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Impuestos y financiación
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(Foto: Cibeles AI)

Impuestos y financiación

Por Rafael M. Martos
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viernes 16 de enero de 2026, 14:47h
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Hemos de salvarnos solos.

Olvidemos los gobiernos, las colaboraciones, las ayudas de otros, hasta las leyes y los amigos. Los amigos porque hay que saber elegirlos; las leyes son hechas por seres humanos con sus propios pensamientos, convicciones e intereses, los “otros”, tienen sus propias preocupaciones y con algo, sólo algo, podríamos contar en la posibilidad y medida de coincidencia relativa. Las colaboraciones raramente son eternas, casi nunca, por eso son colaboraciones. Y los políticos ni dejarlos para el final merece la pena. Sólo unos cuantos, muy pocos, son capaces de contar la verdad, algunos, menos, lo son de descubrir sus ideas y sus intereses al completo, incluso cuando actúan con honradez. La inmensa mayoría responden a una ideología específica, por lo general no coincidente con las necesidades y el derecho de las mayorías.

Respecto a derecho, Andalucía tiene más que nadie, porque los tiene más conculcados, mucho más: pisoteados, Desde el momento de la conquista y el incumplimiento de las capitulaciones, en especial las de Granada —las de Sevilla no tanto en sus primeros momentos, gracias a unos reyes enamorados de la cultura, el primero Alfonso X, por algo llamado El Sabio, seguido de Pedro I y en menor medida Enrique IV—, Andalucía quedó reducida a reserva de caza para la nobleza, cúspide de la Iglesia, capitanes de órdenes militares y otros afortunados por las guerras, mientras la población, pegada a la tierra de dónde extraía el sustento, quedó convertida en “siervos”, primera argucia para esconder la palabra esclavitud, su verdadero nombre. Esa indignidad potenciada a favor de los conquistadores, permite comprender por qué desde final del XVIII y principio del XIX, los gobiernos españoles se han dedicado a cortar el primer movimiento liberal y la primera actividad industrial de los reinos unificados bajo la corona de Castilla, después de eso nacería la idea de España, a raíz de la Guerra de la Independencia, también empezada en y protagonizada por Andalucía, como el movimiento liberal o el económico, para cortar el primero, enterrar el protagonismo consecuente y entregar la iniciativa económico-industrial a la franja norte del reino de España.

Hoy, con la obra rematada continúa la misma política para impedir que Andalucía recupere su iniciativa. Y las autoridades españolas y, lo peor de todo, las andaluzas y los partidos, abrazan con preferencia la política del “divide y vencerás”, Porque cuanto más revuelto esté el río, mayor ganancia para ellos como pescadores faltos de moral y de dignidad. Hoy estos políticos y estas autoridades, producto de la degradación de los primeros, sostienen la práctica de mantener Andalucía en estado de semi inconsciencia, como mejor arma para defender su interés. El de las grandes corporaciones, las grandes constructoras, los holding, la banca, los oligopolios, el IBEX 35. Eso explica que un gobierno, el de UCD impidiera a FORD instalarse en Andalucía, y otro, el de Felipe González, lo impidiera a OPEL (entonces de General Motors), que había pedido esta Comunidad con reiteración. Eso y otros cientos de ejemplos como la trampa tendida entre la bolsa y ciertos sindicatos a ABENGOA, o la forma sinuosa de hacerse con PULEVA para trocearla y entregarla a la francesa Lactalis.

Ahora, con la nueva Ley o proyecto de financiación, se levanta la voz porque Cataluña se lleva más. Está ocurriendo lo peor y lo mejor para el poder: el agravio comparativo. La queja debe quedarse para otras comunidades. Andalucía no necesita comparaciones; Andalucía tiene un derecho superior a las demás, un derecho intrínseco, propio, porque hace tiempo viene percibiendo bastante menos de lo ingresado; porque se descabezó su economía en cuanto empezó a destacar, porque se ha venido extirpando todo cuanto ha conseguido emerger a pesar del boicot. Porque la diferencia con las comunidades más prósperas del Estado se agranda un poco cada año, mientras a los gobiernos andaluces, este y el anterior, sólo les preocupa lo que puedan hacer los catalanes y lo que puedan precisar mineras y sanitarias.

Pedir algo porque se le ha dado a Cataluña es el mayor error, la mayor trampa en que podemos caer. Debemos exigir por derecho propio, porque se nos ha detraído con anterioridad, porque nuestros impuestos han servido para favorecer la industria y la banca en el “cuadrilátero del bienestar”, destino de la obligada necesidad de emigrar. Tenemos el derecho y el deber de exigir la devolución de nuestra cultura, de todo nuestro arte, encerrado en los museos que enriquecen a la “capi”, de recuperar nuestra industria y nuestro comercio. Y eso, como han reconocido personajes como el propio Boada Villalonga (“Información Comercial Española, julio de 1975) sólo puede obtenerse invirtiendo más dónde más falta hace, por lo menos hasta alcanzar al nivel de las primeras. Para salvamos no necesitamos buscar agravio comparativo; merecemos obtener compensación.

Rafael M. Martos

Editor de Noticias de Almería y Coordinador de la Delegación en Almeria de 7TV Andalucía

Periodista. Autor de "No les va a gustar", "Palomares en los papeles secretos EEUU", "Bandera de la infamia", "Más allá del cementerio azul", "Covid19: Diario del confinamiento" y "Por Andalucía Libre: La postverdad construida sobre la lucha por la autonomía andaluza". Y también de las novelas "Todo por la patria", "Una bala en el faro" y "El río que mueve Andorra"