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¡Váyanse al infierno!
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¡Váyanse al infierno!

Por Angel Rodríguez Fernández
domingo 26 de abril de 2026, 20:43h
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¿No lo han pensado alguna vez? Seguro que en algún momento han querido mandar al infierno a algún o algunos indeseables. A mí me ha pasado y me sigue pasando. Desde la seguridad de que yo acabaré allí acompañándolos, hoy me he decidido a hacerlo de forma metódica y organizada. Y, como buen ecologista, reciclo la canónica manera en la que Dante estructuró el infierno en nueve círculos, ubicando en cada uno de ellos a pecadores y sus pecados.

En el primer círculo, el limbo, lleno de inocentes no bautizados, a este páramo sin sentimiento, sin esperanza ni padecimiento, quiero mandar a los hemipléjicos, a los que ven “las pajas” en los ojos ajenos, a los que, en plan mafioso, defienden a sus delincuentes mientras, por los mismos delitos, condenan al último círculo del infierno a los propios de sus adversarios. Aquí también mandaría a aquellos que callan, que evitan entrar en el barro, limpios, perfumados y transparentes; jamás se les encontrará una mala frase ni una buena obra.

En el segundo círculo, Dante tiene a los lujuriosos a merced de un viento eterno. Yo mandaría aquí a los Ábalos, los Koldo, a los Salazar, a los Monedero, los Berni, los Roldán… en grandes salones de prostitución donde fueran ellos los prostitutos; rescatar para su decoración los muebles antiguos de La Colmena o los del suegro de Sánchez, como la sauna Adán, todos ellos girando en remolinos eternos como los del Mago de Oz y en la puerta: “Soy feminista por socialista”.

En el tercer círculo, dedicado por Dante a los insaciables comensales del pecado de la gula, metería a Carlos Mazón comiendo horas y horas en el Ventorro, acumulando bajo sus pies cadáveres de gambas y crustáceos, vigilado no por Cerbero, sino por las almas de las víctimas de la DANA.

En el cuarto círculo, dedicado a la avaricia, iría de cabeza Cerdán y señora: ella acumulando reels en scroll infinito y él, con las gafas a medio bajar, repasando sus hojas de cálculo mientras “chistean” a Ábalos y Koldo dos círculos más arriba. Mientras, sus camaradas del PSOE les cantan loas y piropos tales como “Súper Cerdán”. Junto a esta entrañable pareja, consejeros madrileños, como Granados y González, o en la Comunidad Valenciana Carlos Fabra, buscando una y otra vez qué lotería le va a tocar ese día, día tras día eternamente.

En el círculo de la ira y la pereza a aquellos que lanzan a españoles contra españoles por sus propios intereses y que luego, a la hora de resolver, les invade la vagancia. Los que construyen muros, los que priorizan ciudadanos por encima de otros ciudadanos, los que, por una u otra razón, les sobran algunos de sus vecinos. Eternamente en la piel de los otros: ya sean judíos, españoles, musulmanes o simplemente inmigrantes.

Perdonen, pero el siguiente círculo, el destinado a los herejes, lo clausuraría, lo destinaría a almacén. Aquí pondría herramientas, documentación y utensilios que serán necesarios para el mantenimiento de los ocho círculos restantes. La constante heterodoxia patria ha salvado a nuestro país de sí mismo en numerosas ocasiones y por eso me permito el honor de amnistiar a todos los herejes.

En el séptimo círculo, a todos los violentos, a los asesinos, a los terroristas, a los partidarios de la paz de los cementerios en lugar de una paz activa. Morirían una y otra vez de la misma manera en la que mataron; sufrirían su muerte y la muerte de sus familiares más queridos, en un aquelarre de muerte que intentara emular la que ellos provocaron.

En el penúltimo círculo, a todos los tiranos y a algún truhan. Y dirán ustedes: ¿el mismo círculo para tan dispares delitos? Dante coloca aquí a los fraudulentos; para mí, como sanchista de primera hora y votante del PSOE en el 23, el tahúr que más me ha defraudado es Pedro Sánchez, por muchas razones que ahora no vienen al caso, pero basta revisar los vídeos que Katy Garat ha sacado esta semana para hacerse una idea de tan magno mentiroso. A su lado, tiranos y autócratas en un paisaje universal que día sí y día también nos dan motivos para mandarlos al infierno: como Trump, Putin, Xi Jinping, Kim Jong-un, Netanyahu, los talibanes, los ayatolás, los Delcy, los Castro, ahora los Canel; aquellos que ponen palos en las ruedas de sus pueblos, que solo quieren vivir en paz y expresarse en libertad.

Y llegamos al último círculo, el de la traición: en el mismo centro del infierno, devorados por Lucifer, sin redención posible, eternamente castigados con el fuego más ardiente del infierno. Aquí, y solo aquí, pueden estar esos conductores que, siendo avisados por la correspondiente señal de que uno de los carriles de la carretera se cerrará a pocos metros, siguen hasta el final colándose una y otra vez a los buenos conductores que kilómetros atrás han elegido el carril idóneo para la buena circulación. No solamente eso, sino que colapsan la carretera, impidiendo en su caso el acceso a ambulancias, policía o bomberos. Solamente comparables a los que, dentro de una rotonda o cruce, aceleran cuando ven incorporarse a algún ingenuo conductor a ese cruce o rotonda, impidiéndole su entrada. A estos últimos los haría vagar eternamente dando vueltas a una de las rotondas como las que nos podemos encontrar en Vicar.

Bueno, pues ya está: ¡váyanse todos a los infiernos!