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Los abusones del mundo

miércoles 07 de enero de 2026, 07:37h
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Históricamente los países poderosos se han comportado siempre como matones de patio de colegio. Sojuzgan a los inferiores e imponen su ley conculcando los derechos de los demás. Y quienes sufren más estas salvajadas suelen ser las personas cercanas y los territorios colindantes.

Esto ha sucedido hace miles de años y continúa sucediendo en la actualidad. Desde las invasiones cartaginesas y romanas antes de Cristo hasta la invasión francesa del siglo XIX, la península Ibérica ha tenido que soportar en cada momento histórico los desvaríos de los poderosos países fronterizos.

En los últimos tiempos parecemos vivir una etapa de paz y tranquilidad y únicamente nos peleamos entre nosotros mismos. Si embargo, por otros lugares no ocurre así: Rusia invade Ucrania, Israel ocupa Gaza, Estados Unidos avasalla a todo el que se le antoja y China le meterá mano a Taiwán en cualquier momento. Los matones campan a su voluntad y no hay manera, ni por las buenas ni por las malas, de hacerles entrar en razón. Los cuatro poseen armamento nuclear junto a millares de misiles y ante un argumento tan poderoso todos los endebles (el resto del mundo) doblan la cerviz y aceptan la situación sin oposición alguna.

Únicamente se pronuncian los demócratas progresistas de izquierdas. Lanzan fuertes diatribas y hablan sin hacer porque esa es la base del populismo. No obstante, las invectivas se propagan dependiendo de quien es el agresor y quien el agredido. Por ahora, la cosa está clara, por eso, claman al cielo cuando el matón es Trump o Netanyahu y callan en un silencio obsceno cuando el agresor se llama Putin. Dentro de poco tendrán una controversia de difícil argumentario: ¿Qué van a hacer cuando el agresor sea un país de cerrada dictadura comunista con una economía abrasadoramente capitalista? Ahí se va a ver la desnudez política en que se encuentra más de uno... y de una.

Pasaron las fiestas navideñas. Nos hemos deseado paz y felicidad de manera mecánica aunque nos importe poco la paz y la felicidad del prójimo. El anciano obeso vestido con los colores de la coca cola va ganando terreno a los tres reyes magos de oriente, que ni eran tres, ni eran reyes, ni magos, ni venían de oriente.

Y los niños de esta época desconocen qué celebramos en Navidad, únicamente saben que es un periodo donde reciben regalos. Ignoran que, finalizando cada año, se conmemora el nacimiento de alguien con una proclama revolucionaria: “En la tierra paz a los hombres de buena voluntad”. Si olvidamos este anuncio, el odio y la violencia ocuparán todo el espacio y el matón del barrio dominará a los más frágiles.

Evoquemos la invasión de Andalucía. Venció el más fuerte, poderoso y falto de escrúpulos y encima con la ayuda del Apóstol Santiago, los pastorcitos de las Navas de Tolosa y el Capitán Trueno. Y, para colmo, los torpes tardaron cerca de trescientos años en alcanzar los últimos objetivos. Tomaron el poder por las bravas, echaron a los que les estorbaban y dejaron a quienes, bajo su tutela, “hacían lo correcto”. No sé si encuentran ustedes algún paralelismo con la acción norteamericana en Venezuela. Ya lo decía al principio, pasan los siglos y parece que cambian las cosas, pero en el fondo nos encontramos en el mismo sitio y con las mismas actitudes.

Hay quien cree que estamos ante un nuevo orden mundial sin caer en la cuenta de que nos encontramos ante lo mismo de siempre. En tiempos pasados, muchos autócratas habrían destruido el planeta con gusto y entusiasmo, pero carecían de armamento suficiente para hacerlo. La complicación viene cuando en la actualidad los déspotas opresores sí pueden destruir el planeta, no una si no varias veces, únicamente apretando un botón.

Veamos cómo termina este año. Porque, como dice un antiguo refrán, "Lo que mal empieza, mal acaba".

Tomás Gutier

Patrono de la Fundación Blas Infante, miembro del Centro de Estudios Históricos de Andalucía y del Instituto de Identidad Andaluza

Tomás Gutier (Tomás Gutiérrez Forero) nace en Chiclana en el ecuador del siglo XX, de padre cántabro y madre andaluza. Durante sus estudios conoce la situación de Andalucía. A partir de ahí estudia, investiga y difunde todo lo relacionado con su tierra y sus gentes. Colaborador en distintas publicaciones y promotor de medios alternativos de comunicación. Imparte charlas y conferencias sobre temas andaluces. Cooperante activo en cuantas iniciativas se crean para el estudio de la identidad, lengua y cultura andaluza, participa en congresos, conferencias y simposios sobre Andalucía. Es patrono de la Fundación Blas Infante, miembro del Centro de Estudios Históricos de Andalucía y del Instituto de Identidad Andaluza. Ha escrito ensayos, novelas y obras de teatro, entre las que se encuentran: “Historia de un romántico”, “Los desheredados de la vida”, “Las hormigas nunca gritan” y “La herencia”. Algunos de sus libros más divulgados: “Sin ánimo de ofender” y “Las memorias del abuelo Chano”, editados con la Fundación Vipren, “Con permiso… ¡Viva Andalucía Libre!”, “En defensa de la lengua andaluza” y “La lengua andaluza. Apuntes para su gramática y diccionario”, publicados por la Editorial Almuzara, “Dos semanas en Normandía”, publicado por United PC, “Ser Andaluz”, para la asociación cultural Almenara, “Cara y Cruz del andalucismo”, en colaboración con el historiador Manuel Ruiz Romero y publicado por Ediciones Alcor, “Economía del Bien Común y sociedad andaluza”, junto con el escritor José Álvarez y “Aún es posible la esperanza”, editado por Averroes Libros. Habiendo coordinado el libro “1919, un año clave para Andalucía”, publicado por el Centro de Estudios Históricos de Andalucía al cumplirse cien años de la efeméride.