Parece que en la política del Estado, el tiempo no es lineal, sino un círculo vicioso que siempre pasa por el despacho de María Guardiola Martín. Tras el sainete de 2023, donde la presidenta extremeña pasó de jurar que no dejaría entrar en su Gobierno a quienes negaban la violencia machista a tener que tragarse el sapo por orden directa de Madrid, la historia se repite con el rigor de una tragedia griega... o de una chirigota mal ensayada.
En las recientes elecciones de diciembre de 2025, el Partido Popular de Guardiola ha sacado músculo logrando 29 escaños, rozando la mayoría absoluta y triplicando casi los 11 obtenidos por la formación de Santiago Abascal. Con estos datos en la mano, cualquier mente racional —fuera de la M-30— entendería que quien tiene 29 escaños marca el paso y quien tiene 11, si acaso, elige la música del baile. Pero no. En el mundo al revés de las negociaciones actuales, Vox pretende imponer su criterio como si los votos valieran el triple cuando se gritan con más fuerza.
Lo de Vox en el anterior Ejecutivo fue un "vini, vidi y me fui". Entraron a golpe de ultimátum, no gestionaron nada que merezca un párrafo en los libros de texto y se marcharon por una pataleta con los menores extranjeros no acompañados. Ahora, tras el 21-D, vuelven a las andadas con un bloqueo que huele a rancio.
Pero lo más curioso es el papelón de Génova 13. Mientras Alberto Núñez Feijóo se llena la boca diciendo que es un "insulto democrático" que el partido minoritario imponga su programa al mayoritario, por debajo de la mesa le dan codazos a Guardiola para que ceda. Es el arte de la ventriloquía política: Feijóo dice "libertad" mientras las manos de su aparato presionan para que la presidenta acepte cualquier ocurrencia de Vox con tal de no dar un titular de inestabilidad.
Guardiola, que ya sabe lo que es que te falten al respeto desde el socio de al lado —recordemos los insultos que tuvo que digerir en la anterior legislatura—, parece ser la única con memoria en esa Comunidad Autónoma. Sabe que el PP no puede ser un "Vox de marca blanca". Es ella quien ha dicho que el PP no se puede travestir de Vox, que es lo mismo que dice Feijóo, pero luego... en realidad ella es la única coherente. Si el PP tiene 29 diputados es porque los extremeños quieren políticas del PP, no un karaoke de los postulados de Abascal.
A ver si nos aclaramos:
Si hay gente en el PP que está deseando claudicar ante cada exigencia de Vox, quizá el problema no sea de aritmética parlamentaria, sino de identidad. Deberían decidir si quieren gobernar o si prefieren ser los teloneros de un espectáculo que ya sabemos cómo termina: con la silla vacía y la gestión a medio hacer. Debería mirarse en el espejo y reflexionar sobre si lo suyo es el PP o Vox... y oiga, igual se van a Vox y el PP pierde votos y escaños... o igual no, igual hay quien quiere votar al PP pero tiene reparos por si acaban implementándose políticas de Vox, que esto de la política es muy puñetero.
Guardiola está ejecutando lo que Feijóo solo se atreve a decir en los mítines. Veremos quién parpadea primero, si la coherencia de Mérida o el pánico de Madrid.