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Yo también soy de Ceuta

Yo también soy de Ceuta
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Por Angel Rodríguez Fernández
lunes 17 de agosto de 2026, 10:56h
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De Cartagena, de Almería, de Murcia, de Jumilla, andaluz y ahora, claro que sí, ceutí. Es mi nuevo empadronamiento sentimental. Por progresista, por españolista y en defensa de los derechos humanos, me uno a esta corriente espontánea que, en medio de las angustiosas naderías de las redes sociales, ha nacido para no dejar huérfana a una de nuestras hermanas del norte de África.
Una corriente que no nace de forma artificial del grupo de WhatsApp de un Consejo de Ministros, conectada con lo que se ha venido a llamar acertadamente la opinión sincronizada.
Ni mucho menos, sino del corazón libre de ciudadanos libres, más o menos acertados en sus apoyos, más o menos famosos, guapos o ilustrados. A todos les une su filiación con la desolada ciudad de Ceuta.
Ahora no recuerdo bien si era la Casa Melilla o la Casa Ceuta donde, por 1999, en mis primeros días de profesor interino en la ciudad, calmaba mi hambre y descubría la hermandad de Almería con estas ciudades del norte de África.
Una ciudad vinculada a España desde el siglo XV, integradora, donde el respeto constitucional a todas las religiones se hace vivo, se materializa en sus barrios y sus gentes, y que este verano han querido fracturar.
Herida que temo tardará en cicatrizar, ya que el abandono, no de España, pero sí de algunos de sus administradores, ha sido palmario. Aunque más tarde ha llegado la hiperventilación sobre su españolidad por parte de tres de sus ministros, la ministra de Defensa, la señora Robles, ha sabido y querido escuchar a sus gentes y ha reconocido en ellos tristeza y enfado, respuestas duras que todos hemos podido ver.
Siguen sin reconocer la complicidad de las autoridades marroquíes en la avalancha del 30 de julio y la situación de excepción de una ciudad sumida en el caos y el desorden provocado por más de 5000 inmigrantes ilegales, de los cuales solo se sabe que pasaron la frontera. Atrás queda el nivel cuatro de terrorismo y el cuidado que un país serio debe tener sobre quién entra.
Las dictaduras usan las miserias de su población y las convierten en falsas expectativas, lanzándolos como si fueran misiles sobre las fronteras vecinas: los marielitos, la Marcha Verde y este pulso continuo que los más atrevidos llaman guerra híbrida en la frontera con Ceuta y Melilla.
Ceuta y Melilla nunca han sido marroquíes; en cambio, sus gentes salen del país en dirección a estas ciudades en cuanto pueden, y pueden cuando el rey se lo permite, buscando una vida mejor. Aquí, en España, esa vida mejor va unida a una concepción claramente occidental: el respeto de los derechos humanos, la libertad religiosa y la Constitución son ideales por los que bien vale que me declare ceutí.