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Memoria de pez y sillones

Memoria de pez y sillones
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Por Rafael M. Martos
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miércoles 08 de julio de 2026, 06:00h
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Resulta entrañable asistir al coordinado festival de rasgado de vestiduras en el que se ha instalado el Partido Socialista Obrero Español (PSOE) a cuenta de la recién estrenada legislatura en Andalucía. Con la tinta del acuerdo de gobierno aún fresca tras la toma de posesión de Juan Manuel Moreno Bonilla como Presidente de la Junta de Andalucía, los portavoces de la izquierda han salido en tromba a intentar sacarle los colores al líder del ejecutivo autonómico. ¿El gran escándalo que supuestamente quiebra los cimientos de la ética pública? Que el nuevo Vicepresidente de la Junta de Andalucía sea Manuel Gavira, diputado de Vox.

La acusación de haber perdido la palabra se repite estos días como un mantra celestial. Sin embargo, acudiendo a la bendita hemeroteca y aplicando un mínimo de rigor en los datos, la realidad es bastante más prosaica: Juan Manuel Moreno Bonilla jamás prometió en campaña que no pactaría con la formación de derechas. Lo que repitió hasta la saciedad antes de la cita con las urnas fue que prefería gobernar en solitario y que su deseo era evitar dicho escenario. Que la aritmética parlamentaria posterior le haya obligado a tragarse el sapo de la coalición es una cuestión de pura supervivencia numérica, no un cambio de principios declarados.

Donde la memoria parece volverse sospechosamente volátil es en las filas socialistas. Sorprende que el PSOE pretenda dar lecciones de coherencia y fidelidad a los compromisos adquiridos cuando el actual Presidente del Gobierno de España, Pedro Sánchez, ha elevado el noble arte de la contradicción política a la categoría de dogma de Estado. Si de refrescar el recuerdo colectivo se trata, convendría enumerar esos hitos que la ciudadanía no ha borrado de su historial, por mucho que en Sevilla o Madrid sospechen lo contrario:

  • Aquel rotundo "no pactaré nunca con Podemos" porque le quitaría el sueño al líder socialista.

  • La promesa de no apoyarse bajo ningún concepto en EH Bildu.

  • Aquella solemne e inequívoca declaración asegurando que no habría indultos ni, por supuesto, ley de amnistía para los condenados del procés.

Visto el currículum del Ejecutivo, que el socialismo intente afear la coalición andaluza argumentando una falta de palabra resulta un ejercicio de hipocresía con tintes cómicos. Parecen convencidos de que el electorado padece una amnesia crónica y selectiva.

El pacto andaluz contiene cláusulas que rozan el insulto a la inteligencia, pero los principales damnificados por sus flagrantes contradicciones terminarán siendo los propios integrantes de Vox.

Es evidente que Juan Manuel Moreno Bonilla ha tenido que pasar por el aro de un documento que, en ciertos aspectos, desafía la lógica de la convivencia elemental. Sin embargo, la pirueta ideológica de los socios entrantes es digna de mención. Vox se ha metido voluntariamente en un laberinto político firmando medidas que son materialmente irrealizables desde las competencias de una Comunidad Autónoma, lo que terminará por pasarles factura ante su propio electorado.

El fervor fiscalizador de la formación de Manuel Gavira se desvanece convenientemente según el bolsillo que se toque. El acuerdo recoge con grandes alharacas la supresión de las subvenciones a las organizaciones sindicales. Un clásico del manual. No obstante, el texto guarda un espeso y elocuente silencio respecto a las asignaciones públicas que reciben los partidos políticos y sus fundaciones privadas. Es de suponer que el hecho de que ellos mismos constituyan un partido con su correspondiente fundación en activo no ha influido en absoluto en esta repentina timidez regulatoria.

La amnesia también ha alcanzado de forma fulminante a otra de sus grandes banderas fundacionales: la devolución inmediata de las competencias de Educación y Sanidad al Gobierno. Una exigencia nuclear que, curiosamente, se les ha quedado traspapelada a la hora de estampar la firma en el papel definitivo. Se ve que la perspectiva de gestionar consejerías y ocupar despachos oficiales diluye notablemente el ansia centralizadora.

Quienes diseñan las estrategias de opinión en el PSOE cometen el recurrente error de tratar a los ciudadanos como un colectivo desmemoriado al que se puede moldear a conveniencia. Pero en el sureste, en esta provincia de Almería donde la distancia física obliga a observar la política con un extra de escepticismo, la memoria funciona a pleno rendimiento. El nuevo Gobierno de la Comunidad Autónoma tendrá que responder por las incoherencias de su pacto y por las promesas que se irán olvidando en los cajones de San Telmo, por supuesto; pero las lecciones de moralidad política tendrán que venir de alguien que, al menos, pueda sostenerle la mirada a su propia hemeroteca.

Rafael M. Martos

Editor de Noticias de Almería y Coordinador de la Delegación en Almeria de 7TV Andalucía

Periodista. Autor de "No les va a gustar", "Palomares en los papeles secretos EEUU", "Bandera de la infamia", "Más allá del cementerio azul", "Covid19: Diario del confinamiento" y "Por Andalucía Libre: La postverdad construida sobre la lucha por la autonomía andaluza". Y también de las novelas "Todo por la patria", "Una bala en el faro" y "El río que mueve Andorra"