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Orgulloso de ser condenado
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Orgulloso de ser condenado

Por Angel Rodríguez Fernández
viernes 17 de julio de 2026, 09:03h
Actualizado el: 17/07/2026 09:37h
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Eliminada la disidencia interna, señalados y desarticulados los disidentes, el búnker puede empezar a establecer normas cada vez más estrafalarias, con la esperanza de que alguna de ellas revierta el estado de cosas. Ya que no se hicieron los deberes, ya que se cometieron barrabasadas, no hay tiempo para exquisiteces: a pijo sacao —que para eso estoy en Murcia—, el sanchismo intenta dejar caer a la sociedad por el último precipicio.
El eslogan debiera ser «Orgulloso de ser condenado», como si estuvieran bajo el Tribunal de Orden Público franquista. Sacan pecho y anuncian nuevas condenas no con vergüenza, sino con orgullo. Oiga, que el fiscal fue condenado por revelar datos personales; oiga, que el hermanísimo fue condenado por participar en un delito de prevaricación. Eso es lawfare, pero si el abogado dice que no lo hay, sabrá él, fascista. Si la Audiencia confirma el envío a juicio en dos de los cuatro delitos que instruyó el juez Peinado, Peinado es otro fascista. ¿Qué sería del antifascismo sin el juez Peinado?
Si no puedes defenderte, tira por alto todo el sistema judicial. Da igual si los cascotes nos caen encima a todos; da lo mismo si eso significa poner patas arriba la credibilidad del sistema. Embarra, que algo queda, que decía la mala bestia de Goebbels.
En mis días de profe visitante en El Acebuche recuerdo dos curiosidades. Una, harta conocida: allí no hay culpables, sino errores judiciales. Y otra resultó de un día en el que, en el pasillo, fuera del chabolo (celda con barrotes en las puertas), había demasiado ruido y un interno me sugirió cerrar la puerta (de barrotes) para, supuestamente, evitar el ruido. Le sonreí y contesté que no, que mejor abierta, que ya había atravesado demasiadas puertas cerradas tras de mí.
Pues sí, gente muy educada, los presos. Es más, no me he sentido más respetado en ningún otro lugar durante mis clases que en aquellas horas, en esas celdas habilitadas como aulas. Pero a la sociedad no se nos ocurre poner en solfa al sistema judicial por «esos errores» que ellos tan vehementemente me explicaban.
En cambio, este grito unísono de un partido sumido en el sanchismo, el partido y sus simpatizantes, puede tener consecuencias funestas. Consecuencias que al gran timador —no confundan con el Gran Timonel, aquel dictador asiático que tanto gustaba de llevarse a su cama señoritas vírgenes—, hermano del condenado, nada le importan. Poco ha pensado en el futuro de su partido, el futuro de la izquierda, el futuro de la socialdemocracia; le importa el presente y, más concretamente, el presente de su augusto trasero.
En una sexta marcha del sanchi-trumpismo ya no se trata de negar, sino de acusar a la Justicia, así, en general, de favorecer a la derecha frente a los supuestamente derechos conculcados de los partidos de izquierdas. Da lo mismo que sea la misma justicia que condenó al PP a título lucrativo en la Gürtel, y que en muchos casos sean incluso los mismos jueces.
Para ello, una lista de fechorías no juzgadas, de juicios eternizados o de garantías pasadas por alto. Cuando se baja a la realidad, los encontronazos son cada vez más continuos y explosivos. Ayer mismo tuve ocasión de comprobarlo en varias ocasiones.
La primera fue en Antena 3: Toni Bolaño con la señora Elisa Beni. Él utilizó la palabra «mierda» refiriéndose a la Justicia; ella, intentando llevar el debate a lugares más elevados, solo consiguió que él la llamara tonta. Acto seguido recogió sus bártulos y se largó.
La otra ocasión fue en laSexta. La presentadora Inés G. Caballo entrevistaba a Javier Pérez Royo, profesor de Derecho Constitucional, cuyas opiniones suelen coincidir con las del Gobierno. Este soltaba su speech sobre sentencias incomprensibles de unos jueces en manos de un sindicato de ultraderecha. Es cuando Inés le recuerda que, si bien Manos Limpias actúa en 2024, ya había habido una denuncia política de Podemos Extremadura. Es entonces cuando, al grito de «¡Mentira!» y «¡Bulo!», Pérez Royo se descompone. Inés, sin bajarse de sus trece, retoma la entrevista e intenta calmar al señor Pérez Royo con una pregunta sobre el Mundial.
Eso, que veo mucho Mundial- ¡Vamos España !- mucho cine y muy poca televisión
Y en esas estamos: un discurso suicida, en cuanto a sociedad, del que no se separan ni un milímetro, ya sea tu propia madre la que intente reconducirte. El fascismo internacional se ha hecho cargo de la judicatura y la pobre Begoña y el pobre David solo son víctimas de este monstruo, simplemente por ser seres queridos de nuestro Gran Timonel, Pedro Sánchez, ahora sí.
Se descuadran organizaciones, se fractura la sociedad y todo por el bien particular de una panda de sinvergüenzas. La socialdemocracia y el Estado de derecho son las víctimas propiciatorias de una ciudadanía que observa cómo sus líderes apuntan a todo menos a lo que es más evidente.
Como no se va a dimitir, todos a dramatizar, a sentir en la piel propia el calvario de los condenados. Que el traslado desde Ferraz hasta el Gólgota de esa cruz, no de madera, sino hecha de nepotismo, mentira y corrupción, no sea un vía crucis, sino la fiesta de la hermandad de los que aún persisten en mirar hacia otro lado.