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Medio siglo del asesinato de Javier Verdejo

Medio siglo del asesinato de Javier Verdejo

Hijo de un excalcalde franquista que no hizo nada para que los criminales pagaran su delito

jueves 13 de agosto de 2026, 05:00h
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Este 2026 marca el medio siglo desde la trágica muerte de Francisco Javier Verdejo Lucas, un joven de 19 años que fue asesinado mientras realizaba una pintada en la calle San Miguel, en el barrio del Zapillo de Almería. Este suceso, ocurrido en la madrugada del 13 al 14 de agosto de 1976, sigue siendo uno de los episodios más oscuros y dolorosos de la Transición española en la provincia de Almería, simbolizando la represión y violencia policial en un momento de gran incertidumbre política y social en España.

Francisco Javier Verdejo era hijo de un ex alcalde de Almería y provenía de una familia conservadora, conocida y respetada en la capital. Sin embargo, a pesar de sus orígenes, militaba en la Joven Guardia Roja, la rama juvenil del Partido del Trabajo de España, un partido de izquierda. Además, era delegado de curso de primero de Biológicas en la Universidad de Granada. La pintada que estaba realizando aquella noche, con pintura roja, contenía un mensaje inacabado: "Pan, T", que hacía referencia a "Trabajo y libertad", un lema que reflejaba las aspiraciones de justicia social y libertad de su generación.

La madrugada en que ocurrió el suceso, Javier Verdejo estaba acompañado por tres compañeros que vigilaban el estrecho callejón mientras él pintaba el muro. La tranquilidad se rompió cuando dos agentes de la Guardia Civil, que patrullaban la zona como parte de la vigilancia de costas, aparecieron en el lugar. Los cuatro jóvenes huyeron en distintas direcciones; Javier corrió hacia la playa, donde fue alcanzado por un disparo de subfusil en la garganta cerca de unas casetas de baño próximas a la orilla, cayendo mortalmente herido.

Contexto político y social en la España de 1976

La muerte de Javier Verdejo tuvo lugar en un momento especialmente complejo para España. El dictador Francisco Franco había fallecido apenas unos meses antes, en noviembre de 1975, y el país comenzaba una transición incierta hacia la democracia. La situación sociopolítica era tensa y confusa para muchos, con una sociedad dividida entre quienes buscaban cambios profundos y quienes temían la inestabilidad. Las fuerzas de seguridad mantenían una actitud represiva ante cualquier expresión de disidencia política, especialmente hacia grupos de izquierda y movimientos juveniles.

En este contexto, el entonces gobernador civil de Almería, Roberto García Calvo, quien ocupó el cargo entre abril de 1976 y marzo de 1977, fue la máxima autoridad que dio la versión oficial del suceso. Según su relato, el disparo que mató a Javier fue un accidente: un agente de la Guardia Civil tropezó durante la persecución y se le disparó el arma, alcanzando al joven en la garganta. Esta explicación fue ampliamente rechazada por la militancia de izquierda y por testigos, que consideraron el hecho un asesinato alevoso y premeditado.

La versión oficial también afirmó que los jóvenes no obedecieron la voz de alto de los agentes y que el disparo se produjo accidentalmente durante la persecución. Sin embargo, la falta de una investigación exhaustiva y la represión posterior, que incluyó la detención de diez personas, entre ellas un periodista y cuatro menores de edad, generaron una gran indignación en la sociedad almeriense y en los círculos políticos de izquierda.

Reacciones inmediatas y represión

Tras el suceso, el gobernador civil Roberto García Calvo no dudó en amenazar con el uso de la fuerza para controlar las protestas que comenzaron a surgir en Almería. La muerte de Javier Verdejo provocó una oleada de indignación y rabia entre la población, que se manifestó el día del entierro del joven. Miles de personas se congregaron en la Plaza de San Pedro, mostrando su rechazo a la violencia policial y su solidaridad con la familia y amigos de Javier.

En ese mismo lugar, un grupo de jóvenes idealistas se reunió para soñar con una democracia y un mundo diferente, marcados por la tragedia y la represión que vivían. La plaza se convirtió en un símbolo de resistencia y esperanza para quienes luchaban por los derechos civiles y políticos en la España de la Transición.

Investigaciones y controversias

El Partido del Trabajo, al que pertenecía Javier Verdejo, denunció irregularidades en el proceso judicial y policial. Su abogado, Ernesto Ruiz, sirvió de enlace con los medios de comunicación y aseguró que el levantamiento del cadáver en la playa se hizo en presencia de un juez. Sin embargo, un detalle llamó la atención del partido: el hallazgo de restos de sangre en una caseta de baño cercana al lugar del disparo.

El partido tomó una muestra de esa sangre y la envió a un laboratorio en Madrid para su análisis, a través de un notario, con el fin de corroborar si pertenecía a Javier Verdejo. Nunca se conocieron los resultados de este análisis, ya que las diligencias se cerraron supuestamente por falta de denuncia de la familia. Esta falta de transparencia y la ausencia de una investigación oficial profunda alimentaron las sospechas de encubrimiento y falta de justicia.

Finalmente, el juzgado militar zanjó el caso sin esclarecer los hechos, dejando un vacío legal y moral que persiste hasta hoy. El agente responsable, que había abandonado la Guardia Civil, vivió sus últimos años en la barriada del Alquián, sin que se haya conocido públicamente alguna sanción o proceso judicial en su contra.

El legado y la memoria histórica

La pintada que Javier Verdejo estaba realizando, que contenía el mensaje "Pan, T" (Trabajo y libertad), desapareció con el tiempo, al igual que la terraza de verano que existía en la calle San Miguel. Sin embargo, la memoria de aquel suceso sigue viva en la sociedad almeriense y en los círculos de izquierda que recuerdan a Javier como un símbolo de la lucha por la democracia y los derechos sociales.

Este medio siglo desde la muerte de Javier Verdejo invita a reflexionar sobre los episodios de violencia y represión que marcaron la Transición española, así como sobre la importancia de preservar la memoria histórica para evitar que tragedias similares se repitan. La historia de Javier Verdejo es un recordatorio de los sacrificios y riesgos que enfrentaron los jóvenes idealistas en la búsqueda de un país más justo y libre.

Además, el caso pone en evidencia las tensiones entre las fuerzas de seguridad y los movimientos sociales en un periodo de cambio político, así como las dificultades para lograr justicia en contextos de represión y falta de transparencia institucional. La impunidad que rodeó la muerte de Javier Verdejo sigue siendo un tema pendiente en la memoria colectiva de Almería y de España.

En definitiva, la historia de Javier Verdejo no solo es un capítulo doloroso de la Transición, sino también un símbolo de la lucha por la libertad y la democracia que muchos jóvenes emprendieron en aquellos años convulsos. Su recuerdo sigue vivo como un llamado a la justicia, a la verdad y a la defensa de los derechos humanos.

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