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Demoler la reconciliación

miércoles 16 de septiembre de 2020, 15:02h

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Tampoco conviene darle muchas vueltas. El anteproyecto de Ley de Memoria Democrática que corrige -para aumentarlo- el error de la Ley de Memoria Histórica de Zapatero no es más que un intento de demoler la reconciliación sobre la que se basó la Transición coronada en la Constitución de 1978. No merece la pena entrar en detalles y remover duelos y quebrantos comparativos de un pasado en el que los supervivientes acordaron darse la mano y decidir que ya no habría más “mis muertos” ni “sus muertos”. Desde que el franquismo perpetró aquella asignatura lisérgica que era la Formación del Espíritu Nacional, no se había vuelto a ver en España un intento más burdo de moldear conciencias o de, como decía la propia CIA de su actuación de cara a la población vietnamita durante la guerra, “ganar los corazones y las mentes de la gente”.
Pero no caigan en la trampa. Hablar de los muertos del pasado y de las tragedias e infamias que nuestra última guerra civil esparció con abominable generosidad en ambos bandos evita que se hable de lo que ha pasado en la pandemia y de lo que va a pasar este otoño cuando esos efectos empiecen a verse directamente en los frigoríficos de millones de familias. Llámenme loco, pero es muy estúpido centrarse en reescribir lo sucedido hace noventa años y olvidar lo sucedido hace noventa días.
“Nos conviene que haya tensión”, cuchicheó Zapatero a su periodista-confesor de guardia en un descuido microfónico. Han pasado ya doce años de ese momentazo y desde entonces vivimos en una espiral de debates prefabricados y agitaciones de laboratorio sociológico. Pero Franco lleva muerto 35 años y no interesa a nadie más que a los que han encontrado en su momia un rico filón para nostálgicos de lo que nunca sucedió y prescriptores democráticos de carnet en la boca. Y algo aún más importante: se quiere revisar un periodo sobre el que ese estableció una necesaria, justa y útil amnistía, y vamos a crear una Fiscalía especial para investigar presuntos crímenes que han prescrito y cuyos autores han muerto.
Tenemos casi cuatrocientos asesinatos de ETA aún por esclarecer, pero vamos a dedicarnos a buscar herederos del franquismo, igual que después de la guerra los delatores señalaban a los vecinos y compañeros de trabajo que se habían significado a favor de la República. La diferencia es que ahora los herederos de ETA son los que sostienen ahora a este lamentable gobierno, aparentemente incapaz de frenar su deslizamiento por la pendiente del rencor y la incapacidad. No les sigan el juego.

Jose Fernández

Periodista.Asesor de Prensa
en el Ayuntamiento de Almería.