellos y sencillamente no les puedo mentir. Será un problema o virtud de la educación recibida, pero no estamos para engañar así que cuando voy en el coche que yo conduzco al despacho de Alcaldía, paso por alguno de esos lugares que aún están afectados, por otros que ya están en vías de solución y me digo a mi misma: “Esperanza no pierdas la esperanza”.

Les cuento esto porque cuando veo comunicados de grupos ecologistas denunciando los vertidos de los plásticos en las ramblas, y son ciertos, o a los vecinos organizándose para denunciar públicamente la tardanza en la llegada de los medios públicos para darles una solución, y tienen razón, creo que no calibran el daño colectivo que generan.



Para bien o para mal vivimos de la agricultura y del turismo, y si somos nosotros mismos quienes nos ponemos en primera fila para lanzarnos piedras sobre nuestro propio tejado, pues al final puede que el tejado ceda y todas las piedras acumuladas ahí terminen cayendo a plomo sobre nuestros dos sectores estratégicos. Es decir, que sólo es necesario que ese mensaje llegue a los grandes operadores para que se fijen en otros lugares, como Marruecos, para comprar allí ecológico. Y cuando digo allí me refiero a donde me da la impresión que ni se paga la Seguridad Social que se paga aquí, ni se es tan estricto con las certificaciones, y para qué contarles de los vertidos de plásticos en ramblas.

Igual pasa con el sector turístico. Si nos ponemos a vender que esto es la debacle total, obviamente aquellos que vienen buscando un lugar idílico como el Parque Natural de Cabo de Gata Níjar, sencillamente van a correr su ratón del ordenador a derecha o izquierda del mapa a la hora de elegir destino. Y esos que viven del turismo, del alquiler vacacional y todas esas cosas que están empezando a funcionar bien, pues sencillamente se esfumarán, porque el mercado es así de severo.

No se trata de ocultar nada, sino de tomar conciencia de cuál es la situación, de los medios que tiene cada administración y ver cómo podemos ayudar cada uno desde nuestro estricto ámbito de influencia. Nos faltan manos, máquinas y dinero para poner en orden un sector productivo que ya casi tenía que estar produciendo. Si salvamos la campaña agrícola, para lo que correremos como les aseguro que nunca hemos corrido, nos centraremos en tener todo listo para la campaña turística, pero ahora mismo lo que necesitamos son manos que nos ayuden, no palmas abiertas que nos den collejas desde nuestra propia casa.

Vamos que colaborar no cuesta tanto y con no empeorar la situación, ya vale.