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La Estación: Rehabilitada, sucia e invisible

Por Jose Fernández
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martes 20 de julio de 2021, 17:17h

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Resultaba admirable la propensión multiespacial que hasta hace poco venían mostrando los concejales del PSOE de Almería (no hay afán que se sostenga con constancia en el espíritu gandulóide) por destacar la suciedad en nuestra ciudad. Allá donde el móvil pudiera retratar un detrito o enmarcar una cochambre, volaban raudos los ediles para grabarse con tono aquejado y pena sobreactuada. “Qué desastre, qué suciedad, qué porquería”, decían mirando a cámara. “La culpa es del alcalde”, solían concluir todos, antes de poner una mueca de desagrado como si efectivamente hubieran percibido el aroma de un gas innoble.
Es hasta cierto punto lo normal y esperable en una oposición centrada en el señalamiento del defecto. Ya lo hizo en su día el PP cuando basó buena parte de la campaña que le llevó al poder municipal en 2003 en el calamitoso estado de la limpieza urbana de Almería durante el último gobierno PSOE-IU, cuando la concejal responsable (omitamos el nombre por prescripción temporal y generosa) decía que las playas de Almería no se podían limpiar bien “porque eran muy largas”, o cuando había denuncias de que las suelas de los zapatos se quedaban pegadas al suelo por el efecto adhesivo de la mugre. Era un equipo de Gobierno nefasto y dividido que jamás supo tomar el pulso a los problemas de la ciudad. La labor del PP desde la oposición, hablando de eficacia en lugar del caos municipal tuvo una gran acogida en las urnas. Pero no hablemos del pasado.
Volvamos al rabioso presente y a la inexplicablemente interrumpida campaña de denuncia basurera del PSOE, que ha recurrido al cinema-verité para mostrar las carencias y fallos propios de la limpieza urbana en una ciudad como Almería.
Buscar suciedad en esta ciudad no es como ponerse con un cedazo en la orilla del Yukón a intentar dar con pepitas de oro, como los mineros de Jack London. En Almería, la suciedad está más a flor de piel y tiene aire de taranta, como cantaba Antonio Molina en la mina. Cuando no sopla el viento no cae la lluvia, pero nunca falta la precipitación de los marranos, que hacen de su capa no ya un sayo, sino la pasarela Cibeles de todo el clero. Ahora bien, lo que no sabíamos, y eso es un hallazgo que debemos agradecer a los concejales socialistas, es que en Almería coexiste una porquería visible y achacable con una basura invisible e inetiquetable. Me explico.
Sacaba hace unos días LA VOZ DE ALMERIA una información de Lola González sobre el estado de las obras de rehabilitación de la vieja estación de tren. Las obras, que sufrieron un inesperado parón en cuanto llegó Sánchez al poder y que, de repente, pasaron a estar afectada por "vicios ocultos" que retrasaron el proceso iniciado por el último gobierno del PP, se encuentran ahora en un estado de indeterminación temporal (no se sabe bien cuándo estarán totalmente terminadas) y sobre todo, en un limbo de futuro porque a diferencia de lo acordado con el último gobierno de Rajoy, el de Sánchez no ha dicho aún que la estación vaya a ser patrimonio de todos los almerienses para que los almerienses hagamos allí lo que estimemos oportuno. Pero no entremos en cuestiones técnicas y administrativas que puedan estropear la luminosidad veraniega. Centrémonos en la clave de la que, hasta ahora, se había ocupado el PSOE municipal: la estación está sucia. Muy sucia.
Y ustedes, que son lectores lógicos y comprensivos, pensarán que la culpa es del alcalde, como todo en la ciudad. Pero no. Esas obras son competencia del Gobierno y la porquería que empieza amontonarse en el interior de la estación debe ser retirada por los que se encargan de la obra y la mantienen cerrada. Esperábamos con interés el plano-secuencia de los concejales socialistas en plan Patrulla de los Vengadores, con Mister Proper, Madame Ariel o el Capitán Fairy, pero no. Los concejales socialistas, ellos, ellas y elles, han dejado pasar esta nueva oportunidad de usar la prensa como preludio de sus denuncias políticas. Nada. No han dicho nada y, con la bizarría propia del que no se atreve jamás a levantar la voz contra los intereses del señorito, han optado por el silencio. Un silencio eterno y mudo como el recuerdo, que dice Bisbal. Pero bueno. Son como son y tampoco nos vamos a extrañar.
Usted puede tener las simpatías que quiera y votar a quien considere o le caiga menos mal. Pero creo que en 2021, a estas alturas, los almerienses nos merecemos pagar sueldos públicos a políticos que ante la suciedad, la basura o la injusticia, miren antes por Almería y los almerienses que por el organigrama o los intereses del partido que les sostiene. Y estamos a la espera de que nazca un socialista algo más claro y con más gana de aventura, como decía Federico de su amigo torero muerto. Cada cual tendrá su opinión, pero a mí me produce una pena fronteriza con el desprecio ver que hay políticos capaces de denunciar los días sin obras del AVE si se los pueden achacar a otro partido y luego se callan cuando el que no hace las obras es el suyo. O políticos que no dudan en denunciar -y con razón- la suciedad si es que se la pueden achacar a un partido diferente, pero que luego fingen no ver esa misma porquería si el responsable es de su propio partido. Luego dicen no entender las razones que les llevan a acumular ya 18 años de oposición en el Ayuntamiento. Y que al paso que van, serán muchos más.

Jose Fernández

Periodista.Asesor de Prensa
en el Ayuntamiento de Almería.

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