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Hacia la ingobernabilidad

Hacia la ingobernabilidad
Por Rafael M. Martos
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martes 10 de febrero de 2026, 06:00h
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Se ha puesto de moda afirmar que Aragón es nuestro particular Ohio. Dicen que lo que ocurre en Zaragoza o Teruel es el espejo mágico que anticipa lo que sucederá en el conjunto de España. Permítanme que arquee una ceja con el escepticismo propio de quien ha visto muchas "profecías" estrellarse contra la realidad, empezando por las propias. Comparar la política aragonesa con la general tiene una fisura importante: allí, a orillas del Ebro, no tienen que lidiar con la aritmética endiablada de los partidos nacionalistas e independentistas que, en la Carrera de San Jerónimo, convierten cualquier investidura en un mercado persa.

Pero aceptemos el pulpo como animal de compañía. Juguemos a que Aragón es el oráculo. Si miramos lo sucedido allí y lo sumamos a lo visto en Extremadura, el panorama es tan claro que no hace falta ser un analista de Ohio para entenderlo; basta con no ser José Félix Tezanos. Mientras el presidente del CIS sigue cocinando encuestas con más imaginación que rigor sociológico, la realidad tozuda muestra una tendencia que debería preocupar a más de uno en Ferraz y Génova.

La radiografía es nítida, aunque le pese al "sanchismo": hay una subida muy potente de Vox, un ascenso muscular que coincide casi milimétricamente con el volumen de caída del Partido Socialista. Es un sistema de vasos comunicantes que deja a la izquierda del PSOE —esa amalgama de siglas que van y vienen y por el camino se entretienen— en una situación de contención, cuando no de franca recesión.

Sin embargo, el dato que rompe los esquemas y que debería encender las alarmas en la sede de la calle Génova es el estancamiento del Partido Popular. Lejos de capitalizar el desgaste ajeno, el PP no arranca. En Extremadura, bajo la batuta de María Guardiola, se han dejado votos y un escaño; en el Aragón de Jorge Azcón, la pérdida se cifra en dos diputados. Alberto Núñez Feijóo parece tener el motor gripado justo cuando la carrera exige máxima potencia.

¿A dónde nos lleva este mapa si elevamos la vista? Pues, lamentablemente, al bloqueo. A una situación de ingobernabilidad crónica.

Es más que probable que el Partido Popular vuelva a ganar las próximas Elecciones Generales, tal y como hizo en la última cita con las urnas, e incluso que mejore resultados. Pero ganar no es gobernar. La aritmética es cruel: Pedro Sánchez lo tendrá en chino mandarín para sumar una mayoría viable. Los socios que lo auparon a la Moncloa no bastarán, como estamos viendo, ante un PSOE menguante. Por otro lado, la victoria de Feijóo, lastrada por esos resultados mediocres en los "Ohios" patrios, no será suficiente para gobernar en solitario.

Y aquí entra en juego el factor determinante: Vox. O mejor dicho, los intereses particulares de su líder.

El futuro de la gobernabilidad del Estado no dependerá de grandes pactos de Estado ni del interés general, sino de la calculadora de Santiago Abascal. Y seamos claros: a Abascal, la estabilidad de España le quita el sueño lo mismo que a mí la cría del caracol en Groenlandia. Su prioridad es su supervivencia política y el crecimiento de su marca. Si el líder de Vox echa cuentas y concluye que bloquear a Feijóo y forzar una repetición electoral le permite desgastar al PP y pescar en río revuelto, no duden ni por un segundo que votará en contra de la investidura. ¿Que eso podría suponer un rearme del PSOE como polo electoral de toda la izquierda frente a la derecha y ultraderecha? No pasa nada... si eso permite crecer a Vox y complicar al PP... ya hemos visto que para Abascal el enemigo no es Sánchez, sino Feijóo.

Nos abocamos, por tanto, al absurdo. Un escenario donde un partido minoritario (por grande que sea, es más pequeño que los dos que le anteceden) tiene la llave para obligar al mayoritario a comulgar con ruedas de molino, imponiendo sus postulados ideológicos -también minoritarios- bajo la amenaza del bloqueo. Es el triunfo del cortoplacismo y el egoísmo político más ramplón.

Si el Partido Popular no logra una mayoría absoluta —algo que hoy por hoy parece una quimera— o si la ultraderecha no sufre un repentino ataque de responsabilidad de Estado (algo contradictorio con la naturaleza misma del populismo), prepárense para volver a las urnas. Porque en este país, por lo visto, lo de sentarse a buscar lo que nos une en lugar de lo que nos separa es una excentricidad que ya no se lleva.

Rafael M. Martos

Editor de Noticias de Almería y Coordinador de la Delegación en Almeria de 7TV Andalucía

Periodista. Autor de "No les va a gustar", "Palomares en los papeles secretos EEUU", "Bandera de la infamia", "Más allá del cementerio azul", "Covid19: Diario del confinamiento" y "Por Andalucía Libre: La postverdad construida sobre la lucha por la autonomía andaluza". Y también de las novelas "Todo por la patria", "Una bala en el faro" y "El río que mueve Andorra"