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El refugio del Mediterráneo: por qué la costa de Almería esquiva el desierto demográfico
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El refugio del Mediterráneo: por qué la costa de Almería esquiva el desierto demográfico

Los datos de densidad confirman el éxito de atracción del litoral frente a la crisis de habitantes que sufren las zonas de interior

Por Rafael M. Martos
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directornoticiasdealmeriacom/8/8/26
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martes 07 de julio de 2026, 06:00h
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Los desequilibrios demográficos en España se consolidan bajo un modelo de profunda polarización que afecta de manera directa a la distribución de la población en la provincia de Almería. El mapa de densidad de habitantes revela una fractura evidente entre los territorios costeros y el interior peninsular. Mientras el litoral almeriense se integra visualmente en el dinámico corredor mediterráneo, mostrando concentraciones que superan los 250 y hasta 500 habitantes por kilómetro cuadrado en sus zonas más activas, el interior de la provincia colinda y comparte dinámicas con los denominados vacíos demográficos, áreas marcadas por densidades críticas que se sitúan por debajo de los 75 o incluso 10 habitantes por kilómetro cuadrado.

Este fenómeno de concentración urbana e interior despoblado tiene su máxima expresión en el centro del Estado español. Madrid se levanta en medio de un relativo desierto demográfico con una población de 6,1 millones de habitantes, configurándose como un núcleo hiperdenso que no ha dejado de ganar población a pesar de que todo su entorno geográfico inmediato padece una pérdida constante de residentes. Este modelo centralizador contrasta con la distribución periférica de la población, donde la provincia de Almería se alinea con la franja de crecimiento del litoral, alejada de la enorme capacidad de absorción de la capital central pero expuesta a sus propias tensiones demográficas internas.

En el extremo noreste, Barcelona se consolida como el segundo gran gigante demográfico con 5,1 millones de habitantes. En su área urbana se localiza de hecho el punto con mayor densidad de población de toda Europa, alcanzando una cifra excepcional de 53.119 habitantes por kilómetro cuadrado. Desde este foco nororiental se extiende el eje mediterráneo que desciende por Valencia, con 1,5 millones de habitantes, y Murcia, con 0,6 millones de habitantes, sirviendo de antesala al comportamiento demográfico de la provincia de Almería. La costa almeriense replica a menor escala esta acumulación de población junto al mar, una tendencia que se prolonga hacia el oeste andaluz a través de Málaga, que registra 0,9 millones de habitantes, evidenciando que el dinamismo demográfico actual se desplaza de forma masiva hacia el litoral.

Infografia de la noticia

Análisis de la polarización demográfica en Almería y su costa frente al interior.

La contrapartida de estas masivas concentraciones urbanas son los vacíos demográficos definidos bajo los criterios del programa europeo ESPON. El exponente más severo de este fenómeno se sitúa en el sistema Ibérico, considerado el centro de la mayor área escasamente poblada de la Unión Europea fuera de los países nórdicos. No obstante, las ramificaciones de estos vacíos demográficos y las áreas de coloración clara con densidades inferiores a los 50 habitantes por kilómetro cuadrado se extienden también hacia el sur, afectando de manera notable a las comarcas del interior de la provincia de Almería. Este contraste obliga al territorio a gestionar una doble realidad: la presión demográfica en la franja costera y el riesgo de aislamiento en sus zonas montañosas y rurales.

El resto de las grandes áreas urbanas del Estado español completan un mapa de concentración muy localizado que incluye a Sevilla con 1,3 millones de habitantes, Bilbao con 0,9 millones, Zaragoza con 0,7 millones y Granada con 0,5 millones de habitantes en el entorno geográfico más cercano. En el ámbito insular y ultraperiférico, Palma y Las Palmas de Gran Canaria igualan este último registro con 0,5 millones de habitantes cada una. El conjunto de estos datos confirma que la provincia de Almería se encuentra inmersa en un tablero demográfico de extremos, donde la estabilidad socioeconómica de los municipios del interior depende de corregir unos desequilibrios que tienden a concentrar los recursos y la población en la línea costera.

Radiografía del costraste almeriense

Los datos definitivos del padrón consolidan una brecha demográfica extrema con densidades que van desde los más de 1.800 vecinos por kilómetro cuadrado hasta localidades que no llegan a los diez habitantes

El análisis pormenorizado de la distribución demográfica arroja diferencias abismales entre los municipios costeros y los núcleos rurales del interior de la provincia de Almería. En la línea de playa y las zonas de agricultura intensiva, el crecimiento sostenido dibuja un escenario de alta concentración. El ejemplo más evidente de esta explosión demográfica se localiza en Roquetas de Mar, una localidad que se consolida como el segundo gran motor poblacional de la provincia con un registro de 111.240 habitantes, lo que se traduce en una densísima ocupación del territorio que alcanza los 1.864,88 habitantes por kilómetro cuadrado. Muy cerca en dinamismo económico y residencial se sitúa El Ejido, cuyo padrón contabiliza 91.440 habitantes repartidos en una superficie más extensa, arrojando una densidad de 402,8 habitantes por kilómetro cuadrado. La propia capital, Almería, encabeza el volumen total de población provincial con 205.468 habitantes, combinando funciones administrativas y marítimas que elevan su densidad media por encima de los 694 habitantes por kilómetro cuadrado. Incluso municipios con términos municipales eminentemente extensos y protegidos, como Níjar, consiguen sostener una comunidad notable de 33.319 habitantes, manteniendo una densidad de 55,4 habitantes por kilómetro cuadrado a pesar de la enorme extensión de su suelo agrícola y natural.

La realidad se transforma radicalmente al desplazar la mirada hacia las comarcas montañosas del interior, donde las cifras oficiales muestran comunidades reducidas al mínimo exponente y densidades críticas que se sitúan en niveles de riesgo de despoblación. El caso más agudo de toda la provincia se encuentra en Benitagla, un municipio que cuenta únicamente con 63 habitantes empadronados, lo que genera una densidad de población de apenas 9,86 habitantes por kilómetro cuadrado en sus poco más de seis kilómetros de término municipal. Esta situación de vacío se replica en localidades vecinas de la sierra, como Castro de Filabres, que resiste con 101 habitantes y registra una de las densidades más bajas del mapa provincial con solo 3,48 habitantes por kilómetro cuadrado debido a la amplitud de sus terrenos serranos. Con un comportamiento similar, Alcudia de Monteagud se sitúa en los 115 habitantes con una concentración de 7,33 habitantes por kilómetro cuadrado, mientras que Alsodux cierra este grupo de núcleos vulnerables con 126 habitantes y una densidad fijada en 6,27 habitantes por kilómetro cuadrado. Estos datos confirman la coexistencia de dos mundos completamente opuestos dentro de los límites provinciales, un desafío que marca la agenda social y económica del territorio.

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