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#COVID19 día 84
Y en esto asesinaron a George Floyd

sábado 06 de junio de 2020, 19:00h

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El asesinato del negro George Floyd bajo la rodilla del policía blanco Derek Chauvin nos ha devuelto a la normalidad que estaba ahí, que seguía ahí, y que sigue estando por mucho que nos empeñemos en creer que existe una nueva normalidad tras la pandemia del COVID19.

El crimen ha conmovido al mundo, pero no todos lo ven así. Ha ocurrido muy lejos de aquí, donde ya tenemos nuestros propios problemas, y allí donde se ha producido, la brutalidad policial no es ninguna novedad. ¿Entonces qué hace especial este hecho para que todos hablemos de que Black Lives Matter?

Es posible que la proximidad de las elecciones en los Estados Unidos tenga algo que ver con el modo en que se ha expandido la llama, pero tampoco ha ayudado a apagarla el bocazas que tienen como presidente, ejemplo vivo de lo imperfecta que es la democracia.

Es posible que este crimen se esté utilizando para erosionar la popularidad de Donald Trump, y probablemente muchos de los que salen la calle a protestar, en realidad lo están haciendo por una lista muy larga de motivos, en los que la vida de George Floyd no aparece entre los primeros.

Pero nada de eso puede ocultar la realidad, y es que un policía, ante la mirada impasible de sus compañeros, ahoga a un hombre esposado bocabajo contra el asfalto, a pesar de que susurrar que no puede respirar, y todo porque podría haber usado un billete falso en una compra.

Nada de eso puede ocultar que el presidente de los Estados Unidos, en vez de condenar el hecho y anunciar que el peso de la Ley caerá sobre los autores del delito, echa gasolina a las calles incendiadas, viendo como sus adversarios políticos, también en esto una forma de reforzar su imagen electoral.

He visto un vídeo en el que una mujer negra grita a una joven blanca que alza un cartel en memoria de la víctima, que todos los días negros matan a negros en barrios negros, y nadie dice nada, que entonces nadie grita “las vidas negras importan”, y que los blancos solo salen a lavar su conciencia blanca, cuando el autor del crimen es un policía blanco. Bueno, un policía blanco que desde 2001 en que trabajaba en el Departamento de Policía de Mineápolis cuenta con 18 quejas en su registro oficial, dos de las cuales terminaron en medidas disciplinarias por parte del departamento y entre las que se incluían cartas oficiales por represión, estuvo involucrado en tres tiroteos, uno de los cuales tuvo víctimas mortales; y su compañero, en 2019 fue demandado por brutalidad policial, asunto que fue resuelto fuera de los tribunales por 25.000 dólares.

Y tiene razón esta mujer. Pero se queda en la espuma. Si miramos las estadísticas de los EEUU, los blancos son una minoría en prisión, y aún menos los que acaban condenados a pena de muerte, y no son blancos con quienes se ceba principalmente el desempleo, pero sí son blancos la mayoría de los que siguen sus estudios hasta la universidad, y no son blancos la mayoría de quienes reciben educación o sanidad pública. La crisis sanitaria del COVID19 se ha cebado con los barrios no blancos, y la crisis económica lo mismo. Barrios pobres en los que los pobres matan a los pobres, y nadie responde por qué precisamente los pobres tienen ciertos rasgos raciales comunes.

Igual que sabemos que aquí policías con ese historial no estarían patrullando sino expulsados del Cuerpo, también sabemos que aquí sucede algo similar con los gitanos, o con quienes son de origen magrebí, o sudamericano, por mucho que hayan nacido aquí.

¿Cómo es que hay tan pocos gitanos en nuestras universidades? ¿cómo es que hay tan pocos gitanos médicos, abogados, jueces, policías, maestros…?

Solo hay dos respuestas posibles. Una es que los negros, los gitanos… son razas inferiores y por tanto incapaces de alcanzar cierto nivel intelectual o profesional, y la otra es que el mismo sistema que consagra la igualdad entre todos los ciudadanos, tienen suficientes candados echados como para impedir que ésta se produzca.

Contra eso protestan en los EEUU, y también contra eso deberíamos protestar aquí, porque quienes echan por encima de todo esto el velo de la distancia física que nos separa, deberían plantearse cómo actuarían si se tratase de un joven policía blanco asesinado en un callejón por tres delincuentes negros, y el presidente Barack Obama hubiese dicho algo así como que cometió el error de meterse en el barrio equivocado.

Como diría El Drogas, siempre, siempre… oveja negra.

Rafael M. Martos

Editor de Noticias de Almería

Periodista. Autor de "No les va a gustar", "Palomares en los papeles secretos EEUU", "Bandera de la infamia" y de "Más allá del cementerio azul".