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Dimisión de la totalitaria Celaa… o exilio

domingo 19 de enero de 2020, 10:58h

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Cuando no se tienen argumentos, cuando el nivel intelectual emula las temperaturas de la abulense Sierra de Gredos en enero, cuando la cultura que se maneja es exclusivamente la que se ‘mama’ en aquellos ámbitos a los que tan sólo se puede acceder con un carné de partido entre los dientes, surgen subproductos como la ministra Celaa, especialista en adentrarse en laberintos filosóficos en el que cada paso supone un mayor ridículo que el anterior.

Acompañada por la chiquiministra Montero, autora de la peripecia política del siglo al bloquear, a su llegada al gobierno central las cuentas de la comunidad andaluza en castigo por unos presupuestos desequilibrados que fueron los que hizo ella misma hace un año desde la propia Junta; y de la cajera con más ínfulas y mayor rendimiento a su delgado currículo y casi inexistente experiencia laboral, la señora Celaa se ha cubierto de gloria para entrar, a los sones de timbales y trompetas, en el libro de oro de las gilipolleces universales, con la frase: “No podemos pensar de ninguna manera que los hijos pertenecen a los padres. Hablamos de interés del menor, de los derechos constitucionales de los menores”.

Más allá de la estupidez profunda que encierra el aserto en sí, se trata de una muestra de la más peligrosa tendencia ideológica de este gobierno, aquello del absolutismo, el despotismo ilustrado de ‘todo para el pueblo, pero sin el pueblo’, elevado a la máxima potencial de la revolución bolchevique.

Haber nacido, crecido, vivido y desarrollado tu proyecto vital en un país en el que, de repente, llega una tipeja despreciable al gobierno para decirte que tus hijos no son tus hijos es, indudablemente, para hacer una reflexión seria sobre dónde quieres concluir el resto de esa vida. Porque hasta ahora, todo el mundo, el Estado, los ciudadanos, las instituciones, el poder Judicial que ahora acaba de asaltar el gobierno Sánchez/Iglesias y, en general, todo bicho viviente, coincidíamos, habíamos coincidido en que los niños son cosa de los padres, dentro de un lógico y evidente orden; es decir, que era de cajón de madera de pino que de la educación de los nuestros nos teníamos que encargar nosotros, a nuestra manera, con nuestras percepciones y posiciones ideológicas, aunque para ello debíamos someternos a las más básicas normas de convivencia y no penetrar nunca en el terreno de lo delictivo y contemplando en ese desarrollo una especial sensibilidad por tratarse de menores.

Ahora, esta sujeto inmunda y sin límites en su ambición filobolchevique, ha venido a decirnos que no, que los niños no son nuestros; y su explicación es que en su desarrollo debe primar su propio interés, no el nuestro.

¿Y a que no adivináis quién es quien debe delimitar, garantizar y procurar tal interés? ¡Exacto! Justo el mismo que lo hacía en la Rusia de Stalin, en la Italia de Mussolini, en la Alemania de Hitler o en la España de Azaña primero y de Franco después; el Estado; más concretamente el Estado anarco-comunista que ya están construyendo PSOE y Unidos Podemos. ¿Es o no es para pensarse lo del exilio? Porque la otra solución es la dimisión de este desecho humano; y eso, sin duda, está descartado.

Víctor Hernandez Bru

Periodista, director de EsRadio Almeria y Radio Marca Almería