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Mejor no preguntes

Mejor no preguntes
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Por Rafael M. Martos
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directornoticiasdealmeriacom/8/8/26
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sábado 28 de marzo de 2026, 06:00h
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Dicen que lo que no se nombra no existe, y en política, lo que no se encuesta, tampoco. La Coalición Andalucistas ha levantado la mano, probablemente cansada de esta invisibilidad forzosa, para quejarse de que tanto el Centro de Investigaciones Sociológicas (CIS), dependiente del Gobierno del Estado, como la Fundación Centro de Estudios Andaluces (CENTRA), controlada por el Gobierno de la Comunidad Autónoma, los han borrado del mapa en sus sondeos de intención de voto. Y, para qué engañarnos, tienen toda la razón en su enfado.

La estrategia demoscópica es de primero de ilusionismo: si ocultas la carta en la manga, nadie te la va a pedir. Las encuestas de estos organismos públicos tienen el cuajo de preguntar por formaciones que tienen una implantación que oscila entre lo anecdótico y lo fantasmagórico. Ahí tenemos a los encuestadores preguntando muy seriamente por Se Acabó La Fiesta, la criatura de Alvise Pérez, por los restos del naufragio de Ciudadanos, por el PACMA o por un Podemos cuya presencia en la Comunidad Autónoma es ya casi un acto de fe. Sin embargo, sobre los herederos del extinto Partido Andalucista, que mal que bien aún sostienen a 120 concejales repartidos por toda la geografía andaluza, ni media palabra. Silencio administrativo. Es evidente que ignorarlos es la herramienta más eficaz para dinamitar cualquier atisbo de alternativa.

La ironía alcanza niveles casi artísticos cuando cruzamos esta amnesia selectiva con los propios datos que el CENTRA publicó en su barómetro sobre identidad andaluza el pasado 28 de febrero de este mismo año. Si uno se sumerge en la frialdad de los porcentajes, la radiografía es demoledora. Cuando se pide a los ciudadanos de esta Comunidad Autónoma que puntúen del 0 al 10 cuánto de andaluces se sienten, un abrumador 44,1% se planta en el 10 absoluto. Los que no se sienten "nada andaluces" se quedan en un marginal 1%, y aquellos que puntúan por debajo del 5 no llegan ni al 10% del total. Por ponerlo en perspectiva con el otro lado de la moneda identitaria, los que se declaran "muy españoles" se quedan en un 46%.

La guerra de los símbolos arroja titulares que, curiosamente, no se traducen en preguntas electorales. Un 54,6% se siente muy identificado con la bandera de Andalucía, frente al 49% que lo hace con la bandera del Estado. Con los himnos, la brecha es similar: un 53,4% de identificación con el andaluz frente al 44,4% con el de España. Todo este fervor identitario, del que el 72,3% se siente "muy orgulloso" y un 18,4% "bastante orgulloso", flota en un limbo huérfano de siglas. Es revelador que para un 81,5% de los encuestados la bandera blanca y verde no evoque a ningún partido político concreto. De hecho, la asociación directa de la bandera con el andalucismo político no llega ni a un triste 2,5%. ¿Será que no se asocia porque directamente la maquinaria estatal y autonómica no permite que la opción aparezca en el menú?

El remate a este despropósito llega en el revelador bloque 5 de la encuesta del CENTRA, destinado a escarbar en las simpatías políticas. Ahí desfilan el Partido Popular, el Partido Socialista, Vox, la coalición de Por Andalucía y Sumar, Adelante Andalucía, y los ya mencionados PACMA, Ciudadanos o Se Acabó La Fiesta. En ese mismo estudio, un 25% de los sondeados confiesa sentirse más andaluz que español, frente a un escaso 11% que invierte la balanza. No es que esos andaluces vayan a votar andalucista, pero al menos tienen motivos para hacerlo más que otras de las formaciones por las que se pregunta.

No conviene pecar de ingenuos y pensar que este olvido es un simple error de maquetación en los cuestionarios. En la provincia de Almería conocemos bien un precedente que lo cambió todo y que demuestra para qué sirve realmente un sondeo. Hubo un tiempo en el que Vox era una fuerza extraparlamentaria, una organización desconocida cuyo mayor hito era haber llenado un recinto en Madrid. Pero se aproximaban las elecciones de la Comunidad Autónoma y el CIS decidió, magnánimo, preguntar por ellos. El resultado de aquel sondeo les otorgó, por arte de magia estadística, dos escaños por la circunscripción de Almería.

Aquel dato fue la chispa que incendió la pradera mediática. De repente, todos los focos apuntaron a la formación de extrema derecha, la maquinaria de la tertulia se puso a funcionar y pasaron a ser normalizados como una opción real, cuando en aquel momento en los ayuntamientos tenían exactamente la misma representación que un club de petanca. El CIS pudo haber preguntado por los andalucistas entonces, pero decidió encender el megáfono para otros. Hoy, la táctica es exactamente la contraria: apagar el micrófono, desconectar los cables y asegurar que, en el tablero político, el andalucismo siga pareciendo un fantasma. Y ya se sabe, a los fantasmas, con no mirarlos, dicen que desaparecen. Pero ahí siguen.

Rafael M. Martos

Editor de Noticias de Almería y Coordinador de la Delegación en Almeria de 7TV Andalucía

Periodista. Autor de "No les va a gustar", "Palomares en los papeles secretos EEUU", "Bandera de la infamia", "Más allá del cementerio azul", "Covid19: Diario del confinamiento" y "Por Andalucía Libre: La postverdad construida sobre la lucha por la autonomía andaluza". Y también de las novelas "Todo por la patria", "Una bala en el faro" y "El río que mueve Andorra"