Hay mañanas en las que lo que toca es verte un pleno, y aunque a mi me gustan, he de reconocer que en ocasiones no espero gran cosa de ellos, o espero que se líe parda en determinados puntos, no en otros.
Por ejemplo, el orden del día en este 20 de abril en el Ayuntamiento de El Ejido se prometía tan anodino como un manual de instrucciones de una tostadora: el sorteo de las mesas electorales para el próximo 17 de mayo y la protocolaria actualización de las cifras del padrón municipal, y alguna moción. Un trámite de café rápido. Sin embargo, el ambiente en el salón de plenos estaba más caliente que un invernadero en agosto por el evidente hartazgo de un Francisco Góngora que parece haber agotado su reserva de paciencia ante el espectáculo de variedades que Beatriz Sánchez y el grupo municipal de Vox despliegan en cada cita.
El alcalde, que suele manejar los tiempos con una calma casi funcionarial, estalló. Y lo hizo porque la política, a veces, se convierte en un bucle melancólico donde los datos son lo de menos y el ruido lo es todo. Empezó la fiesta con la población. Según los datos actualizados, El Ejido se mueve en sus cifras habituales de crecimiento, pero para la portavoz de Vox, el municipio "no crece". Lo curioso es la paradoja espacio-temporal en la que habita este grupo: si el padrón sube, se rasgan las vestiduras porque lo atribuye a la inmigración, dando eso por malo, como si fuese fruto del atractivo laboral de esta tierra, y del hecho de que no se puede obligar a la gente por ley a tener o no tener hijos; y si el crecimiento es lento, el problema es que el municipio agoniza.
Es la infalible técnica de la moneda de dos caras donde siempre pierden los mismos. Tal y como le recordó Francisco Góngora, parece que a la derecha de la derecha nada le encaja si no sirve para alimentar el apocalipsis cotidiano.
Pero el momento estelar llegó con la moción sobre las supuestas "vacaciones pagadas" de los inmigrantes en el Ejidohotel. El concepto tiene su aquel: llamar vacaciones a la situación de personas que han solicitado asilo huyendo de conflictos bélicos internacionales —amparadas por el Derecho Comunitario y la legislación del internacional— es de un cinismo que roza lo cruel. El alcalde fue tajante: ni son inmigrantes irregulares, ni están de crucero. Son solicitantes de asilo bajo protección internacional. Otra cosa es que el propio Francisco Góngora considere que un hotel en pleno centro no es el lugar idóneo para su estancia como ha dicho reiteradamente, pero de ahí a la manipulación sistemática de la realidad hay un trecho que Beatriz Sánchez cruza a diario sin despeinar su corte egipcio.
Lo más sangrante del debate fue la lección de competencias básicas que el primer edil tuvo que impartir, casi como si estuviera en una clase de primero de Derecho Constitucional. Vox viene a exigir en una moción que el Ayuntamiento poco menos que deporte, desaloje y firme acuerdos con terceros países, olvidando —o queriendo olvidar— que el alcalde de un municipio de la provincia de Almería tiene la misma potestad para deportar a alguien que para declarar la guerra a Australia. Esas son competencias exclusivas del Estado, gestionadas a través de los ministerios de Interior y Exterior. Mientras Vox se dedica a la literatura de ficción en sus mociones, el equipo de gobierno del Partido Popular le recordó que ellos ya han elevado cinco mociones formales pidiendo soluciones reales. Cinco contra una. Los datos, esos testarudos enemigos del populismo.
El trasfondo de todo esto, y así se deslizó en el pleno, no es la búsqueda de una inmigración de orden, sino un rechazo frontal que huele a racismo y a una islamofobia que ya ni se molestan en maquillar. Les molesta cómo rezan, qué comen y cómo se visten. Francisco Góngora fue directo al grano: si mañana desapareciera hasta el último inmigrante irregular de El Ejido, el número de ciudadanos musulmanes o de origen magrebí seguiría siendo altísimo, y seguirían teniendo las mismas costumbres de las que se quejan. La propuesta de Vox, lejos de solucionar nada, parece buscar el incendio social en un municipio que necesita agua, no gasolina.
Es agotador ver cómo esta formación no tiene más argumento que el de la inmigración, y lo usan en Extremadura, Castilla y León o Aragón, donde la inmigración es anecdótica pero la utilizan como espantapájaros electoral. Aquí, donde nos jugamos el pan con el sudor del campo, jugar con la convivencia es una temeridad catastrófica. Ya lo dice el refrán: cuando un tonto coge la linde, la linde se acaba y el tonto sigue. El problema es que, en este caso, la linde es la paz social de un municipio entero y el camino no parece tener fin.
Al finalizar el pleno, la pregunta que le hizo el alcalde a la portavoz de Vox tras la lectura de su moción, y que no fue otra que la petición de soluciones legales para estos problemas y que sean competencia municipal, no obtuvo ni una sola respuesta por parte de quienes prefieren el titular de TikTok a la gestión de la realidad.