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Mañana
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Mañana

Por Angel Rodríguez Fernández
viernes 19 de junio de 2026, 15:32h
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Con esto de que nos comprometimos con la alternancia democrática llegará el momento, porque llegará, en que el Gobierno de «progreso» deberá hacer las maletas. Los sillones ministeriales cambiarán de bando y la oposición también. Para esos días que vendrán tengo unas preguntas, compañeros:

¿Qué haremos, compañeros, cuando veamos que quienes pierden las elecciones consiguen formar gobierno regalando amnistías a los delincuentes? ¿Con qué cara llamaremos a la sociedad civil a la protesta?

¿Y cuándo veamos en el Gobierno claros casos de nepotismo? ¿Cómo actuaremos?

¿Para cuándo el presidente, triste y mohíno al ser descubierto inmerso en estos casos de nepotismo, se dé cinco días de reflexión y publique una carta abierta? ¿Qué diremos?

¿Y si meses más tarde descubriéramos que ese retiro fue el gesto indicado para crear y fomentar unas cloacas que pusieran palos en las ruedas a investigadores, policías, periodistas y jueces? ¿Cómo podremos reaccionar?

¿Y si vemos cómo un ministro cae por asuntos turbios de corrupción y prostitución? ¿Y si después cae el secretario general del partido por lo mismo? ¿Y si después imputan a la Secretaría de Organización?

Si observamos que el CIS no es otra cosa que un instrumento de propaganda en manos de la derecha, ¿cómo podremos demostrar que nosotros lo haremos de otra manera?

Si observamos que RTVE es colonizada las veinticuatro horas del día por activistas, con más o menos gracia, de la derecha, ¿seremos nosotros, después de lo que hicimos, un referente ético?

Cuando observemos que el faro moral de la derecha, aquel hombre que daba discursos de hermandad entre los pueblos, lo vemos defendiendo dictaduras que torturan y encarcelan a sus disidentes, ¿apostaremos entonces por la democracia universal? Y cuando de este referente moral de la derecha observemos que la defensa de esas dictaduras, lejos de ayudar a los disidentes, les impide transformar sus tiránicos gobiernos en democracias, ¿qué palabras usaremos en su denuncia? Y si más adelante vemos que esa defensa le ha supuesto pingües beneficios económicos a él y a su familia, ¿llamaremos entonces a salir a la calle a protestar? ¿Con qué cara? Y, al fin, cuando sea imputado y se encuentren millones de euros en joyas en su caja fuerte, ¿qué actos podremos organizar para reprobarlo?

El sanchismo no solo ha desmantelado el presente; es una apisonadora. Es el caballo de Atila, caminando por la hierba socialdemócrata y dejando tras sus pisadas un erial yermo y estéril que augura un futuro incierto, donde el discurso moral se sustenta únicamente en que no podemos hacerlo mejor, sino solo llegar a igualarlo en podredumbre.

Los resortes éticos en la oposición quedarán truncados. Si actualmente, en defensa de nuestros corruptos, recordamos los procesos judiciales pasados, ¿qué haremos nosotros, inmersos en mil y un procesos, cuando observemos que la acción del gobierno ajeno cae en los mismos pozos malsanos?

Es un verdadero drama para millones de socialdemócratas patrios, obligados a soportar a ojos vista la corrupción política y económica con tal de que no gobierne la derecha, obligados a decidir entre nuestros corruptos o la posibilidad de un gobierno de derechas.

¿En algún momento alguien, dentro de las esferas de poder, tendrá la altura de miras suficiente para disolver esta estructura corrompida y preservar algo para el futuro de la socialdemocracia en España?