El Rey de reyes, emperador del expansivo imperio exigía a los estados y ciudades dónde ponía su aspiración de poder,
la tierra y el agua. El actual, más moderno, pide lo que está bajo la tierra y el agua, y lo rodeado por ella, siempre y cuando sea rico en petróleo, oro y otros metales preciosos y tierras raras; que los coches, ordenadores y teléfonos móviles consumen mucho de esos materiales. ¿Es esa la única diferencia entre dos imperios separados por más de dos mil años? Los aqueménidas, como eran unos antiguos, conquistaban los antojos del Shah para engrandecer su imperio. Poseer la tierra y el agua que la rodeaba le permitía recrecer el inmenso tesoro real y seguir costeando los altos gastos de tan vasto territorio. Pero debía ser “un tío raro”, porque respetaba las costumbres, idioma, folklore, la cultura de cada espacio físico integrado en aquel amplio espacio geográfico.
Entonces no había más ley que la impuesta por el más fuerte. Hoy somos más civilizados (?). No: más sofisticados. La cultura es un peligro en tanto identifica a los pueblos y por más tiempo que pase su identidad le permitirá seguir considerándose tierra conquistada. Hoy al imperialismo le conviene eliminar identidades; luego precisa despojar la tierra de sus habitantes. Pero hay más coincidencias: antes no precisaban saltarse leyes, acuerdos y tratados internacionales, porque no habían, pero igual no, más aún que entonces, se devasta, se destruye, se aniquila y se exilia a millones de personas para construir una urbanización turística muy rentable para sus promotores. O para hacerse con el petróleo y esas tierras más valiosas que raras.
Elizabeth Dickinson, subdirectora del International Crisis Group, advirtió que las definiciones políticas “distan mucho de la realidad, pues no requieren pruebas en los tribunales”. La ley entonces sólo es respetada por la rectitud o no de un juez y un poco en menor medida por la habilidad del abogado. La evaluación de la amenaza de las drogas por la DEA y el Informe Mundial sobre drogas de la ONU, han demostrado la inexistencia del “Cártel de los Soles”. El primer revés para Trump y su política expansionista ha sido eliminar de la denuncia contra Maduro ser “presidente” de un cártel inexistente. No obstante han mantenido el cargo como “conspiración por narcotráfico” al situarlo en supuesta complicidad con Tren de Aragua; una conexión rechazada por analistas como Jeremy Mc Dermont, de la Insight Crime, quien la rebaja a “débil reflejo de retórica política”.
Además, la baza real con que está jugando el abogado de Maduro es la ilegalidad del secuestro, pues ningún país tiene jurisdicción en ningún otro. Al final Trump y su equipo tendrán que enfrentarse a la decisión que, si los jueces neoyorkinos no son tan “decididos” como los de la Sala segunda del Supremo, estarán obligados a declararlo inocente. Si Trump decidiera continuar, si la razón de la fuerza sigue oponiéndose a la fuerza de la razón, el presunto fraude en las elecciones seguirá sin ser motivo para que ninguna potencia se dedique a “poner orden” en otro país. Ya deberíamos estar escarmentados de las más de cincuenta invasiones para “devolver la democracia” o para descubrir “armas de destrucción masiva”. Porque tener pistolas, fusiles o metralletas, permitido a todos en Estados Unidos, no es ni puede ser delito en la presidencia ni en el ejército de otro país.
Si optara por la invasión tras un posible veredicto de los jueces, positivo a la razón, tendría que enfrentarse antes que nada a la oposición interna de los demócratas, de buena parte de los republicanos y del pueblo, cuyos miles de manifestantes, quizá millones en casi cien ciudades, ya han hablado. Y los féretros de vuelta los harán gritar.
No obstante Corina lo está viendo claro y hasta dispuesta a cederle el Nóbel, a ver si le cae aunque sea una concejalía en algún pueblito en la imposible administración de Marco Rubio. Sólo una lección no ha aprendido la Machado, no le interesa: si no tiene suficiente atractivo, si no tiene seguidores en el país, ¿Cómo pudo ganar unas elecciones, según defiende con su amigo Edmundo? ¿Cuándo mintió Trump? ¿Entonces, ahora o en ambas ocasiones? Si el jurado es consciente de la invalidez de los cargos, a Trump sólo le queda la opción militar. ¿Y después? Los pueblos están hablando, pero los gobiernos parecen tener miedo. Si el mundo calla estará legitimando la burla a las leyes. USA demostrará ser un peligro para el mundo; todos corremos peligro, los traidores que piden una intervención en su país los primeros, porque todos podremos ser víctimas de la ilegalidad.