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Falta de confianza en la Justicia

martes 25 de febrero de 2020, 13:39h

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El Caso Poniente viene a incrementar la desazón social respecto a la Justicia, la desconfianza en un sistema, que entendemos que no es independiente y que está manchado por los intereses partidistas. La resignación se ha afianzado en cada uno de nosotros y ya nada nos sorprende. Diez años para juzgar una trama que desde el primer momento vimos que no había mucho interés en aclarar. El principal objetivo era sacar del panorama político a determinados individuos que arrasaban en las urnas. Una vez conseguido eso, todo lo demás, parece no tener importancia.

El proceso comenzó con un gran despliegue policial que revolucionó toda la provincia. Había que dar ejemplo, había que demostrarle a la sociedad, que contra los malos se actuaba contundentemente. A partir de ahí todo se ralentizó. Muchas justificaciones para explicarnos por qué se tardaba tanto en juzgarla, falta de personal en los juzgados, la complejidad de la trama, los cambios de jueces. Ahora una vez comenzado el juicio, vemos que han prescrito muchos de los delitos y veremos que terminará con una sentencia simbólica, porque los verdaderos culpables ya no tendrán edad, o salud, para entrar en la cárcel, y con la certeza de que el municipio de El Ejido no recuperará los millones desaparecidos.

No interesa aclarar estos casos porque al final vienen a demostrar que el sistema es el que está corrupto, y que nadie, sea el partido que sea, tiene las manos limpias. Enciso, Bárcenas, Urdangarin, Chaves, son ejemplos de lo mismo. Ellos no han hecho nada diferente a lo que hicieron, y siguen haciendo, sus compañeros, solo que a ellos los han pillado. Denuncias anónimas, o de resentidos por no llevarse su parte, que en un principio todos quieren ignorar, intentado que la marea se lleve la porquería, hasta que es tanto el revuelo mediático que no tienen más remedio que actuar. En ese momento los señalados se quedan solos, nadie quiere acercarse a ellos por si quedan retratados. Todos amenazan con tirar de la manta, pero nadie lo hace, porque sino todo estallaría en mil pedazos. En el aire quedarán la sospechas de pactos, de compensaciones, de que nos han vuelto a tomar el pelo, de que la justicia no es igual para todos.

Unos cuantos años de cárcel para calmar a las masas, multas que no pagarán en su totalidad, y luego a seguir viviendo, a cobrar los favores prestados, a seguir utilizando el silencio como su mejor fuente de ingresos.

Todas las penas que le caigan serán pocas, porque más que por el dinero que nos han robado, y que nunca devolverán, deberían pagar por destrozar la confianza social en el sistema judicial, en el sistema político, en la democracia. Deberían ser juzgados por abuso de poder, por humillarnos, por reírse en nuestras narices, por hacernos sentir indefensos e inferiores.

El Caso Poniente volverá a ser una nueva oportunidad perdida para recuperar la confianza en el sistema, pero la banca siempre gana.