Si se sumara con adjetivos más gruesos era un fascista.
Más recientemente, con la muerte de Maricarmen, se hacen decretos, acampadas y se acusa a dirigentes políticos de haberla asesinado. No hubo pudor, solo cinismo.
El cinismo tiene las patas muy cortas y deja tierra quemada por donde va pasando, haciéndonos descreídos y evitando que volvamos a acercarnos con la misma ingenuidad. Me refiero a la defensa de la paz, del derecho a la vivienda, al feminismo... Por donde ha pasado, en lugar de dar con las primeras soluciones donde encontrarnos, han destrozado conciencias y construido muros para no mirarnos con decencia.
Me acuerdo de Mandela, que sería el antagonista del modelo cínico sanchista. Después de pasar media vida en la cárcel, separó a los partidarios violentos del Gobierno, entre ellos a su mujer, y se significó por la restitución y el perdón. Si alguien como Sánchez hubiera tomado las riendas, la Sudáfrica actual no sería la misma. Pero esa es otra historia de la que los asesores sanchistas no han visto rédito político.