El curso de verano titulado ‘Manifestaciones culturales en el Levante almeriense’ ha dado inicio y se desarrollará hasta el miércoles, formando parte de la XXVII edición del programa estival de la Universidad de Almería en Cuevas del Almanzora. Este evento es dirigido por Antonio Llaguno y Rafael Quirosa-Cheyrouze, quienes han continuado con el análisis de la identidad territorial de la comarca a través de diversos enfoques. En esta ocasión, el tema central es la cultura, considerada como un “motor de democratización”, según las palabras del propio Quirosa-Cheyrouze. Sin embargo, este año se presenta en un contexto sombrío debido a las devastadoras consecuencias del incendio que afectó a las localidades de Los Gallardos y Bédar.
A pesar de no haber un acto oficial de apertura, el alcalde de Cuevas del Almanzora, Antonio Fernández Liria, junto a los directores del curso, ofrecieron unas palabras de bienvenida a los participantes. El objetivo principal del curso es visibilizar diferentes aspectos de la vida cultural que se promueven desde diversas instancias, tanto públicas como privadas, en los municipios cercanos. Además, se busca resaltar cómo estas manifestaciones culturales pueden impulsar el desarrollo socioeconómico en entornos rurales. Ejemplos concretos incluyen el teatro aficionado en Vera y Los Gallardos, el panorama literario común, así como la recuperación del patrimonio en Cuevas del Almanzora.
Un enfoque hacia la identidad cultural
Antonio Llaguno enfatizó que se pretende abordar lo que otorga identidad al territorio donde se desarrolla esta cultura. Este enfoque no es nuevo; ha sido una constante en cada una de las cinco ediciones anteriores del curso. En esta oportunidad, se examinan “las manifestaciones culturales que emergen en estos pueblos”. Según Llaguno, esta identidad cultural convierte a la comarca en un referente dentro de Almería. Recordó que tras el inicio de la democracia hubo un renacer de instituciones previamente prohibidas y surgieron numerosos artistas y grupos teatrales que habían estado reprimidos durante años.
El impacto positivo de este renacer cultural aún perdura en los pueblos locales. Un aspecto destacado por Llaguno fue su ponencia sobre ‘La recuperación del patrimonio como señal de identidad cultural’, centrándose especialmente en Cuevas del Almanzora. Relató cómo este patrimonio había caído en el olvido y estaba deteriorado hasta que un grupo joven decidió restaurarlo y ponerlo al servicio de la comunidad, conectando así su pasado con su futuro.
Cultura como herramienta para avanzar
Rafael Quirosa-Cheyrouze expresó su pesar por los recientes incendios, calificándolos como una tragedia terrible. Sin embargo, subrayó la importancia de seguir adelante y aprender lecciones para prevenir futuros desastres. La cultura juega un papel crucial en este proceso; es una referencia obligada para continuar después del drama vivido. La elección de este tema para el curso radica en que la comarca tiene una rica trayectoria cultural que no siempre es conocida fuera y que abarca áreas como el teatro, la literatura y el asociacionismo.
Quirosa-Cheyrouze también destacó que reflexionar sobre estos temas es fundamental dentro del contexto más amplio del valor de la cultura en sociedades democráticas. Afirmó: “No se entiende la democracia sin cultura y no se entiende la cultura sin democracia”. Además, consideró que este es un momento propicio para dar voz a estas reflexiones acumuladas a lo largo de muchos años por personas comprometidas con su trabajo cultural.
La historia cultural como motor democrático
En su intervención, Quirosa-Cheyrouze argumentó sobre el valor histórico de la cultura en relación con la conquista democrática. A través de diversas expresiones artísticas como literatura o música, se ha luchado por recuperar valores democráticos incluso durante momentos difíciles como aquellos vividos bajo dictaduras. Mencionó ejemplos significativos como los cantautores españoles de los años 60 —Serrat, Labordeta o Raimon— así como obras literarias emblemáticas publicadas durante épocas oscuras.
A través de estos relatos históricos demuestra cómo la cultura ha sido un motor esencial para fomentar procesos democráticos, incluso cuando las libertades estaban restringidas. De esta manera, queda claro que las manifestaciones culturales no solo enriquecen a una comunidad sino que también son fundamentales para construir y mantener una sociedad democrática.