Sí. Por fin se han acabado las navidades. Hora era. Estaba harto de polvorones, de roscos de anís, copas de menta en la tarde, brindis con cava por la noche, de entrar y no saber salir de la influencia, siempre mala, desaconsejable del bar de turno, de las salidas a horas nocturnas, con lo agustito que se estaba con la estufa o el brasero de picón cerca, ante el frío que hemos padecido estos días, y nos decían que el cambio climático no tenía solución, que los hielos se derretían en los polos, pues los míos duraban en el vaso, entre la ginebra y la pepsi, no sé cuantos cubatas. No me pregunten, no los fui contando, los cubatas, que quieren que les diga.
Por favor, no quiero más mantecaos, no me caben. Estoy de turrón, de Maritoñis y de fruta escarchada hasta los… Lo único que he conseguido vencer en estos días ha sido el roscón de reyes. No lo he catado. Me hice fuerte conmigo mismo y pasé de reyes y de roscones.
Llevo agarrao a la botella de agua como un poseso desde hace un par de horas, y la última visita al bar de ayer, seis de enero, aunque no se lo crean, estuvo bautizada, pero bautizada de verdad: Con agua. Entiendo que no se lo crean, ni los que estaban a mi alrededor se creían que estaba pidiendo agua.
¿Agua? ¿Vas a beber agua?
Sí, coño. Voy a beber agua. No es del avellano, pero…qué bien sienta.
Por ello les digo que por fin se ha acabado la navidad. Volveremos a la rutina de cada día, a las palabras de los políticos, a los hechos que nos quieran vender como nuevas panaceas para nuestras pobres y desaprovechadas vidas. A las tertulias de la tele, donde por el lado que las mires, comernos el coco quieren. Dice el político del Psoe que España va como una moto. Si nuestros cuerpos son esas motos, les aseguro que el mío está en estos días, gripao, pero gripao. Y no con esa gripe que nos anuncia el Sas. Saben por lo que pienso que estamos condenaos, porque mucho hacer promesas para cuando acabe la Navidad, pero antes de que acabara ya estábamos hablando del jueves lardero y la fiesta gastronómica a celebrar, del carnaval y de sus noches, haciendo planes anda el personal para ir a Águilas, de las migas del 28 de febrero y de esas noches de Semana Santa, copa en la mano, viendo pasar El Cristo del Perdón.
No tenemos solución en esta tierra. Entiendo cuando nos dicen los del norte que somos muy festeros. Lo reconozco, nos gusta la vida, la buena, y hasta la mala nos atrae, no tanto, es cierto, pero la provechamos a tope. Siento que a ellos no les guste, o no les siente bien, pero es lo que hay. A por el jueves lardero, hay que lardear unas cuantas horas, que después llega la cuaresma con sus potajes de bacalao.
Dejar constancia de que una de las noches más entrañable de estos días de Navidad fue aquella en la que cantamos junto a Miguel Ángel Gil, En el Parrica de su Alhabia del alma, las siempre eternas canciones de Sabina. A esas noches hay que seguir apuntándose.