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La Tarifa Pingurucho

Por Jose Fernández
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domingo 21 de junio de 2020, 10:18h

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El Gobierno acaba de subir el precio del billete de tren a los almerienses. En los coletazos del estado de alarma, se han cargado de un plumazo la llamada TARIFA ALCAZABA, que era una rebaja de precios compensatoria del pésimo servicio ferroviario que padecíamos los almerienses. Aunque llegó con el retraso habitual que caracteriza a las promesas del PSOE (anuncio + portada = olvido) puede que recuerden el desvergonzado montaje con el que se presentó la medida a la sociedad almeriense: en plena campaña electoral, la medida la dio a conocer en la Subdelegación de Gobierno el candidato al Congreso por el PSOE, Fernando Martínez. Lo recuerdo para la próxima vez que los socialistas pretendan dar una lección o dictar una conferencia no solicitada sobre el uso partidista de las instituciones.
Pues bien, la tarifa ya es historia. Los trenes a Madrid no han mejorado ni han cambiado nada. Seguimos saliendo y llegando desde Huércal y empleando las mismas casi siete infames horas de viaje, con la única diferencia de que ahora lo pagamos el doble. ¿Se imaginan el festival de duelos y quebrantos que nos habría servido el PSOE si el que hace esto es un gobierno del PP? Faltaban ataúdes y negros para bailar entierros en la puerta de esa misma subdelegación publicitaria del Gobierno.
Pero eso no es todo. La noticia de la subida de precio del tren llega pocos días después de que el Gobierno (el del abrazo, el de la dignidad, el de los derechos civiles y humanos, el de la gente, el de la sostenibilidad ecofeminista superdrástica) se cargase la mitad de los vuelos de Almería con Sevilla. Otra maniobra que, de haber sido realizada por quienes ustedes ya saben, habría ardido Troya. Pero no habrán visto reacciones airadas, ni portadas explosivas, ni anuncios de manifestaciones, ni nada. La Coral Vajillas de la reivindicación infraestructural, tan activa, tan indignada, tan justiciera y tan almeriense, tiene a la mesa de sus quejas donde el arpa del poeta: en un rincón oscuro, silenciosa y cubierta de polvo.
Y un apunte más. Ese silencio generalizado y esa sumisa asunción del maltrato provincial tiene también otros frentes de callado aguante. ¿Sabe alguno de ustedes cómo van las obras de ampliación del Paseo Marítimo que estaban en marcha en el último gobierno del PP y que este gobierno tan guay ha paralizado? ¿Sabemos algo de los trabajos de rehabilitación de la vieja estación, ese monumento histórico y sentimental de todos los almerienses que también paralizó hace muchos meses nuestro dialogante y progresista gobierno PSOE-PODEMOS? Nadie sabe nada. Y el personal, tragando de lo lindo.
Menciono estos asuntos porque, llámenme loco, creo que forman parte de la realidad cotidiana de todos los almerienses vivos y son parte fundamental de la hoja de ruta que debería llevar a Almería a un escenario de progreso y desarrollo. Asuntos que importan a todos los almerienses porque, como diría alguna ministra-faro, nos va la vida en ello.
Por tanto, creo que una medida que contó para su presentación (por su alcance para la calidad de vida de todos los almerienses, decían) con un despliegue informativo y publicitario ciertamente inaudito, debería contar para la comunicación de su cancelación con algo semejante. Pues no. ¿Saben dónde estaba ayer el presentador de la medida, Fernando Martínez? Pues dirigiendo un recital de la Coral Vajillas con el monotema del traslado del Pingurucho. Las comunicaciones de Almería en el S.XXI, que tan importantes eran en campaña electoral, ahora ni ocupan, ni preocupan. El sitio donde esté el monumento que recuerde un epsodio de 1824 que no interesa a casi nadie salvo a ellas y ellos, sí.
Y les da igual que los almerienses no les acompañen en los tostones que pegan. Les da igual que los almerienses votaran mayoritariamente una reforma de la Plaza Vieja. Y ahora van a los tribunales a intentar retrasar y paralizar el proyecto. Maniobrar para ganar en los tribunales tiempo para seguir haciendo ruido y prolongar todavía más la conclusión de una actuación necesaria y urgente para reactivar el centro (llevamos veinte años hablando de una Plaza que tal como está no es que esté vieja, sino que está momificada) es una alcaldada retrospectiva que forma parte de la sintomatología habitual del provincianismo de casino y gaceta: “esto se hace por mis cojones”. Lo llamaremos TARIFA PINGURUCHO para evaluar mejor el coste de los personalismos disfrazados de cruzada ideológica en el desarrollo de Almería.

Jose Fernández

Periodista.Asesor de Prensa
en el Ayuntamiento de Almería.

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