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Díaz-Balart, a Barrio Sésamo

Díaz-Balart, a Barrio Sésamo
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Por Rafael M. Martos
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miércoles 01 de abril de 2026, 07:33h
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Desde que el mundo es mundo, parece que la geografía y la historia son asignaturas que algunos congresistas en Washington aprueban por pura condescendencia, y luego no logran actualizarse porque el mapa mundi de su despacho tiene las letras demasiado pequeñas. El último en sumarse a este festival del despropósito ha sido Mario Díaz-Balart, congresista republicano por Florida, sobrino de Fidel Castro y gran paladín del anticastrismo. Resulta que Díaz-Balart, en un alarde de "diplomacia" tras la negativa del Estado español a participar en la ofensiva unilateral contra Irán —esa guerra que no ha bendecido ni la OTAN ni la Unión Europea—, ha decidido que Ceuta y Melilla son Marruecos. Porque sí, porque están allí "al lado".

Es fascinante observar cómo este aliado cercano de Marco Rubio (Secretario de Estado en la administración de Donald Trump) utiliza la soberanía ajena como moneda de cambio para castigar posturas políticas. El argumento de Díaz-Balart es tan intelectualmente anémico que se resume en una frase: "están junto a Marruecos" aunque en realidad están "junto a Marruecos", que es una diferencia sustancial que habría tenido clara viendo Barrio Sésamo. Bajo esa premisa, convendría recordarle al ilustre congresista que Hawái no es parte de Estados Unidos, ya que está a casi 4.000 kilómetros del continente, en mitad del Pacífico. Siguiendo su doctrina, Hawái debería ser, por pura vecindad, la sede central de algún archipiélago polinesio independiente.

Pero entremos en la rigurosidad que a él le falta. Ceuta es parte del Estado español desde 1580 (y antes portuguesa desde 1415), mientras que Melilla lo es desde 1497. El Reino de Marruecos, como Estado moderno e independiente, no se constituyó hasta 1956. Es decir, que ambas ciudades llevan siendo españolas siglos antes de que Marruecos existiera como tal y, por supuesto, mucho antes de que los antepasados de Díaz-Balart soñaran con pisar Florida.

Si al congresista le gusta tanto la geografía de cercanía, ¿por qué no aplica su "doctrina Balart" a Gibraltar? Allí tenemos una colonia británica en suelo continental europeo, reconocida como tal por la ONU. Si el criterio es dónde están situadas las cosas, Gibraltar es España. Sin embargo, sospecho que ahí la lengua se le trabaría al republicano, no sea que a Keir Starmer le siente mal el café.

El fondo de esta rabieta es la postura de España ante un conflicto en Irán iniciado por Estados Unidos e Israel sin el consenso de los aliados. El Estado español, como miembro de la OTAN —una organización estrictamente defensiva, aunque a veces se olvide en los despachos de Washington—, no tiene por qué acudir a una guerra privada que no ha sido acordada ni consultada.

Y ya que hablamos de soberanía y suelo, quizás habría que darle una última lección al señor Díaz-Balart sobre las bases de Rota y Morón. Son bases españolas de utilización conjunta, reguladas por tratados que definen su uso. Están en suelo del Estado, en la Comunidad Autónoma de Andalucía, y no son parcelas de Florida. Si se usan para fines que no han sido consensuados, lo lógico es acotar ese uso.

La soberanía no es un capricho geográfico que un congresista pueda regalar desde un atril para quedar bien con sus aliados de turno. Menos lecciones de mapas y más abrir los libros de historia, que para ser tan anticastrista, Mario Díaz-Balart ha heredado esa fea costumbre familiar de querer mover las fronteras con el dedo según sople el viento.

Rafael M. Martos

Editor de Noticias de Almería y Coordinador de la Delegación en Almeria de 7TV Andalucía

Periodista. Autor de "No les va a gustar", "Palomares en los papeles secretos EEUU", "Bandera de la infamia", "Más allá del cementerio azul", "Covid19: Diario del confinamiento" y "Por Andalucía Libre: La postverdad construida sobre la lucha por la autonomía andaluza". Y también de las novelas "Todo por la patria", "Una bala en el faro" y "El río que mueve Andorra"