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Y la valla sigue
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Y la valla sigue

Por Antonio Felipe Rubio
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afelipeafelipecom/7/7/15
jueves 26 de marzo de 2026, 08:41h
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Tras varios años -siempre en Almería son demasiados años-, el anunciado proyecto Puerto-Ciudad abre una puerta hacia el mar. Se trata de una conexión, la única posible, para disfrute de los ciudadanos que antes sólo podíamos ver la valla y el acceso restringido.

El acto de inauguración contó con el presidente de la Junta de Andalucía, que resaltó el paso adelante y el impulso de modernización. Sin embargo, hay que reconocer que, en cuanto a la funcionalidad ser refiere, el paso dado es hacia atrás; es decir, se ha retornado a los tiempos en los que el acceso al puerto por levante era libre, ya saben: el Morro, la Escalinata Real… O sea, en cierto modo, hemos vuelto atrás unos cuarenta años; eso sí, con una remodelación arquitectónica y estética totalmente renovada y de gran impacto visual gracias a la inmensa bandera y el nuevo edificio de la Autoridad Portuaria.

Ahora queda un amplio espacio, unas dos hectáreas, sobre el que posiblemente se habrá pensado en dar algún contenido más allá del paseo y la contemplación. Es de suponer que, al igual que Málaga, Cartagena, Alicante, Barcelona y un gran numero de puertos que han sido “civilizados” el atractivo se complemente y se impulse con la actividad comercial.

Aunque celebro esta iniciativa, mis aspiraciones siempre han ido más allá de esta limitada acción que, dicho sea de paso, es como un placebo para una dolencia que persistirá al no conseguir la verdadera configuración que el puerto necesita.

El Puerto de Almería se cerró a la ciudad debido a la escasa ambición y nula sensibilidad de anteriores gestores. La configuración de puerto internacional en zona no Schengen exigía un control como frontera y aduana. Como solución más rápida y expeditiva se optó por una valla que cubriese toda la extensión portuaria… y así el puerto se olvidó de la ciudad y la ciudad del puerto.

En tiempos del PSOE, con Pedro Lozano y Nono Amate, se consolidó la valla del puerto manteniendo la Estación Marítima en el corazón del parque Nicolás Salmerón y dejando un rincón en el barrio de Pescadería para las actividades más molestas e insalubres. En esa ubicación, el acopio de materiales a la intemperie ha supuesto una polémica, aún existente y persistente, que se verá incrementada con el aumento de la actividad industrial. No olvidemos que cada acción destinada a devolver el puerto a la ciudad tendrá la contraprestación de una mayor presión industrial en el Puerto de Pechina.

De haber contado con gestores más ambiciosos y concernidos con la ciudad, el puerto y Almería habrían lucido de otra manera. Si se hubiese llevado la Estación Marítima al Puerto de Pechina la valla no sería necesaria en toda la extensión del parque Nicolás Salmerón. El puerto internacional de la zona no Schengen tendría acceso por la rotonda de Pescadería, y sólo ahí estaría una valla que a la ciudad no le afectaría en absoluto. Sin embargo, se optó por un puerto batiburrillo: pasaje, cruceros, almacenes, contenedores… y una amplísima extensión dedicada a mineral y granel a la intemperie. Se perdió la oportunidad de trasladar las operaciones comerciales de minerales y granel al puerto industrial de Carboneras. Es incomprensible que, teniendo un excelente puerto comercial en Carboneras, nos empeñemos en abarrotar la autentica bombonera que podría ser el puerto y la ciudad de Almería.

Si quedase liberado el puerto de la zona industrial, la Estación Marítima internacional quedaría ubicada en el Puerto de Pechina y combinándose con mercancías (contenedores) de bajo impacto. Esta configuración abriría enormes e inimaginables oportunidades para el parque Nicolás Salmerón, ya liberado de la valla. Además, el barrio de Pescadería se liberaría del tormento del polvo contaminante, ya sea con poniente o con levante. La dársena quedaría operativa para cruceros, atraque de grandes esloras de recreo, Salvamento Marítimo, Guardia Civil, Aduanas, remolcadores, amarradores, Pilot… y otras actividades y servicios amables con la ciudad y con enorme repercusión en la deseable simbiosis de crecimiento del puerto y la ciudad de Almería.

Se ha abierto una ventana, pero no se abrió la puerta necesaria. El efecto placebo de estas dos hectáreas no acaba con la dolencia. Una puntual alegría no puede silenciar la escasa y meliflua ambición.

Antonio Felipe Rubio

Periodista